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Autovalimiento
Desde la edición anterior compartimos las tareas que se llevan adelante en un espacio local: la rehabilitación para ciegos y disminuidos visuales es la prioridad del Centro Luis Braille, trabajo interdisciplinario de un equipo profesional comprometido con la comunidad.
Categoría: Instituciones

Desde la edición anterior compartimos las tareas que se llevan adelante en un
espacio local: la rehabilitación para ciegos y disminuidos visuales es la
prioridad del Centro Luis Braille, trabajo interdisciplinario de un equipo profesional
comprometido con la comunidad.

“Constituimos el equipo necesario para una rehabilitación integral, también
trabajamos con el Taller Protegido, que exige el Ministerio de Desarrollo
Social, ente del que dependen los talleres protegidos”, introduce la profesora Carlota
Elizari, directora del Centro Luis Braille, nexo entre la comisión directiva de
la institución, Biblioteca Popular y Taller Protegido. El equipo técnico está
conformado por psicóloga, trabajadora social, profesor de ciegos, terapista
ocupacional, profesora de lectoescritura Braille y profesor de computación.

Procesos
“El primer punto es entregar una ficha a la persona, que asiste con un
familiar o cercano, la misma debe ser completada por un médico oftalmólogo.
Luego, una vez entregada, lo incorporamos a la lista de espera, cuando tenemos
adjudicado su turno realizamos una reunión de admisión, en ella conversamos
junto con los otros integrantes del equipo y la persona a ingresar. Nos
interesa conocer su dinámica familiar, su trabajo, su situación social. En ese
momento, también explicamos lo que hacemos para que cada uno entienda que las
actividades propuestas deben realizarse en forma conjunta para lograr una
rehabilitación total”. El camino comenzó, el proceso se puso en marcha, duelos
y nuevas trayectorias surgen en compañía de adultos, jóvenes y profesionales.
Se respetan los ritmos y tiempos de la persona, sin embargo, está bien pautado
el recorrido para el logro de avances “en todos los aspectos de su vida”. Los
horarios se pautan en forma coordinada, “lo hacemos para que no vengan solo por
una actividad, después de lo cual, comienza el tránsito por la rehabilitación”.
Cada avance logrado se convalida con un egreso de la misma, aunque hay áreas
con continuidad, como son Educación Física, talleres recreativos, que “son
actividades libres para quienes están ya rehabilitados o están en vías de un
buen logro, que ya están logrando una gran motivación y una aceptación de la
discapacidad”. En estas propuestas hay que estar dispuestos a compartir en
grupo, donde no se habla demasiado de la discapacidad sino que están orientados
a otros fines, como el Taller de la Memoria.
El trabajo con adultos es complejo, una vez realizada la tarea cotidiana dentro
del Centro, “difícilmente tenga la motivación de salir, entonces, las
actividades logran que no se recluyan, que estén sentados o acostados, que es
muy malo para una persona ciega”. El duelo de la pérdida de la vista es
variable, “algunos tardan más, otros menos, algunas personas se lamentan de
haber estado muchos años sin realizar la rehabilitación y una vez que la logran
pueden terminar de elaborarlo; hay que llegar a decir ´toqué fondo, esto soy
ahora, y con esto tengo que trabajar y lograr una mejor calidad de vida, lo que
pueda hacer es para mejorar y estar bien´; también hay gente que no lo asume
nunca, por eso tratamos de acompañarlos con la psicóloga”.

Diversas realidades
La directora destaca que actualmente hay muchas personas rehabilitadas que
han logrado continuar sus estudios a nivel secundario y universitario, también
quienes han logrado llevar adelante un trabajo. “En Bahía Blanca, no se da
tanto, en otros puntos del país, las personas ciegas tienen trabajos
competitivos, sabemos que no es fácil frente a la discapacidad visual, el mundo
no está adaptado, hay mucho por hacer en la ciudad”, agrega.
Las reuniones e intercambios para informar los avances y las trayectorias son
coordinados cada 15 días con el supervisor del Taller Protegido, y cada 15 días
con los integrantes del equipo técnico. “Vemos la marcha de cada persona, cómo
está funcionando dentro de las actividades, si hay algún problema,
generalmente, cuando una persona presenta un problema en un área se manifiesta
en otras. A veces, la ceguera es secundaria a la situación social, entonces se
ve cuál es la contención familiar, la falta de trabajo o de una pensión,
cuestiones muy graves que van mucho más allá de la discapacidad, que no resulta
en estos casos, lo fundamental. Estas carencias generan mucho malestar y hay
que trabajar con ellas para después hacer viable la rehabilitación”. El logro
de la rehabilitación depende de muchos factores: la edad, la situación
personal, patologías que se agregan o no, “en 3 meses es posible egresar de Actividades
de la vida diaria, en 8 meses de Orientación y movilidad, en estos casos es
variable, muchas mujeres se adaptan mucho a moverse solas en su casa y realizar
tareas, y en el otro caso, quienes están acostumbrados a moverse mucho y están
estudiando realizarán un trabajo distinto a un adulto mayor, que necesitará de
un bastón para poder orientarse en el barrio o ir del brazo de su mi hija o
hijo, marido o mujer, o ir al médico en automóvil, el trabajo es diferente. La
asistencia es un factor, si cuentan con alguien que los acompañe a Braille en
los primeros tiempos es bueno, ya que son momentos difíciles para manejarse
solos. “Es muy diferente el resultado de la rehabilitación en una persona que
está acompañada por su familia, que acepta el bastón como un elemento que
ayuda”. Este objeto, en muchas ocasiones, muestra, materializa la discapacidad
visual, “si tengo un bastón blanco es porque no veo o veo poco, por eso, muchos
no lo aceptan”.
El bastón verde fue creado por la profesora Perla Mayo, “es una creación
argentina, muy bien aceptado por unos, otros se han visto complicados, porque
la gente no sabe de qué se trata y no sabe si ayudar o no ayudar, no se sienten
seguros, por lo tanto, algunos han vuelto al bastón blanco”. La controversia
social está basada en el desconocimiento de la disminución visual y la creación
de un objeto que distinga a los ciegos de las personas que se encuentran en
otros procesos de pérdida de visión, “se los cuestiona, en lugar de ponerse en
el lugar del otro, y tratar de entender que nadie va a salir con un bastón
blanco o verde para pasarla bien”. Las personas que cuentan con baja visión se
muestran complicados a la hora de la rehabilitación, “nunca se sabe cómo van
actuar, incluso personas que tengan la misma agudeza visual reaccionan de otra
forma, hay un montón de factores que afectan y dan como resultante que se tenga
mejor campo visual, la capacidad para moverse, la memoria, son algunos de los
factores que varían de persona en persona”.
En el Taller Protegido contienen 33 personas y en rehabilitación el cupo asciende
a 27, “estamos siempre en forma dinámica en este último caso”. Suelen requerir
más tiempo la enseñanza de la lectoescritura en Braille o el taller de computación.
Uno de los grandes sueños de los profesionales es el Centro de Día, “que acompañaría
el proceso de rehabilitación, e impediría que los adultos vuelvan y se queden
sentados o acostados al regresar a sus casas, esto afecta mucho su estado de
ánimo, también influye en llevar adelante la recuperación”.

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2018-07-31 00:00:00
Etiquetas: Instituciones.
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