Opinión

Fecha: Viernes, 6 Abril, 2018 - 00:00

El capitalismo no es una ciencia

El título nos obliga a afirmar que podemos cambiarlo. A lo sumo una forma que fue aplicando el hombre que, gradualmente, lo fue llevando a su desintegración o posible extinción.
Días atrás murió el físico-matemático más prestigioso que tuvo la ciencia. Stephen Hawking continuó la obra iniciada por Albert Einstein y dedico sus estudios al análisis de los agujeros negros, que contienen energía y que pueden desaparecer.
En mi caso, dediqué gran parte de mi extensa vida a la interpretación y cambio de los agujeros negros económicos y políticos de mi país.
Creados por el hombre, no sabemos a nivel ciencia, si existe en el infinito universo otro planeta en que haya vida como la tenemos en la tierra.
Lo que sí sabemos es el daño que infligimos a la naturaleza, hecha por el hombre, y si ésta sobrevivirá en el tiempo.
Es una pena ver devorarse a sí mismo al hombre, destruimos la naturaleza y a nosotros mismos.
Trump, presidente de Estados Unidos, ha dicho que para imponer su verdad utilizará la guerra.
La Paz de Trump se logra con la guerra, nos promete la paz de los sepulcros.
En Irak, Libia, Siria, Afganistán, Yemen, Ucrania… ¿Cuántos niños mueren por día para que reine la paz de Trump?
Destruimos nuestra propia casa, como planeta con vida no sabemos a cuantos millones de años luz está nuestro vecino más próximo.
El capitalismo como forma equivocada de vida logró vaciar de contenido al cerebro de los pueblos (digamos gran parte de la humanidad), en el desigual mundo en que vivimos pareciera que China ha encontrado formas que superan al capitalismo.
No nos preguntamos cómo lo hicieron sino cómo destruirlos. Le hacen imposible la vida a Rusia (que ya no es comunista), en cambio China sí lo es. 
Como factor ideológico, ¿qué beneficios obtendrían los pueblos? ¿Porque Estados Unidos quiere imponerle a Rusia sus productos “Made In Usa”?
China dejó de ser un pozo negro, y puede contribuir a sacar al hombre del pozo negro en que caímos como hombres inconclusos, pues aún no somos humanos.
Esa criatura “bípeda implume” dotada de inteligencia terminó desvirtuándose a sí misma, no logró llegar a la categoría de humana.
Muchos me lo podrán reprochar, y eso no es malo: estamos ante el despertar de un mundo nuevo y de un hombre nuevo.
Antes que el marxismo nos hiciera ver las bondades del comunismo, hubo quienes estudiaron la “función social” del trabajo (Helvetius, creo que Proudhon, Saint Simon y otros), esa función social no llegó a su término como creación humana, Se lo impidió el capitalismo al interponerse entre la función social y la distribución social.
Eso puede enmendarse si los 200 gobiernos titiriteros de Trump y las ínfulas que aún mantiene el capitalismo decadente de Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Italia, Japón y los que faltan para completar los 200 gobiernos burgueses capitalistas convertidos en cárceles de pueblos.
Podemos cambiar al mundo y al hombre, no conozco otro que al hombre dotado de inteligencia humanoide.

Autor: Por Aron Berstein