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Garantía democrática
Categoría: Opinión

He tratado en notas anteriores el tema de la alternatividad comunicacional. Y sostuve la necesidad de medios de comunicación que se conviertan en la “voz de los que no tienen voz”. Hacia un mundo más equitativo y representativo de la pluralidad cultural, ideológica y política, se podría imaginar que cada comunidad, sea de lo que fuere, tuviera un medio de expresión propio, ya sea escrito, radial o televisivo. Parece hoy una utopía delirante, pero tal vez no lo sea tanto. Estamos presenciando el nacimiento de un canal de televisión latinoamericano, Telesur, que aunque no haya recibido la debida atención de los medios concentrados sigue avanzando por todo el continente. En estas reflexiones andaba cuando llega a mis manos la información sobre una iniciativa del gobierno venezolano que no puede dejar de llamar la atención:
“En Venezuela se fundó CVG Telecom como empresa de comunicaciones del estado, pues todas las comunicaciones habían sido privatizadas. Su función primordial es llegar a todas las zonas marginadas, esas que por no redituables no interesan a los negociantes. Desde entonces se han fundado unos 330 infocentros con todos los servicios, que se prevé llevar cerca de los 600 a fin de año. Además se han construido los Nudetel, que cuentan también con todos los servicios en comunicaciones y se entregan a cooperativas populares para que los administren y cumplan la función comunicativa en cada comunidad. Se prevé uno en cada parroquia (que es la división política más pequeña). Se calcula que en total hay unos mil puntos de acceso informáticos y telemáticos que benefician a unos cinco millones de personas. Se espera doblar su número para fin de año. La mayoría de esos servicios son gratuitos, y los demás son a bajos costos accesibles a los de menores recursos. Allí se dan cursos de alfabetización tecnológica”.
Se podría desconfiar de una iniciativa de tal naturaleza diciendo “Debe ser un modo de control ideológico y político del gobierno”. También, bajo la influencia de la novela de George Orwell, 1984, imaginar una maquinaria de control de los servicios de inteligencia. Pero yo me dejo llevar por mi romanticismo utópico. Quiero pensar en una América Latina en la que cada comunidad pudiera expresar la riqueza particular que contiene su cultura, comunicarse libremente con el resto del continente y el mundo y recibir como respuesta lo que las otras comunidades deseen decir. La democracia, en su expresión más acabada, haría gala de sus mejores manifestaciones. ¿Está tan lejos de la realidad esto? ¿Suena tan imposible su realización?
Pareciera que en algunos lugares de este continente, o tal vez en el mundo entero, esto ya está sucediendo. Que los periódicos locales y las radios locales ya han comenzado a comprender que no es necesario copiar los modelos que exportan las metrópolis, como, lamentablemente, hacen muchas radios de frecuencia modulada. Que ser la “voz de los excluidos” puede no ser el mejor de los negocios, pero que puede reportar otra clase de satisfacciones nada despreciables. Porque siguiendo el camino de la repetición monocorde comunicacional hemos llegado al punto en el que, aparentemente, somos incapaces de sobrevivir si no tenemos quien nos diga lo que sentimos, lo que es bueno o malo para nosotros, lo que debemos leer y aprender. ¿No ha llegado el momento de ser lo que “debemos ser” para no correr el riesgo de “no ser nada”?

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2006-07-29 00:00:00
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