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Cuando los libros también desaparecieron

La dictadura militar que asoló el país también dejó grandes heridas en nuestra región, donde se registraron gravísimas violaciones a los derechos humanos. Otro punto oscuro en la noche del Proceso fue la censura sobre la palabra escrita. En nuestra ciudad, la destrucción de textos tuvo uno de sus principales escenarios en la Biblioteca del Departamento de Humanidades, entonces nutrida del material incorporado entre 1973 y 1975.

Suele decirse que “todo libro que ha sido echado a la hoguera ilumina al mundo”. La frase de Ralph W. Emerson (escritor, filósofo estadounidense) puede leerse en una publicación que circula, de mano en mano, por los pasillos del edificio de Humanidades de la UNS, en 12 de octubre y San Juan de nuestra ciudad.
Precisamente allí tuvo lugar otro de los hechos oscuros que habitualmente hacen a la memoria de los períodos dictatoriales: la destrucción de libros. 389 volúmenes fueron eliminados del inventario de la biblioteca de Humanidades, hoy reconocida como “Arturo Marasso” y entonces llamada “Instituto de Estudios del Tercer Mundo Eva Perón”. Para conocer esta historia, EcoDias charló con Elena Bonora. Bibliotecaria de dicha entidad, dependiente hoy del Departamento de Humanidades, eligió trabajar esta temática de cara a la elaboración de la tesina de grado para la licenciatura en bibliotecología.
Con ese objeto, en 2008 presentó su trabajo “Libros prohibidos en la Biblioteca de Estudios del Tercer Mundo Eva Perón”, en el XI Congreso Solar que se desarrolló en Bahía Blanca.

Esa biblioteca
En el comienzo, fue el nombre. Tal como narró EcoDias en su edición anterior, la Biblioteca de Humanidades de la UNS fue bautizada con el nombre de Arturo Marasso en 1970. El escritor y catedrático formaba parte del cuerpo de principales promotores del entonces Instituto, en que se introdujo la idea rectora del saber integrado.
Con el retorno del peronismo al poder, en 1973, el propio Instituto y su biblioteca cambiaron de nominación y horizonte. “Instituto de Estudios del Tercer Mundo Eva Perón” es el sello que aún puede leerse en algunos de los libros ingresados por aquella época.
 A la fuerte atención prestada hasta entonces al área de estudios clásicos, se agregó en aquellos meses el interés por las temáticas sociopolíticas. Esto se tradujo en una gran incorporación de material, que se mantendría constante hasta 1975.
Muchos de estos libros formarán parte de la mayoría del corpus eliminado de esos anaqueles en el trienio siguiente, entre 1976 y 1979. Además, a partir del golpe militar de marzo se re entroniza un nuevo concepto en materia de acceso al material bibliográfico. “El acceso a la Biblioteca de Humanidades era desalentado, restrictivo, complicado, predominando el viejo paradigma de biblioteca conservadora antes que difusora”, comenta la autora del citado trabajo de ponencia.

Dar el parte
Contemporáneamente al decreto que ordenaba el aniquilamiento de la subversión, en 1975, el Instituto es cerrado y la biblioteca recupera informalmente el nombre de Marasso, o es mencionada directamente como “Biblioteca de Humanidades del Departamento de Ciencias Sociales”. Esa entidad fue conformada, hasta 1984, por la unificación de los departamentos académicos de Humanidades, Geografía y Economía.
Un año más tarde, con la irrupción de la concepción verticalista que revestía al proceso dictatorial en marcha, la biblioteca quedó completamente desvinculada de su pasado y comenzó a funcionar como mero anexo de la Biblioteca Central. “La bibliotecaria encargada de la entidad cautiva debe llamar puntualmente todos los días a las cuatro de la tarde al director de la biblioteca mayor a fin de dar el parte diario de todo lo acontecido en su lugar de trabajo”, ilustra el texto de Elena Bonora.

Sin claridad
Inmerso en la Doctrina de la Seguridad Nacional, el llamado “Operativo Claridad” supuso un punto de partida para la mayor sangría intelectual de nuestra historia, donde se incluyó no sólo la persecución de científicos y artistas sino también la destrucción de sus obras impresas.
La UNS no fue una excepción en cuanto a esta eliminación de material considerado “subversivo”. La resolución I- 600/76, firmada por el capitán de navío Raúl González el año de irrupción de la última dictadura militar, dispuso la destrucción de 700 volúmenes en esa casa de estudios. 212 moraban en la biblioteca de Humanidades.
El fundamento esgrimido para cometer tal faena supone “la necesidad de evitar la propagación del ideario marxista dentro del ámbito de esta Casa de Estudios”. También considera “que las publicaciones de la lista anexa, no persiguen un fin cultural respecto al necesario conocimiento de dicha doctrina, sino que por el contrario sólo buscan la difusión política de una ideología totalmente reñida con el sentir nacional”.
Entre los autores incluidos en el anexo previsto se cuentan Paulo Freire, Juan D. Perón, Lenin, Trotski, Lefevre, Bernardo de Monteagudo, Hernández Arregui, Fanon, Cooke, Arturo Jauretche, Puiggrós, Eduardo Galeano y el propio Karl Marx.
El orden que la lista presenta, que no puede atribuirse a cronologías, alfabeto o calificación ideológica, hace suponer que fue confeccionada con el material a la vista.
Elena Bonora muestra a EcoDias el inventario de la Biblioteca correspondiente a los ingresos realizados entre 1973 y 1975. Hay páginas enteras tachadas. Pero, como dice su mismo trabajo, “los libros desaparecidos siguen presentes debajo de la tachadura. Han sido eliminados pero quedan registrados para siempre. Es el testimonio que provoca interrogantes sobre un pasado no tan lejano y todavía doloroso”.
De los 212 volúmenes expurgados en 1976, hasta el momento solamente han sido repuestos 23 títulos. Este dato basta para ilustrar el daño producido por la disgregación cultural promovida por el régimen militar.
Todo ello ocurría en momentos en que varios estudiantes de las carreras humanísticas dictadas por la UNS resultaban víctimas de la represión clandestina. Tal como hace algunas semanas informó EcoDias, hoy su recuerdo está presente en la biblioteca, merced a las pinturas con que el artista González Perrín decidió conmemorar a sus compañeros ausentes.

Resguardo y misterio
1978 fue el año en que se rubricó la Resolución 0841/78, ampliatoria de la anterior. Con ese documento se agregó a la nómina original una nueva lista de títulos a expurgar, elevada por la dirección de la Biblioteca Central, de la que la biblioteca de Humanidades se había convertido en virtual apéndice.
El detalle de los títulos a retirar no ha podido ser hallado en el marco de la investigación llevada adelante por Bonora, por lo que debió reconstruirse a partir del inventario. Ese fino trabajo dio como resultado la conclusión de que 135 títulos y 177 ejemplares fueron remitidos a la Biblioteca Central que decidiría su suerte.
A diferencia de lo ocurrido con los ejemplares afectados por la resolución de 1976, entre los incluidos en el perdido anexo de 1978 la mayoría volvieron en 1988. 122 libros fueron asentados con nuevos números, mientras que otros 13 mantuvieron su numeración original en el inventario. Los registros remiten a otro documento hoy inhallable, el expediente 699/88.
Este hecho marca que los volúmenes derivados a la Biblioteca Central “fueron de alguna manera preservados. No ha sido posible determinar en qué lugar estuvieron escondidos, probablemente en algún rincón de la propia Biblioteca Central”, dice Bonora en su investigación. El dato abre las puertas a otro misterio, acerca de dónde y por quién fueron resguardados los libros amenazados.

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2010-11-29 00:00:00
Etiquetas: Bahía Blanca.
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