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La última defensa de lo nuestro
Categoría: Ecología

EN EL DÍA NACIONAL DEL ÁRBOL,

CUANDO EL DISIMULO

DE PLANTAR UN ARBOLITO NOS TRANQUILIZA

PARA NO VER EL BOSQUE QUE YA CASI DESAPARECIÓ.

 

Estas palabras y conceptos escuché la semana pasada de la boca y el corazón veraces y sinceros de varios ciudadanos argentinos de nuestros Departamentos San Martín, Rivadavia y Orán (Salta). Unos son miembros y otros también dirigentes de nuestros pueblos originarios.

Me alienta su lucidez; me aterra su futuro -que también es el mío. Me desespera su llamado a la unidad de los pueblos originarios y de todos los ciudadanos en defensa del bosque nativo y su pedido de ayuda a las instituciones que estamos cerca; me indigna, en fin, el monstruo grande que arrasa con cientos de miles de hectáreas en nuestro chaco salteño, mientras las autoridades despejan el camino destructor de las topadoras, las motosierras y la corrupción.

● “Pobres mis hermanos del Chaco, nos queda muy poco monte, se viene un futuro muy triste: ¿dónde se la van a rebuscar nuestros hijos y nosotros mismos cuando seamos ancianos?”.

● “Denunciamos y denunciamos pero la policía está prendida… Llega tarde cuando la hemos llamado muchísimas veces ¡qué casualidad! Siempre tarde llegan, cuando los camiones ya se fueron cargados de rollos. Otras veces nos han pedido que saquemos fotos y tomemos número de patentes, en fin, que la investigación se la hagamos nosotros… Cuando nos tuvimos que hacer casi detectives, hasta llegar al aserradero que compraba la madera, nos amenazaron de muerte. Y cuando la Policía Fluvial logró secuestrar un camión, la Policía Provincial, Gendarmería y Medio Ambiente arreglaron todo: allí no había pasado nada. Hay canchones de acopio de madera que han sido clausurados por Medio Ambiente de la Provincia, pero sigue habiendo movimiento en ellos, se sigue almacenando y llevando madera”.

● “El gobierno nos hace todo difícil a nosotros, menos a los dueños de los camiones, de las topadoras, de las cadenas y de las motosierras… al contrario, para ellos es todo el apoyo, y sin respetar la ley. Las audiencias públicas para desmonte, bien dibujaditas y como para que casi nadie se entere”.

● “Siempre los políticos están en el medio buscando que nosotros nos dividamos, buscando dar vuelta a algunos paisanos nuestros para que negocien, y abran puerta al desmonte a cambio de trabajo y unos pocos pesos. Hasta el Consejo de Participación Indígena mira para otro lado y negocia con legisladores provinciales por debajo de la mesa. No me gusta que nos pongamos en el papel de que nos falta inteligencia, tenemos que ver más allá… Nos dejamos joder por un bolsón, ellos consiguen los votos que tanto le interesan, aprovechándose de la necesidad de nuestra gente. Los intendentes también miran para otro lado y no le dan importancia, con tal de que tengamos los documentos para ir a votarlos y nada más”.

● “Los grandes finqueros y los compradores de madera a bajo precio nos dicen ‘Ustedes están sin trabajo, y la tierra y el monte están esperando… nosotros les damos trabajo, hay que ir desbajerando el monte’. Con motosierras en dos horas desmontan lo que nosotros, artesanos, carpinteros y carboneros, ni usamos en un año”.

● “No es fácil enfrentar a un poder inmenso. Nosotros contamos con la debilidad de nuestra inocencia, y hace falta que esté el INAI en forma transparente. Y, ¿dónde está el IPPIS? Asesorando a algunos de nuestros paisanos para sacar la madera sin necesidad de guías”.

● “Las fincas para poroto, soja y animales son grandísimas, hasta tienen encerradas a algunas comunidades, porque les cortaron el acceso a la ruta. No hay libertad de circulación para estos ciudadanos argentinos. Los guardias vigilan a toda hora, y guay si nos decidimos por cortarles los alambres. En nuestros departamentos de Orán, San Martín y Rivadavia tenemos la riqueza y la pobreza más grandes”.

● “Tenemos que unirnos y pronto, para frenar legalmente todo esto. Hacernos escuchar ahora, hoy, porque ahora, hoy, el monte está ‘caendo’. Ayúdennos a ver el futuro de otra manera, cerrando puertas al desmonte, y abriendo otras puertas a nuestros trabajos. La gente de nuestras ciudades se beneficia cuando venimos a vender y a comprar con la platita que sacamos de lo que producimos artesanos, carpinteros y carboneros. Pero hasta ahora no nos comprenden, nos dejan solos, y miran para otro lado…”.

 

Rodolfo Viano es sacerdote franciscano y reside en Aguaray (Salta).

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2007-09-01 00:00:00
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