Desde mi barrio... Opinión

Fecha: Viernes, 29 Septiembre, 2006 - 00:00

Bajemos de la nube

Cuando ese lluvioso miércoles 28 de agosto del 2002 un pistolero profesional asesinó a Felipe Glasman, además de cometer el crimen, involuntariamente puso a prueba a la sociedad bahiense. Algunos supusimos que la ciudad se conmovería profundamente ante semejante barbarie mafiosa, rechazaría ese acto violento y reclamaría su esclarecimiento.
Hay que reconocer que la conmoción duró pocos días y que era frecuente encontrar respuestas que minimizaban el crimen y no le daban demasiada importancia a que pasaran los meses y quedara sin esclarecerse. Algunos incluso manejaron reflexiones simplistas como dejar entrever que la víctima “andaba en muchas cosas” y que “por su forma de ser se había ganado enemigos”.
Estas frases son estremecedoras, porque son una inequívoca herencia de los tiempos de plomo, cuando entre el miedo y la complacencia de gran parte de la sociedad argentina, ocurrió lo que ocurrió. Y así se generó una perversa impunidad para delitos como secuestro, tortura, desaparición, robo o asesinato, sentando las bases de una violencia cuya herencia todavía padecemos. Confieso que a mí me dolió que se aceptara sin más un evidente “crimen por encargo”, con claras connotaciones mafiosas. Y a continuación me preguntaba y me pregunto: ¿Por qué tenemos ahora esta facilidad para aceptar la violencia y la impunidad? ¿Por qué admitimos como males irremediables la deshonestidad y la corrupción? ¿Por qué de valores y principios básicos sólo nos quedan los enunciados que no ponemos en práctica ni los exigimos?
Si el detenido es el responsable del crimen, se habrá dado un paso. Pero este asesinato no estará realmente esclarecido hasta que se sepa quienes ordenaron y pagaron al ejecutor del crimen. Y se los procese y se los condene. Sean quienes sean.
Este suceso y su resolución no son una anécdota, constituyen un “test” que permitirá definir si la sociedad bahiense quiere seguir viviendo en una nube, o decide que es tiempo de recuperar valores indispensables para una sociedad sana y responsable.

Autor: Juan Salvo