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Caja de resonancia
Categoría: Interés general

Seguimos analizando la problemática del bullying, en este caso escolar, que está vigente en muchos países y Argentina no es la excepción. La importancia de la participación, del diálogo y de trabajar desde todos los ámbitos en muchos de los factores que generan este tipo de violencia.

Sabemos que bullying es hostigamiento, el acoso que sufre constantemente un chico por parte de otro o de un grupo de compañeros de colegio. Un ejemplo cercano de lo se consideraría bullying es el de Junior, aquel chico que mato a sus compañeros en una escuela de Carmen de Patagones y que, según relatos, hacía años que venía siendo acosado con chistes y cargadas. Vale la definición para despejar confusiones ya que hablamos de bullying solo cuando se trata de una agresión sostenida en el tiempo.
La lic. en Psicopedagogía Guillermina Rizzo realizó un trabajo sobre bullying en nuestra ciudad y con ella conversamos para conocer más sobre esta problemática.
Cuando se ven cifras sobre bullying escolar por datos recogidos mediante los alumnos hay que tener en cuenta que se trata solamente de una percepción y que para constatar la existencia de bullying se necesita observación directa: “Ahí el maestro tiene una función clave porque es el que está más tiempo con el chico. Para que haya bullying siempre tiene que haber una tríada, tres personas o grupos. Uno que molesta constantemente, que hostiga, uno que es hostigado y un tercero del que nadie se ocupa, que es el que mira. Ese chico el día de mañana tiende a identificarse con alguno de esos dos grupos”.
A pesar de tratarse de percepciones, Rizzo aclara que es factible la existencia de bullying y eso se ve también por los modelos de conducta que tienen los chicos diariamente los cuales repercuten en la forma de actuar en el ámbito escolar: “Tenés que en el mes de marzo hubo un apuñalado en Villa Rosas, otro en Stella Maris al que le pegaron un tiro, todo eso te da la pauta de que hay adultos que no saben resolver conflictos desde la palabra”.

La palabra devaluada
“Esto tiene que ver con una historia, las cosas no suceden de la nada. Durante años muchas cosas no se podían hablar y era así porque sí, y eso a veces sigue repercutiendo. Cuando un chico habla de una pelea los padres le dicen que no se meta. Una sociedad como la nuestra con un tejido social tan debilitado por distintas cuestiones necesita participación de la gente y el compromiso de todos”.
Puede resultar lógico, dice la licenciada, que ante un berrinche un nene de nivel inicial se descargue tirando una patada pero esto ya no es normal si lo llevamos al ámbito escolar donde ya existe el poder de la palabra para resolver conflictos. Esto no quiere decir que se trate de violencia escolar sino de un tipo de violencia con múltiples causas: “Me niego a hablar de violencia escolar. Hoy estamos ante distintos focos de violencia que repercuten en la escuela que es una caja de resonancia de esto que sucede a nivel macro y que se reproduce a nivel micro”. Para intentar comprender el fenómeno no solo debemos mirarnos como sociedad sino también retroceder unos años y analizar como las distintas reformas y cambios sociales fueron influyendo: “Tomo punto de partida fines de la década del 80 y principios del 90 con un Estado benefactor que se retrotrae y donde se instala una lógica de mercado. Hay una reforma en esos años donde todo esto que tiene que ver con procesos productivos, comerciales, financieros y económicos se reformula y esta dichosa globalización nos presenta un nuevo modelo de Estado. No hay estrategias para la gestión pública, hay cierre o reestructuración de servicios como salud, educación o transporte porque son deficitarios para el Estado y todo esto impacta en el individuo”.
De allí también fenómenos como el estrés, la apatía, la poca solidaridad y el hecho de pasar de ciudadanos a consumidores.

Los límites necesarios
La palabra límite a veces asusta porque según la sensibilidad de cada uno se la puede tomar desde un punto represivo. Sin embargo vale la pena desmitificar la palabra y entender que los límites son necesarios para los chicos siempre y cuando sean impuestos desde el afecto: “Si yo te digo que si tocas eso te quemás te lo estoy diciendo con cariño ahora si cuando vos sos más grande salís a manejar sin carnet de conductor hay un límite que viene por la fuerza ya que te sacan el auto. El límite es necesario porque te da la posibilidad de elegir: “esto se puede y esto no, estas son las consecuencias que te puede generar una mala elección”.
El fenómeno del bullying no puede analizarse de forma lineal porque son múltiples los factores que lo generan. Ya hablamos de conductas sociales, de reformas que se dieron con el tiempo, deben sumarse los cambios en la educación, avances tecnológicos, los grupos escolares heterogéneos, los chicos excluidos del sistema, los diferentes modelos de familias, y por lo tanto de padres que existen y varios etcéteras más. Y aunque suena complejo (y lo es) el hecho de ser un problema multicausal tiene su lado positivo ya que se puede comenzar trabajando en muchos ámbitos y con los distintos actores: chicos, padres, maestros, Estado: “Una de las primeras premisas es homogeneizar discursos. Escuela, padres, distintas agrupaciones, etc. deben tener discursos más homogéneos en cosas muy simples, valorizar la palabra”, concluye desde su mirada Rizzo.

Escuela, padres y chicos
La escuela sola no puede abordar el tema porque a veces las conductas son aprendidas en el hogar y el problema se agrava. A la vez hoy nos encontramos con distintos tipos de padres, están los muy autoritarios, los compinches de sus hijos y también los dubitativos ante una situación y todo eso impacta en los chicos: “Hay que trabajar con chicos y padres, la escuela tiene la responsabilidad de hacer un trabajo con los padres y respecto a eso apunto en las carreras de formación respecto del rol del psicopedagogo y del psicólogo escolar. Esto de decir que saco un chico con problemas de aprendizaje y me lo llevo al gabinete… hoy tenés 25 problemas de aprendizaje. Y si dos pelean constantemente y 23 están mirando no podés llevarte estos dos a dirección porque este problema es de todos, a todos nos impacta. Pasa que estamos con el mandato de “no me va a pasar”, “es el hijo del otro”. El desafió es ver como nos comprometemos, para todos los problemas sociales no hay salida si no es con el compromiso de todos. Necesitaríamos ser más solidarios pero la solidaridad no nos va a llover desde el cielo, hasta tanto no empecemos a sentir la necesidad de que se necesita ser más solidario nadie se va a mover de donde está”.

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2008-03-29 00:00:00
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