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Pasemos en limpio lo que se dijo y lo que se hizo

La expectativa previa a la reunión de UNASUR en Bariloche, se correspondió con el abundante caudal de notas y artículos que analizaron o extrajeron diversas conclusiones de aquel encuentro trascendente. El eje de los debates: el consumado acuerdo firmado por el presidente de Colombia en el que cede el uso “compartido” de 7 bases militares de aire, mar y tierra al ejército de los Estados Unidos.
Hay quienes hablan de éxito de Uribe, otros de “rechazo general a las bases”, otros destacan aspectos y reacciones parciales de algunos mandatarios, y hay quienes resaltan que UNASUR mantuvo su cohesión como organismo regional. Lo que gráficamente se describe como ver el vaso “medio vacío” o “medio lleno”, términos equivalentes, pero que “suenan” contrapuestos. Lo cierto es que fue una de las reuniones a las que todavía no estamos acostumbrados los latinoamericanos: con bastante franqueza, exposiciones públicas, momentos de tensión no disimulada, y gestos de cortesía o bromas oportunas para distender. Las evidentes discrepancias en un tema tan crítico y tan grave como el que generó la decisión de Uribe, con indisimuladas repercusiones continentales, se debatieron con argumentos encrespados, datos, citas y promesas, pero con el saldo final de magros compromisos.

Del dicho al hecho…
De las peloteras casi continuas que matizaron las siete horas de debate, se puede rescatar que algunos mandatarios mostraron claramente su rechazo por la decisión del gobierno colombiano en convertir su territorio en un gigantesco portaaviones desde el cual puedan operar tropas y técnicos militares norteamericanos con amplísima proyección regional. Sus límites fueron únicamente la voluntad común de no quebrar la precaria unidad formal de UNASUR.
También se verificó que Uribe no tiene dudas de su compromiso con Estados Unidos, no ya con Obama sino con el país que le asiste, le mantiene y le respalda sin importarle sus antecedentes. En esto, el imperio, lo gobierne quien lo gobierne, prefiere pensar o decir con letra tanguera: “¡qué me importa tu pasado!”. Por eso prefieren olvidar los informes de sus propios servicios de inteligencia que señalan las implicaciones de Uribe y de muchos de sus principales colaboradores con paramilitares y con narcos. Lo que ahora importa a Estados Unidos es disponer de esa cabeza de puente en América Latina para tratar de recuperar el control de su hoy revuelto y disperso “patio trasero”.
Otras intervenciones (como las de Lugo o Tabaré Vázquez) permiten deducir que hay rechazos verbales a las bases que fueron pronunciados casi con tono de disculpa, o mechados con alusiones al derecho soberano de cada país fronteras adentro, que según como se interprete puede llegar a ser contradictorio. Chávez estuvo contenido, seguramente advertido desde diversos ángulos más o menos “aliados” para que no fracturara el espacio. Correa fue de los más claros, y hasta fue subiendo de tono cuando recordaba el “control” real que tuvo Ecuador de las operaciones yanquis en la base de Manta, en su propio territorio. “Nada, no se comprometan porque no podrán controlar nada”, remató el ecuatoriano.
Lula estaba visiblemente incómodo cuando observaba intervenciones (como la de Correa) en las que el rechazo a las bases era categórico. Pero en las suyas mostraba sus propias dudas sobre las verdaderas intenciones del despliegue militar norteamericano y seguía reclamando “explicaciones”. O sea, no estaba a favor, pero tampoco se expresaba categóricamente en contra. Con esa ambivalencia no revalidó su pretensión de liderazgo.

..hay mucho trecho
Si nos abstenemos de las palabras y del tono con el que fueron pronunciadas, nos quedan los hechos, que en definitiva, serán los que importen. Y el resultado es que Colombia cederá sus bases a los militares norteamericanos, la decisión está tomada por los dos países implicados. Que el rechazo o la desconfianza no se materializó en una declaración colectiva o de una mayoría de los países de UNASUR. La causa posible es que se prefirió no romper la unidad, que obviamente no existía para una resolución de ese tipo. Que los puntos finales aprobados, son muy generales y de escaso valor práctico. Que la contraofensiva contra los cambios sociales que intentan los pueblos de América Latina, está en marcha.
Y que los pueblos, el colombiano incluido, tendrán que asumir su protagonismo, para evitar caer en nuevas formas de coloniaje y dominación.

Por Carlos Iaquinandi, Agencia SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa. www.serpal.info

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2009-09-05 00:00:00
Etiquetas: Internacionales.
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