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Creación de ciudadanía a través de la lectura
Categoría: Interés general

Horacio González, director de la Biblioteca Nacional desde 2005, participó de la Jornada “Lecturas, cultura, bibliotecas, tecnología”, en el marco de la celebración del Día del Bibliotecario y de las Bibliotecas Populares organizado por la Biblioteca Central de la UNS y la Asociación Bernardino Rivadavia.
Por la mañana del martes se dirigió a los bibliotecarios locales en el Salón Blanco comunal en una conferencia sobre “La Biblioteca Nacional y la Cultura Nacional”. Allí manifestó que “Argentina es un país fundado por la lectura”.
“La Biblioteca Nacional tiene una característica que no es fácil describir enteramente porque está desde los primeros días en que se construye la fórmula misma de la Nación. Con muy pocos meses de diferencia se crea la Biblioteca Nacional y el ejército nacional”, aseguró el docente.
La Biblioteca nace en tiempos de guerra y es producto de una. González comentó que el propio artículo anónimo -atribuido a Mariano Moreno en la Gazeta de Buenos Aires- que señala la necesidad de su formación habla de ello: pone a las bibliotecas como un instrumento de la ilustración popular.
“El concepto de ilustración es del siglo XVIII para proveer justamente una idea de los pueblos basados en su recreación a través del rechazo al despotismo, es la idea de los enciclopedistas franceses, por lo tanto, la Biblioteca se crea a la luz de un concepto con una clara raíz iluminista (…) que invita a las sociedades a rechazar la presencia de los tiranos, la que presupone que es salvaguarda de la libertad y finalmente cumple con las banderas políticas y culturales del momento: libertad, igualdad y fraternidad”, afirmó.
Se la ve entonces como el lugar donde se sostiene desde el punto de vista de la cultura lo que producen los ejércitos desde el punto de vista de una liberación. Los primeros decretos de la institución pronta a cumplir su bicentenario, son de “apropiación de libros, sigue de una manera amplia -pero no menos precisa- la fórmula de la creación de las bibliotecas republicanas que son de expropiación: libros expropiados a los enemigos de la revolución”.
La red de bibliotecas argentinas, la más avanzada de Latinoamérica, proviene de la idea “de que no puede haber una sociedad sin ilustración popular y, para decirlo más modernamente, no puede haber ninguna sociedad sin el peculiar tipo de acción política que realizan las bibliotecas que es la creación de ciudadanía a través de la lectura”.

El lector nacional
En sus orígenes la Nacional se llamaba Biblioteca Pública de la Ciudad de Buenos Aires y al cambiar el nombre “adquiere una enorme responsabilidad, que en primer lugar es política, que es la de construir el lector nacional, más allá de la cantidad de libros que tenga y de la tecnología que la sostenga”.
“La construcción del lector nacional presupone un tipo de salvaguarda del tesoro y de una memoria pública, supone una profesión de bibliotecarios con una clara noción de que hay en la construcción de la Nación, en su corazón político y social, la idea de un lector y de la lectura”, aseguró el ensayista.
En ese marco, la profesión del bibliotecario es una de las paralelas a la del maestro que se mantiene a lo largo de los tiempos y toma su nombre de la idea de “biblioteca”, es decir, “el nombre de la profesión es también el del espacio donde trabaja y tiene al mismo tiempo en su nombre el del libro”.

Guerra, libros, paz
La Comisión de Bibliotecas Populares, creada por Sarmiento, “es una red de casi dos mil bibliotecas en todo el país que curiosamente se mantienen con mucha actividad bibliotecaria que son actividades amorosas, así como hay otras que no necesariamente reclaman ese título puesto que está la profesión de la guerra”.
“No hay que abandonar esa idea de la guerra, no ganamos nada con no tenerla en cuenta puesto que el horizonte contemporáneo mundial es en gran medida de guerra y para preservar la paz es necesario la comprensión profunda de la vida contemporánea nos abarque permanentemente”, propuso.
Explicó que la profesión bibliotecaria hereda las grandes consignas del campo afectivo, “cuando hablamos del libro brotan en nuestro espíritu consignas del carácter amoroso, cualquiera sea el libro y aún corriendo el riesgo de cierta melosidad, pero al libro lo elogiamos permanentemente como si estuviéramos insertos en el seno de la vida familiar”.
“No es que la vida familiar sea un lugar pacífico pero cada vez que aparece el modo desgarrador último donde todo se pone en peligro, hay algo que vuelve a recomendar como en un susurro que no convendría llevar las cosas hasta el desgarramiento final. Lo mismo pasa con el legado de las profesiones amorosas, la profesión bélica no lo es pero al ser épica, heroica, no deja de tener las mismas tonalidades internas”, concluyó el director.

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2008-09-27 00:00:00
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