NIÑEZ Interés general

Fecha: Miércoles, 2 Septiembre, 2020 - 00:00

Desigualdades y silencios

Conductas regresivas, ansiedad y angustia son algunas de las reacciones de niñas y niños frente a la situación de pandemia.

“En un primer momento lo entendieron como un período sin ir a clase, sin tareas, una continuación de las vacaciones pero con el tiempo fueron percibiendo que era esto del aislamiento y fueron generando distintas reacciones”, aporta la licenciada Alba Picardi, presidenta del Colegio de Psicólogos de Buenos Aires Distrito I e integrante del Consejo Local de Niñas, Niños y Adolescentes.
La especialista explica que la realidad depende de cada familia y contexto en el que se encuentra cada menor, las medidas de aislamiento social se vivieron de forma diferente al universo de personas adultas.
En líneas generales, las reacciones son las esperables ante una situación de crisis. Las conductas que surgieron están relacionadas con la angustia, la ansiedad, pérdida de autonomía, conductas regresivas, caprichos, cambios en el sueño, enojos, entre otros estados.
También asegura que quienes se han visto más afectados fueron aquellos pequeños y pequeñas que no han tenido acceso a la conectividad. Lo social repercute muchísimo en el crecimiento de los niños, porque se da en contacto con otra persona y en los ámbitos de pertenencia como la familia, el jardín, la escuela, los amigos. “Mantener un distanciamiento social tiene que ver con lo presencial y corporal pero esto no tiene por qué cortar el lazo. Si bien no es lo mismo para un niño sostener una actividad de juego con otros niños en el recreo o patio del jardín, puede sostenerse el lazo y el vínculo a través de otras alternativas como son las tecnologías. Por eso, lo que más preocupa es la falta de acceso a la conectividad y recursos para seguir sosteniendo ese lazo social. El aislamiento no es un ámbito donde un niño se desarrolle habitualmente. y los más perjudicados fueron los que no tienen los elementos para sostener el contacto de forma remota”.

Educación y compañía
Esta situación visibiliza ciertas desigualdades preexistentes a la pandemia. La psicóloga analiza que el foco no está en el desarrollo cognitivo o de los programas sino en la educación como un espacio facilitador de procesos para la niñez. “Los docentes han hecho unos esfuerzos increíbles utilizando todo tipo de recursos para llegar a los alumnos, sobre todo a aquellos que no tenían acceso. Ha sido agotador para los papás. Percibimos cierto cansancio para llevar adelante algunas de las propuestas que se han brindado desde la escuela. Con el tiempo los docentes mismos fueron relajando a la familia y haciéndoles entender que había cuestiones que debían adaptarse a cada contexto familiar y esto fue importante porque al principio había preocupación de llegar cumplir las tareas y que los chicos entendieran los temas.”
Niñas y niños cuentan con gran plasticidad en sus conductas y se adaptan fácilmente a incorporar los hábitos del barbijo, saludo con codos, el lavado de manos, siempre que la persona adulta sea consecuente.
En cuanto a la exposición a las pantallas, recomienda el acompañamiento y constante atención a los contactos que se comunican con hijas e hijos, como así también es necesaria la regulación de los tiempos de conexión.
“Si se puede poner en palabras y pensar y sentir junto con el niño, todos estos signos van a ir pasando y se van a ir atenuando. Cuando podamos retomar a una nueva normalidad esto va a ir siendo parte de un crecimiento de todos”, asegura. La profesional recuerda que la pandemia ha afectado a todas las personas y edades. Afirma que la mejor manera de procesar la situación es tratar de hablar con los y las menores, contarles lo que pasa y cuáles son los estados anímicos compartidos.

Autor: Redacción EcoDias