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Un acto para todos

A primera hora de la tarde, en la entrada al predio donde funcionaba el centro clandestino de detención La Escuelita -Camino de La Carrindanga- se realizó un acto del que participaron cerca de 300 personas, con amplia cobertura de los medios de comunicación. Eduardo Hidalgo, por la APDH, leyó un documento sentido, reivindicatorio, denunciante y reclamante de esa justicia y esa verdad que todos necesitamos. Se leyeron textos, entre ellos una poesía de Mónica Morán, la docente secuestrada y asesinada. Luego Rafael Amor con su canto nos acercó al sentimiento de las madres.
Después, cerca de dos mil personas participaron en la plaza Rivadavia del acto en recuerdo de los 30 años del Golpe militar de 1976. Las organizaciones participantes destacaron que este año se logró que exista un único acto al cual asistieron numerosas agrupaciones.
Luego de algunas expresiones artísticas, se leyó el documento y luego se dio comienzo a la marcha que pasó por la primera cuadra de calle Drago, donde estaba ubicado el mural de la memoria y finalizó en la Plaza del Sol, frente al mural de O’Higgins y Saavedra, con la lectura de los nombres de los casi 200 bahienses que fueron arrancados de esta vida, asesinados y desaparecidos en la ciudad o la zona.
Cada nombre, un recuerdo, y como respuesta el grito de la multitud: ¡Presente! En esa palabra confluye la real convicción de que los desaparecidos, los asesinados, nuestros muertos de ayer y hoy, están presentes, que no lograron ser borrados de la memoria colectiva: porque somos sus herederos en la búsqueda de otro mundo posible para todos.

Texto del documento
“Hace tres décadas sufrimos el golpe de estado más cruento de nuestra historia.
La dictadura militar instaurada el 24 de marzo de 1976 puso en marcha un proceso de represión brutal para imponer en
la Argentina un modelo perverso de concentración y extranjerización de la economía, endeudamiento externo, exclusión social, pobreza y miseria.
Marchamos para exigir el castigo de los responsables y ejecutores del genocidio, para denunciar la impunidad y las nuevas formas de represión y continuar levantando las banderas y los ideales por lo que dieron la vida nuestros compañeros.
Resistimos al olvido, pretendemos justicia y no perdón, y afirmamos claramente que el largo y complejo proceso de intentar cerrar el auge abierto con el cordobazo, que las clases dominantes y las superpotencias instalaron con el accionar de bandas golpistas como
la Triple A, que desataron el terror, la muerte, la represión, abriendo el camino para la instalación de la dictadura y formando parte de la misma.
Lugares de trabajo y universidades fueron la muestra cabal de ésta realidad, por eso hoy marchamos, en el nombre de Watu, Henrich, Loyola y cientos de compañeros bahienses asesinados, encarcelados, cesanteados y expulsados, que fueron la expresión del terror impuesto por el golpe.
El terrorismo de estado pretendió destruir la resistencia popular, romper los vínculos solidarios de la comunidad, desmoralizar a los luchadores e instalar la idea de que hay un solo camino: el de los que mandan, los grandes grupos trasnacionales y locales, que han regido absolutamente todos los parámetros de nuestra macro y microeconomía desde entonces, con la destrucción sistemática de las conquistas laborales, de nuestra industria nacional, las pequeñas y medianas empresas de la ciudad y el campo, cooperativas, etc., cercenando las conquistas laborales, creando las condiciones para hacer un país consumidor final de manufacturas de importación, propiciando la instalación de megaempresas petroquímicas que generan riquezas impensadas que lejos estamos de disfrutar, y nos hacen respirar a diario su veneno.
La desaparición y asesinato de 30.000 compañeros tenía un objetivo claro: insertar a sangre y fuego a nuestro país en el modelo del endeudamiento externo, del libre mercado, profundizando la dependencia. No caben dudas: la desaparición forzada de personas, el crimen organizado desde el aparato estatal y el cercenamiento de las libertades públicas, estuvieron dirigidos principalmente contra la clase trabajadora, y también contra intelectuales críticos, capas medias de la ciudad y el campo, religiosos, estudiantes y luchadores animados por ideales de liberación y por un cambio profundo del sistema dominante.
Tenemos la obligación moral y cívica de denunciar que aquel proyecto político, económico y cultural instalado por la dictadura fue profundizado por los sucesivos gobiernos constitucionales, que pese a la resistencia popular que fue traicionada por la burocracia sindical, traicionaron la esperanza de millones de argentinos, avanzaron en el camino que les marcaron los sectores fascistas, los grandes grupos de poder nacionales e internacionales, el FMI y la banca internacional, y fueron capaces de instalar la obediencia debida, el punto final y el indulto.
La deuda externa, varias veces pagada, ha sido permanente argumento de chantaje y frustración del sueño de una nación independiente.
Hoy por hoy, con el gobierno de Kirchner, la brecha entre ricos y pobres crece día a día, y mientras el gobierno muestra números macros del milagro del crecimiento económico, la riqueza que generamos todos los argentinos se distribuye tanto o más inequitativamente que en la infame década del 90, basado en un salario reducido por la devaluación duhaldista, empleos en negro, impuestos al salario y planes Jefas y Jefes de hambre.
Estamos frente a un estado que opta por la destrucción deliberada de la educación y salud públicas, e instala por otros medios pero con los mismos métodos un estado terrorista, que cobró la vida de decenas de luchadores sociales, presos políticos e injusto procesamiento de compatriotas que han pretendido recuperar las calles por haber sido desalojados de las fábricas, como se expresa en Las Heras con la militarización de las áreas petroleras.
Cuentan con leyes, códigos de fondo y procedimiento, y hasta jueces de la dictadura, y un Poder Judicial que aplica un Código Civil para ricos, que garantice seguridad jurídica a inversionistas, y un Código Penal para pobres, que garantiza el aborto inmediato de toda resistencia popular. A esto se suma la complicidad de un estado que, a su vez, garantiza la impunidad de los genocidas con su doble discurso. Mientras por un lado se impulsa la derogación de las leyes del olvido, se bajan los cuadros de los dictadores del Colegio Militar de
la Nación y se recupera el edificio de la ESMA para la memoria, por otro lado no se desmantela el aparato represivo, se envían tropas para reprimir pueblos hermanos, como en Haití, y no se garantiza el presupuesto necesario para que se lleven adelante los juicios a los asesinos.
Por ello, en esta fecha nos convoca a reflexionar, a poner mucho más en alto la memoria por las mujeres y los hombres que dieron su vida cargada de sueños y esperanzas.
También nos invita a asumir más profundamente nuestras responsabilidades, y brindar los mejores esfuerzos en pos de ser capaces de lograr una verdadera unidad para concretar la definitiva independencia.
En esta lucha radica la vigencia del 24 de marzo. La seguridad que la vida de miles de compañeros no habrá sido arrancada en vano”.

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2006-03-25 00:00:00
Etiquetas: Bahía Blanca.
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