PARA VER Y CONSIDERAR Cine

Fecha: Martes, 23 Enero, 2018 - 00:00

El Balance

Un repaso a la pantalla grande del año que se fue, mirando hacia la del recién comenzado 2018.

Todavía hay instituciones culturales o con extensión cultural que exhiben cine independiente o ciclos especiales -en su mayor parte gratuitos-, pero el reflejo de lo que sucede en la actividad cinematográfica a nivel mundial, nacional y local lo dan los estrenos en las salas comerciales y allí apunta este breve balance.
Hecha la aclaración, los cinco títulos más vistos en el país durante 2017 fueron: Mi villano favorito 3 -3.800.000 entradas vendidas-; Rápido y furioso 8 -2.700.000-, La bella y la bestia -2.000.000-; It/Eso -1.800.000- y Mamá se fue de viaje -1.600.000-, que salvo It fueron estrenados en la primera mitad del año.
Cuatro tanques de Hollywood -material probado, ya que son dos secuelas y dos remakes-, más una comedia familiar argentina que no proponía nada demasiado original, pero tampoco se trataba de un refrito.
Y si comparamos este quinteto con el de 2016 veríamos la misma tendencia: tanques, secuelas, animaciones y la “comedia colada” de producción local.
Respecto a los estrenos en la ciudad, en 2017 fueron unos treinta menos que en años previos y los mejores meses de exhibición fueron abril por los primeros fríos y el arrastre de la temporada de premios en el hemisferio norte junto con julio, agosto y septiembre -la usual temporada alta- y el peor noviembre, donde casi nada se sostenía en cartel.
La procedencia de la mayoría sigue siendo estadounidense con un 61% del total, porcentaje engañoso porque en buena parte del 19% que redondearon las coproducciones intervino “la gran industria”, una cifra que viene creciendo año a año.
El 9% fueron producciones argentinas que en contexto no es nada despreciable; de España llegó el 4%; sorprendió Canadá con un 2% -mayormente largometrajes animados- y el 5% restante fueron títulos de aquí o allá en los que salvo en coproducciones no aparecen países latinoamericanos.
La tendencia en los géneros es interesante porque las productoras suelen retroalimentarse de ellas para temporadas futuras y por ejemplo: un éxito con vampiros garantiza más vampiros la siguiente temporada y las siguientes hasta que las estadísticas den prueba de lo contrario.
Animaciones y comedias fueron los más favorecidos por el público con el 17 y el 16% respectivamente, seguidas de cerca -o perseguidas- por el género de terror con un 15%.
Tres géneros relativos al entretenimiento y un incremento de los dramas, que llegaron al 12%, quizás respondiendo al pasatismo de los anteriores.
La ciencia ficción se quedó en un 6% y los demás estuvieron representados por un par de títulos y hasta hubo uno bíblico -Moisés y los diez mandamientos (Alexandre Avancini; Brasil-2016)- , siguiendo la estela de las series televisivas brasileñas.
Con respecto a la calidad, se mantiene el desequilibrio entre la alta calidad visual y técnica de las realizaciones actuales y la falta de riesgo o directamente la pobreza de sus tramas, que al promediarse da como resultado una medianía generalizada.
Medianía agravada por la desvalorización que representa el aumento progresivo de estrenos doblados, ya que no estamos viendo originales completos.
Se puede tomar como exageración cinéfila, pero eso se parece tanto a lo que se tiene en las pantallas domésticas -no tanto en la TV como en los servicios de streaming-, que a mediano plazo la promesa de 3D, 4D, sonido óptimo o experiencias sensoriales podría no ser suficiente para sostener la actividad.
Aun así hubo títulos destacables como los de esta decena:
Invasión zombie (Sang Ho Yeon; Corea del Sur- 2016) Una prueba de que una trama de terror y zombies puede provocar más que sobresaltos.
Sin nada que perder (David Mackenzie; USA- 2016) Western contemporáneo con trasfondo de crítica social, sobre dos hermanos que intentan salvar el rancho de la familia robando un banco.
Manchester frente al mar (Kenneth Lonergan; USA- 2016) Duro drama familiar contado y resuelto sin golpes bajos.
Perdidos en Paris (Dominique Abel, Fiona Gordon; Francia, Bélgica -2016) La rareza del año, por el estilo único de la pareja de directores-actores en esta comedia fantasiosa sobre el accidentado viaje a Paris de una bibliotecaria canadiense.
Dulces sueños (Marco Bellocchio; Italia-2016) Basado en hechos reales, el veterano director italiano refleja la historia de un niño criado entre mentiras.
Durnkerke (Christopher Nolan; USA, UK-2017) Un episodio no tan conocido de la Segunda Guerra Mundial, abordado con pocas palabras y el enorme despliegue visual que caracteriza al director Christopher Nolan.
Baby: El aprendiz del crimen (Edgar Wright; USA- 2017) Suspenso y acción alrededor de un joven chantajeado para que sea el chofer de una banda de ladrones, cuya propuesta visual se vuelve protagonista con la ayuda de una de las mejores bandas de sonido del año.
Dos argentinos: La cordillera (Santiago Mitre; 2017), un cruce de drama y thriller en medio de una cumbre latinoamericana y Zama (Lucrecia Martel; Argentina, Brasil, España, Francia, Holanda, USA, Portugal, México, Líbano, Suiza-2017), la demoradísima versión de la novela de Antonio Di Benedetto de Lucrecia Martel, que provocaron refrescantes controversias entre crítica y público.
Y Paterson (Jim Jarmusch; Alemania, Francia, USA-2016), la mejor de todas por lejos.
Un film indie sobre un colectivero que vive una vida en apariencia rutinaria, pero enriquecida por su poesía, que desafortunadamente estuvo apenas una semana en cartel -como la mayor parte de los films pequeños sin campaña publicitaria-, pero reafirma a Jim Jarmusch como autor y a Adam Driver como intérprete, más allá de su Kylo Ren en la tercera trilogía Star Wars.
Panorama que tendrá continuidad en la corriente principal de 2018 con abundantes secuelas, spin offs, reboots, remakes y “universos extendidos”, mientras -si hay suerte- los márgenes proveerán material menos mercantil o más evocador.

Autor: Silvana Angelicchio