Teóricamente, el próximo 9 de setiembre el ex dictador panameño Manuel Antonio Noriega, de 72 años, tendría que recuperar su libertad al cumplir la condena de 17 años en una cárcel de Miami.
Recordarán los lectores que Noriega -que también fue agente de la COMPAÑÍA- se había colocado a fines de los años 80 fuera de control de la Casa Blanca. Con el argumento de que Noriega organizaba una de las corrientes del narcotráfico hacia el país que más consumidores de droga tiene en el planeta, el gobierno de los Estados Unidos dispuso en 1989 una invasión mililtar de Panamá que dejó un número impreciso de muertos y heridos, aunque los cálculos extraoficiales hablaban de cientos. La mayor parte de ellos, víctimas de bombardeos en la barriada de Los Chorrillos, en la periferia de la capital.
Correspondería que al término de su condena, Noriega fuera enviado a su país de origen, Panamá. Pero todo indica que la justicia norteamericana accederá a una extradición solicitada por Francia, país donde se le reclama por lavado de dinero. Allí Noriega podría cumplir una nueva condena por 10 años, aunque por su edad seguramente no la cumpliría en prisión.
Mejor que no hable
En realidad, todo indica que el gobierno de los Estados Unidos quiere evitar que Noriega regrese a Panamá y correr el riesgo de que el ex dictador hable, y cuente de sus años en la CIA y las tareas que realizó entonces para la Central de inteligencia norteamericana. Círculos próximos a la defensa de Noriega argumentan que la decisión de conceder la extradición fue tomada por común acuerdo de los gobiernos de Francia, Estados Unidos y Panamá. Esto hace recordar a otra maniobra orquestada por tres gobiernos, cuando el Reino Unido, Chile y España acordaron no conceder la extradición del ex dictador Pinochet, argumentando su estado terminal. Un ardid para salvar la impunidad del sátrapa chileno, que vivió tranquilamente en Santiago unos cuantos años más y nunca llegó a ser juzgado por sus crímenes.
El abogado de Noriega, Frank Rubino, precisó que la extradición está dentro de un acuerdo de intercambios que incluye un contrato de 300 millones de dólares de trenes franceses de alta velocidad a Panamá. También afirmó que el error de Noriega fue no haber aceptado en su día el exilio dorado que le propuso Estados Unidos.
De eso sabe bastante -por ejemplo- Jean Claude Duvalier, que ejerció de dictador sucesorio de su padre Francois Duvalier en Haití. Cuando una revuelta popular terminó con su gobierno en 1986, Estados Unidos lo rescató con un avión C-154 de su Fuerza Aérea y lo puso a salvo en Francia, país que le concedió refugio por 8 días por razones humanitarias. Después Baby Doc, como llamaban a este cruel dictador, terminó radicándose sin problemas en la Costa Azul, donde dilapidó millones de dólares que robó al Estado haitiano.
Como se ve los exilios de los dictadores en la vieja Francia, dependen de los avales que tengan. En el caso de Noriega, queda claro que EEUU prefiere su silencio. En unos días, el destino del ex dictador deberá ser definitivamente resuelto por la justicia norteamericana.
Por Carlos Iaquinandi, Agencia SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa. www.serpal.info
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