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El mundo es mi casa
Categoría: Interés general

Tal como ocurre en varios países de la región, Ecuador se encuentra atravesando la experiencia de un proyecto social, económico y político distinto del ortodoxo neoliberal.
Aprovechando su visita a nuestra ciudad, EcoDias pudo realizar un recorrido por las particularidades del nuevo escenario ecuatoriano de la mano de un guía con inmejorables conocimientos sobre el país hermano: su embajador en Argentina, el médico Wellington Sandoval Córdova.

Wellington Sandoval Córdova visitó Bahía Blanca por invitación de la filial local del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. En su calidad de embajador de la República de Ecuador, Sandoval Córdova viajó a la ciudad a exponer una visión de primera mano sobre la situación actual de su país, su nueva constitución y todo lo referente al actual gobierno del presidente Rafael Correa, que defiende una alternativa de integración de la región. En un extenso diálogo con EcoDias, el diplomático -médico que supo desempeñarse sucesivamente como ministro de Salud y de Defensa de Ecuador- realizó una minuciosa descripción de los aspectos salientes del modelo económico, social y político que lidera Correa.

Lo que era, fue
“El Ecuador de hace tres o cuatro años atrás era exactamente igual a lo que han sido los países latinoamericanos, que somos tan similares. Después de los gobiernos republicanos de la Independencia, han primado las injusticias sociales e inequidades: pobreza, desnutrición y falta de oportunidades a un buen segmento de la población, que ha cargado con la más duro de la vida del país”, ilustra Sandoval Córdova ante el requerimiento de “EcoDias y la Región”, el programa que se emite de lunes a viernes a primera hora de la tarde en Radio Nacional Bahía Blanca.
Los datos lo respaldan: la situación económica del Ecuador era penosa, en virtud de la falta de competitividad de sus materias primas y la imposibilidad de desarrollar una industria en gran escala. “El Ecuador siempre fue un país agricultor, como la mayoría de los países andinos”, rememora. Maíz, trigo, cebada y hortalizas poblaban la parte montañosa de su territorio, en tanto que sobre la costa se producían bananos, café o cacao, además de otros “elementos clásicos” como el banano, el palmito, o los frutos de sus aguas, el langostino y el camarón ecuatorianos.
Sin embargo, las décadas neoliberales dinamitaron el proceso de crecimiento del agro en el país, merced al proteccionismo aplicado en países como Estados Unidos, con lo que el precio y la competitividad de los productos del Ecuador cayeron estrepitosamente. “Eso ha creado una injusticia tremenda, porque automáticamente los indígenas -que han sido los agricultores básicos- han dejado de producirse sus elementos, pues era más barato comprar un producto extranjero. Esa es una situación que tiene que acabarse”, dice Sandoval Córdova. A esta situación se suman los controles de los organismos internacionales -como la Organización Mundial del Comercio o el FMI-, que limitan los intercambios económicos favorables a los países emergentes, con lo que se imprime un freno a su desarrollo. “Los controles de las entidades son solamente para los países pequeños, no para los grandes. Entonces, se produce una injusticia en todo sentido, que recaba en los déficits económicos que tenemos”, sintetiza.
Ese camino comienza hoy a desandarse con las medidas del gobierno de Rafael Correa, que plantea que cada productor pueda tener la tierra necesaria para su desarrollo. “Estamos caminando en el sentido de devolver la tierra al que siempre la cultivó y mantuvo la economía del país”, resume. Las medidas se insertan en un plan económico, político y social que pretende igualar las oportunidades de todos los ecuatorianos en salud, educación y vivienda, para propender al desarrollo individual y social de la sociedad.

Petróleo e industria
Muerta la producción de materias primas por el proteccionismo y los subsidios estatales yanquis a la producción de sus tierras, el petróleo ecuatoriano apareció como la principal vía de oxígeno a su vida económica. Los dólares que los barriles inyectaban a su economía eran el único aliciente que acolchonaba un resentido esquema de intercambios.
Frente a esto, asoma como una de las deudas de los gobiernos progresistas la consolidación de una industria nacional sostenida, aunque Sandoval Córdova es realista y reconoce que “siendo un país pequeño, es difícil industrializarse para competir con países grandes”, pues el desarrollo industrial en gran escala requiere de inversiones de la misma envergadura y una capacidad de colocación que Ecuador no posee, por contarse sólo en trece millones sus habitantes. “Lógicamente -razona ante EcoDias-, no podemos distribuir y competir con lo que producen los Estados Unidos, la China o el Brasil”, subraya. De esta reflexión se desprende una más amplia, que incluye la noción de integración latinoamericana. “Lo importante de la integración latinoamericana es ver qué produce cada país, para ser complementarios”, puntualiza. Esta perspectiva resulta superadora de las miradas sesgadas que se realizaban sobre el mercado latinoamericano durante la pasada década, y permite pensar en un gran mercado continental donde cada país pueda comerciar con aquellos productos que se constituyen en el fuerte de su producción nacional.
El pasado ilustra sobremanera: “Nosotros no tuvimos el problema de que uno gana y otro pierde, sino que nos acostumbramos al ‘pierde- pierde’: perdemos cuando producimos y también perdemos cuando compramos. Vendemos las materias primas al precio que nos imponen, y compramos los productos elaborados al precio que nos imponen. Eso es inaceptable, como es inaceptable el endiosamiento del mercado”, afirma este médico y diplomático ecuatoriano, representante de su país en nuestras pampas. “Lo importante -remarca a EcoDias- es que el mercado exista controlado por el Estado, es el Estado el que tiene que decidir cuándo y hasta dónde actúa el mercado”, define.
La necesidad de replantear el pasado que aparece como central de cara al bicentenario de nuestras independencias no se vislumbra sólo como una necesidad argentina, sino que se puede palpar en otros puntos del continente, como en este caso se deja ver en el diálogo con Sandoval Córdova. “¿Cree usted -pregunta retóricamente- que puede ser válida una sociedad que, tras doscientos años de historia, tenga un 30% de personas pobres, un 22% de niños desnutridos, una mortalidad del 22 por mil? ¿Cree usted que hay un elemento básico de justicia?”. Y ofrece su respuesta: el modelo debe ser cambiado, aceptando aquellas facetas del liberalismo que pudieren resultar satisfactorias, aunque procurando “que se apliquen las reglas a favor del ser humano, y no del mercado”.

Al ALBA
En este sentido, la Alternativa Bolivariana para las Américas -comandada por jefes de Estado de la región, como Hugo Chávez o el propio Correa- se deja ver como una original alternativa histórica a la era neoliberal que, aplicada a escala global, mostró su peor rostro en los países emergentes. “Debemos cambiar el concepto económico de los que nos han manejado. No podemos aceptar el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas)”, afirma Sandoval Córdova. El rechazo a los empréstitos internacionales o al incremento de la deuda externa -“en muchos casos amoral e ilegal”, acusa- conforma parte del cuerpo de principios del movimiento.
“El ALBA es un concepto de paz e integración. Ser complementarios, llegar a acuerdos generales capaces de hacer que todas las sociedades sean eficientes y productivas”, enumera.
Una diferencia central con la ideología expresada por el ALBA respecto del ALCA es el respeto por las respectivas Cartas Magnas de los países soberanos de América. “En el Ecuador ya hemos implementado el asunto de que usted, para entrar, lo único que tiene que demostrar es que es latinoamericano, como parte de un concepto global que tiene el presidente Correa de que somos ciudadanos del mundo y no pertenecemos a tal o cual ciudad”, manifiesta.
Sabe de qué habla: la emigración ha sido uno de los más graves factores de disgregación social en el país hermano, como consecuencia del neoliberalismo que “por una crisis económica tan grande, obligó a la gente a dolarizarse”. La medida del gobierno de hablar en dólares una economía regida por los sucres significó una pérdida de activos nacionales que se tradujo en una caída del 80 al 90% del valor de las propiedades de los ecuatorianos. En sólo una semana, el dólar se disparó a una cotización de 25 mil sucres, razón en base a la cual se realizó el proceso de dolarización de la economía. Fue aquí, se recuerda, la última propuesta del saliente menemismo, allá por 1999.
En Ecuador, su efectiva implementación significó un grave problema sociológico, que Sandoval Córdova califica como “una tragedia que ha sido soportada todavía en forma heroica por los ecuatorianos emigrantes”, que a pesar de sobrellevar un clima hostil en las tierras que los recibían constituían en la segunda entrada nacional de dólares al dinero enviado a sus familiares en el país, después de los ingresados por la exportación petrolera.
“No puede tolerarse que el ecuatoriano tenga que irse a otra tierra, donde es mal recibido. Tenemos que llegar al concepto de que somos ciudadanos del mundo, que deben tener acogida en cualquier país”, insiste.

Y en el dos mil también
Uno de los temas centrales que saltan a la hora de dialogar con un diplomático de una república que se proclama socialista es el de las implicancias que la definición conlleva en el mundo de la actual centuria.
“Creo -explica Sandoval Córdova a EcoDias- que al socialismo del siglo XXI lo estamos plasmando en lo que representa el ALBA, que identifica a la economía de mercado como la base de un problema grave”. Es decir que se “reconoce que el mercado es importante, pero con estricta regulación del Estado”, y allí la persona humana pasa a ocupar el lugar central de las políticas públicas.
Quizá la diferencia central con lo que Sandoval Córdova llama “socialismo marxista tradicional” sea que “nosotros creemos que la propiedad privada es perfectamente válida, que cada persona pueda tener lo que ha hecho en la vida o ha heredado, con los consiguientes pagos que necesita el Estado. Pero no creo que nosotros tengamos que restringir necesariamente la propiedad privada bajo ningún aspecto, excepto en la presencia de grandes latifundios”, puntualiza, aunque subraya que “en Ecuador, no existen los grandes latifundios que había años atrás”.
La reforma agraria encarada por gobiernos anteriores a Correa posibilitó acabar con las grandes extensiones ociosas. “Con todos los defectos que pudo haber tenido, ha sido efectiva y las propiedades están en manos de gente que produce”.

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2009-11-27 00:00:00
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