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Variados testimonios
Pasada la feria judicial del mes de enero, el lunes 6 de febrero se reanudaron las audiencias en el cuarto juicio por delitos de lesa Humanidad. Este juicio tiene 35 genocidas imputados por más de un centenar de víctimas.
Categoría: Derechos Humanos

La jornada comenzó a las 15.35 hs. Solamente siete imputados en la sala, cuatro de los cuales gozan del beneficio de la prisión domiciliaria. El resto siguen las audiencias a través de video conferencias en diferentes lugares del país, algunos que se encuentran fuera de la ciudad, presencian las audiencias desde sus casas por tener prisión domiciliaria.


Testimonios

El primer testigo que declaró fue Héctor Agustín Christiani, en el año 1976 hizo el servicio militar en el V Cuerpo de Ejército en el Hospital de Evacuación 181. Manifestó no recordar las rutinas y actividades que se desarrollaban siendo conscripto, salvo que el jefe era el Mayor Ibarra, que estaba a cargo de una Compañía, la Agrupación Tropa. También recordó que estaba el Sargento Cáceres y que le decían “La mula”. Comentó que los soldados le tenían miedo a Cáceres.

El segundo en declarar fue Oscar Alberto Piñero, lo hizo a través de video conferencia ya que no se encontraba en la sala de Colón 80. Realizó el servicio militar en 1976, ingresó unos días antes del Golpe de Estado. Relató que fue directamente al “campito” alrededor de 40 días y después lo pasaron a la cuadra. Su destino dentro del Vto. Cuerpo de Ejército fue el Hospital de Evacuación. Reconoció a Bayón como jefe. Expresó que a él lo derivan a la Compañía Antiguerrilla donde estaba el Subteniente Masson. Contó que estaba Cáceres y que todos le tenían miedo. En un momento de la declaración, expresó que todo lo que estaba pasando en el país, se enteró después del 83, con la venida de la democracia.

El tercer testimonio lo realizó Ángel Urquiza mediante video conferencia. En 1976 Urquiza era obrero de la construcción, él estaba trabajando en una obra conducto de desagüe para las cloacas de Bahía Blanca, en la ruta que une Ing. White y Bahía Blanca, era todo campo y no había casas. Estuvo en el reconocimiento de los cuerpos asesinados de Trujillo y Arrieta. Comentó que la policía se acercó a la obra y solicitó dos testigos voluntarios y él aceptó. Era una mañana de 1976 y la policía lo convocó para que sea testigo de dos cadáveres encontrados cerca de donde estaba trabajando. Contó que vio dos cuerpos que estaban atados, tenían atadas las manos y los pies con cinta de cortina para enrollar, que uno de los cuerpos estaba con la cabeza para abajo y que no pudo ver su rostro. Relató que había un charco de sangre que estaba fresca en ese momento. El otro cuerpo estaba con la cabeza hacia arriba, también atado. La cabeza estaba llena de sangre y el cuerpo tenía marcas de torturas, lo que él supuso que eran quemaduras de cigarrillos y de picana eléctrica. Luego volvió a su trabajo y por la tarde fue a la Comisaría de Ingeniero White a declarar lo que había visto. Urquiza no supo los nombres de las dos personas asesinadas, hasta que hace poco lo leyó por internet.


Solícito y dialogado

La última declaración del día lunes, la dio Daniel Horacio Randazzo. Narró que en 1976 era estudiante de la carrera de Economía en la UNS y era secretario la Federación Juvenil Comunista. Cuenta que en septiembre de 1976, estaba junto a su esposa, Hilda Abad, en la ciudad de Coronel Dorrego, de donde son oriundos, allí se produjo un operativo en el cual secuestraron a seis o siete personas. A él lo van a buscar a la casa de los suegros, pero no lo encontraron porque estaba en una peña. A los 25 días aproximadamente de ese operativo, se produjo otro operativo más de día en el que se realizó un rastrillaje casa por casa desde la mañana temprano. En ese contexto entran en la peluquería del padre de Randazzo y detienen a toda su familia, al padre, la madre y la hermana. Dijo que cuando interrogaron al padre, lo hizo Osvaldo Lucio Sierra y que, ante la consulta de Randazzo padre sobre la situación de su hijo, Sierra le dijo “que me venga a ver”. Es así que, diligente, Randazzo hijo se presentó en la sede de Inteligencia, en Bahía Blanca. Randazzo fue por su propia voluntad a ver al Mayor Osvaldo Sierra en calle San Martín al 100 y contó que el imputado que lo saludó con un “Encantado Randazzo”, “la verdad que el prontuario que usted tiene acá adentro es muy serio”, a lo que Randazzo pidió “aclarémoslo, yo no tengo nada que ocultar”. Y le dice el represor que para tomarle declaración lo tenía que detener, porque no era legal tomar declaración sin detenerlo. Así que le dice que vuelva al día siguiente para tomarle declaración y Randazzo así lo hizo. Volvió al día siguiente y Osvaldo Lucio Sierra al tomarle declaración le hizo prometer “que si algún día le preguntamos por esta declaración, usted tiene que decir que estaba encapuchado, en un lugar que no conoce, que no sabe dónde es y que después de varios días de estar encapuchado, lo dejaron en libertad, en el parque de Mayo, de noche encapuchado”. Finalizando la charla Sierra le dio recomendaciones.

Fue desconcertante para muchos de los presentes escuchar cómo el testigo relató su “declaración” con Sierra la que por momentos pasó -según las impresiones del relato- a ser una suerte de charla en la que Randazzo hasta se dio el lujo de cuestionar el “método” que empleaban los genocidas: “Por qué no lo hacían de día, por qué no juzgaban en tribunales reconocidos a cada uno de los detenidos”; situación totalmente inédita para la época que se vivía, octubre de 1976.

Previa a esta presentación con Sierra, ya se había presentado espontáneamente en la comisaría del pueblo y en el V Cuerpo también, para “aclarar” su situación.


“Que nos digan que hicieron con los cuerpos, con los desaparecidos, con los niños que todavía no aparecen”

El martes 7 de febrero, la audiencia comenzó a las 9.30 hs., con siete imputados en la sala y el resto siguiendo el debate por videoconferencia.

Declararon siete testigos en total en el transcurso de la mañana, 6 por videoconferencia desde Neuquén y una por videoconferencia desde Mar del Plata.

El primer testimonio por videoconferencia desde Neuquén fue el de Roberto Liberatore, quien da cuanta de conocer al imputado Antonio Camarelli. Su caso ya ha sido juzgado en la localidad de Neuquén. Fue detenido en la localidad de 5 Saltos en septiembre del año 1976 y llevado a la comisaría de Cipolleti, en donde ve a Camarelli. Allí fue esposado, vendado y golpeado por tres personas, que serian subalternos de Camarelli. Trabajaba en la fábrica Indupa y era representante de la comisión interna del Sindicato, por lo que cree haber sido esa la causante de su detención. De la comisaria de Cipolletti lo llevan, a lo que el identificó como el CCD La Escuelita de Neuquén.

El segundo testigo, también por videoconferencia, fue Mario Daloff. Su caso está en investigación en la fiscalía de Bahía Blanca. Era estudiante de Economía en la UNS. Fue secuestrado el 26 de marzo de 1977 en nuestra ciudad. Es encapuchado y atado, lo suben a un auto y comienzan un trayecto largo, de más de una hora, en el cual lo van interrogando sobre un atentado ocurrido en un silo de Ingeniero White. Fue llevado a un lugar donde permaneció alrededor de 15 días. Allí fue picaneado, lo encadenaron a una cama “como a cristo en la cruz”. Su madre y su tía, buscándolo, se entrevistan con el Mayor Sierra, allegado al general Catuzzi. Les comentaron que posiblemente lo liberaran los primeros días de semana Santa, cosa que sucedió. Fue liberado en un camino rural, cerca de una papelera, “antes de irme, me comentaron que era la primera persona que salía con vida de ese lugar. El lugar era en Villa Ventana, en un hotel que creo que era de los alemanes en su momento, ahora está destruido”. El testigo relató que pasados seis años, salió a cenar con unos amigos, y escucho hablar una persona que reconoció su timbre de voz, como alguien que estaba presente cuando lo torturaban. Ese timbre de voz supo que correspondía al médico Humberto Adalberti quien trabajó para el ejército y en ese momento era jefe de la Cruz Roja de Bahía Blanca.

La tercera persona en declarar, desde Neuquén, fue Eduardo Guillermo Buancha, quien relata conocer a varios de los imputados en esta causa por vivir en el mismo pueblo que algunos de ellos, Junín de los Andes. Los imputados que conoce son: Cañicul, Domínguez, González, Lavallen, Martínez y Reinhold. Su caso también fue ya juzgado en Neuquén. El testigo relata que él era diputado provincial y comienza a ser buscado por el Ejército. Se contacta con el obispo Jaime de Nevares para que averiguara porqué era buscado. Le consigue una entrevista con Reinhold para aclarar su situación y de ahí es trasladado a la cárcel por el mayor Farias, donde paso 15 meses detenido y secuestrado en diferentes lugares, incluyendo Bahía Blanca.

Cuando es liberado se exilia 8 años y al volver, en pleno momento de impunidad debido a las leyes de obediencia debida y punto final, algunos baqueanos, le contaron que eran quienes lo cuidaban mientras permaneció secuestrado en Bahía Blanca durante 20 o 30 días, aunque más adelante, al reabrirse los juicios en el 2005, se lo niegan. Realizó junto a otros secuestrados, un reconocimiento a la Escuelita, donde pudo identificar su lugar de secuestro.

Cerró su declaración diciendo: “la mayoría de ellos son muy cristianos, yo sugeriría, si realmente quieren arrepentirse de verdad, que nos digan que hicieron con los cuerpos, con los desaparecidos, con los niños que todavía no aparecen”, “si ellos realmente creen que dios los va a juzgar, y sería hora ya de que se empiecen a arrepentir, porque fue demasiado grave lo que ellos hicieron”.

La cuarta testigo fue la Elvia Toledo, quien era la esposa de Ángel Arrieta al momento de su asesinato, víctima en esta causa. Ambos tenían una hija de 5 años. Refiere que sabía que su marido tenía militancia política, y que se enteró de lo sucedido por un hermano de Ángel, sin aportar muchos más datos.

En quinto lugar, declara la testigo Susana Mordasini, también desde Neuquén. Fue secuestrada el 2 de Febrero de 1977 de la casa de su abuela en la ciudad de Neuquén y con anterioridad también habían secuestrado a su hermana. Permaneció secuestrada en Neuquén y luego fue trasladada a Buenos Aires donde fue alojada en el calabozo de un edificio céntrico.

En Neuquén uno de los que estuvo presente en la alcaldía fue el imputado en este juicio, Osvaldo Laurella Crippa y era quien supervisaba lo que allí sucedía.

Posteriormente se cita a declarar, también desde Neuquén, a la hija de la victima Ángel Arrieta, Elvia Arrieta, quien al ser muy pequeña en el momento de los hechos, no pudo aportar mayores detalles.

La ultima testigo del día, fue también por videoconferencia pero esta vez, desde Mar del Plata. La testigo fue Norma Lorenzo, hermana de Roberto Lorenzo, víctima de esta causa. Roberto era de Necochea, estaba estudiando en nuestra ciudad y ya se había recibido de técnico electromecánico. Era compañero de Rita Mercero de Sotuyo y de Luis Alberto “Piqui” Sotuyo y los tres fueron secuestrados juntos, justo antes que Roberto regrese a Necochea. Relata no saber y no recordar demasiado ya que eran su padre y su marido quienes realizaron todos los tramites y pedidos ante las autoridades en ese momento, y ambos están fallecidos.

Finalizadas las Audiencias de esta semana, se paso a un cuarto intermedio hasta el 21 y 22 de febrero en que se espera concluya la etapa de declaración de testigos solicitados por la Fiscalía.

Autor: Redacción Ecodías

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2017-03-01 00:00:00
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