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La tragedia inacabable

Transcurridos seis meses del terrible terremoto que sacudió Haití, los supervivientes continúan viviendo en condiciones lamentables, y persisten las carencias en alimentación, sanidad y educación. Más de un millón de personas, incluyendo niños y ancianos siguen viviendo en improvisados refugios construidos con palos, plásticos, chapas y maderas. Carecen de sanidad, escasea la comida y la seguridad depende prácticamente de los propios refugiados, ya que no existen organismos con capacidad para realizar esas tareas.
El director del Servicio Jesuita a Refugiados en Haití, Wismith Lazard, afirmó que es urgente dar pasos concretos para cubrir las necesidades de protección, seguridad alimentaria, educación, y saneamientos en los grupos de población más vulnerables, que son casi todos los que viven en campamentos no oficiales. Los gobiernos de países desarrollados que en su día comprometieron fondos de ayuda, no han cumplido en general su compromiso, ya que apenas han liberado pequeñas sumas y se han desentendido de la preocupante situación que atraviesan los haitianos.
Hay campamentos que albergan a miles de personas y no tienen escuelas ni electricidad, el saneamiento es precario, y parte del agua que se bebe no es potable, porque la disponibilidad no cubre las necesidades. En Automeca, un campamento de once mil refugiados, el Programa Mundial de Alimentos de la ONU dejó de distribuir productos alimentarios en marzo pasado. Dentro de los campamentos, el hambre ha empujado a las jóvenes a prostituirse por una comida caliente, y la cifra de casos de violencia sexual y de robos sigue en aumento. No se respetan los derechos fundamentales de las poblaciones desplazadas, principalmente los de los grupos más vulnerables, que no pueden acceder ni a los servicios educativos ni a la atención sanitaria.
En la reciente Asamblea General de la Comunidad Caribeña (CARICOM), el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, dijo que “las promesas no alimentarán a los haitianos y los compromisos incumplidos no darán casas a quienes las necesitan”. Las organizaciones de solidaridad que en muchos casos ya se hallaban radicadas en Haití antes del terremoto, hacen lo que pueden para paliar la gravísima situación, pero en muchos casos carecen de los recursos y los medios necesarios para que su tarea sea realmente efectiva.
Personas que han trabajado en apoyo de campamentos de refugiados en África o en otras zonas de guerra o de catástrofe en el mundo afirman que nunca habían visto una situación tan desastrosa como la que existe en Haití a seis meses del terremoto.

Por Carlos Iaquinandi, Agencia SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa. www.serpal.info

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2010-07-18 00:00:00
Etiquetas: Internacionales.
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