Filosofía con niños Educación

Fecha: Lunes, 27 Mayo, 2013 - 10:21

Pensando pensaste

Las profesoras Laura Morales y María José Montenegro participan del proyecto “Filosofía con niños y adolescentes”, un proyecto que innova en las capacidades de reflexionar y problematizar las cuestiones cotidianas y sociales junto a los más pequeños.

A la hora de hablar una palabra puede marcar diferencias sustanciales, “filosofía con niños” es el preferido. “Es una cuestión metodológica y teórica, se apuesta a que no hay algo cerrado, sino que cada uno tiene que hacer su propia experiencia y sus propios materiales”, dice Laura Morales. “El docente también puede filosofar, no es el dador de filosofía, es con y en la ronda con los niños”, agrega María José Montenegro. El docente incentiva y aporta su perspectiva, sin dejar de lado otros puntos de vista.
El proyecto de extensión de la Universidad Nacional del Sur y del Departamento de Humanidades, se suma con un voluntariado. Las capacitaciones, movilidades, materiales se subvencionan. “Como grupo intentamos crecer como un motor colectivo. Somos una red institucional, integrado por jardines de infantes, escuelas primarias públicas y privadas y algunas secundarias, donde los integrantes del proyecto hacemos la práctica junto a las maestras, profesoras y gente del equipo de orientación escolar. Somos acompañantes desde la práctica y la lectura para coordinar un contacto con los chicos”, suma Montenegro. “Es un espacio que junta distintos estamentos y jurisdicciones”, agrega Morales.

Trabajo en escuelas
La pertenencia de ambas docentes y demás integrantes a diversos establecimientos escolares suma a las experiencias que se incentiva en la red. “Independiente del contenido o para reforzarlo, desde distintas disciplinas, la tenemos como forma de trabajo con nuestros propias alumnas y alumnos, estén o no dentro de la red”.
En general, la Filosofía puede abordar diferentes focos. “La crisis de los valores es un conflicto recurrente. Se promueve la confrontación de ideas, el diálogo, pero no son espacios de resolución de conflictos o adoctrinamiento, sí son cuestionamientos entre otras cosas de cuestiones morales. Ante una sociedad resquebrajada, un mundo adulto tan lábil, sí se puede pensar en este espacio como una posibilidad para saldar estos problemas, aunque es un tema discutible y discutido con el grupo de docentes”.
“Se rompe con el discurso políticamente correcto. La cuestión, por ejemplo, no es discutir qué es ser buen compañero, sino más bien, por qué es tan difícil serlo. Se busca cuestionar discurso y acción. No se inculcan valores sino se matiza, por qué todo tiene que servir”.
En estos lugares hay preguntas, también, respuestas que vienen de la comunidad filosófica, que abre a otras preguntas. “La evaluación es compleja, tiene que ver con cómo se desarrolló la discusión”. Es increíble escuchar que las respuestas que se dan están vinculadas a la incomodidad, a movernos hacia otro sitio desconocido. “Nosotras cambiamos nuestros puntos de vista al final de esa experiencia, no nos sentimos igual y tampoco nosotros nos transformamos de la misma forma”.
Lo cierto de la ronda es la incertidumbre. “Es un juego que nos deja en claro que va a pasar. Una elige el disparador pero no sé para dónde puede ir la indagación.” El cuestionamiento dirige al docente a un lugar incómodo, más allá de la reproducción cultural. “Se propone un espacio entre la repetición y la novedad, trabajamos en ese momento y también con las docentes en la red”.

Contextos
“Terminamos siendo outsider”, se ríe Montenegro. Resignificar la filosofía filosofante, es la que se va haciendo, la experiencia y la transformación son parte de ella. Asimismo, está situada en un contexto geográfico, que abreva en la filosofía latinoamericana. “Es un contrasentido pensar que la Filosofía se hace en Europa o solamente en las universidades. No es así, desestructurados con este hueco en las escuelas”.
En el siglo XX se ha pensado en problemas que nos han atravesado: las grandes matanzas, las guerras mundiales, el destino, la existencia, el devenir, el cuestionamiento a las instituciones, a la cultura. “Filosofía es encontrarle la quinta pata al gato me dijeron una vez”, cuenta Morales.
En Biblioteca Rivadavia se realiza una vez por mes la jornada. Se trabaja con un grupo convocado al azar. “Utilizamos un texto o disparador que nos moviliza a pensar y a partir de eso, se los invita a hacerse preguntas frente a esa situación presentada. Escritas o reflexionadas, no necesariamente una palabra, puede ser una frase. Quien tiene ganas la presenta y desde allí elegimos un tema. Además, le damos un objeto para habilitar la palabra. Se piensa entre todos, rescatar el ejemplo o dar un contraejemplo para llegar a la generalización, retomando lo que otro dijo. Acuerdos o desacuerdos, aclaraciones o discusiones, agregados, desde lo corporal y lo formal es necesario correrse del lugar de referente. La participación es compleja y difícil de describir en la ronda de niños”. Al final, se realiza la evaluación, que es del proceso y no de los resultados. “Sí, pasa por si se sintieron diferentes o lograron una nueva reflexión, algo que no habían pensado antes. Buscamos la fundamentación de esta posición”.
El proyecto incentiva y potencia la posibilidad de palabra, su habilitación en la participación de los chicos y el rol del coordinador como un regulador de la escucha y el cierre. “Cambiamos y hacemos un corrimiento, que hace posible el conocimiento del otro e incluso, del vínculo. También, apuntamos a la apreciación fundamentada, corriéndonos de la verdad, a romper con esa representación”. Dar validez a las opiniones personales para la formación y cuestionamiento de la realidad, “sin desconocer las fuerzas de poder, las diferencias, los posicionamientos”.

Autor: Redacción EcoDias