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El compromiso militante
El Tribunal Oral Criminal en lo Federal (TOCF) subrogante escuchó el pasado 11 de noviembre, las declaraciones de Florentina Rodríguez, Carlos Eraldo y Alejandro Eraldo, sobre la desaparición de Norberto “Bocha” Eraldo y el secuestro y posterior liberación de Eduardo Eraldo. Las declaraciones se enmarcaron en la audiencia pública del juicio oral y público por delitos de lesa humanidad perpetrados mediante el control de operaciones del Comando V Cuerpo de Ejército y la Armada Argentina desde la Base Naval Puerto Belgrano.
Categoría: Derechos Humanos

El Tribunal Oral Criminal en lo Federal (TOCF)
subrogante escuchó el pasado 11 de noviembre, las declaraciones de Florentina Rodríguez,
Carlos Eraldo y Alejandro Eraldo, sobre la desaparición de Norberto “Bocha” Eraldo
y el secuestro y posterior liberación de Eduardo Eraldo. Las declaraciones se enmarcaron
en la audiencia pública del juicio oral y público por delitos de lesa humanidad
perpetrados mediante el control de operaciones del Comando V Cuerpo de Ejército
y la Armada Argentina desde la Base Naval Puerto Belgrano.

En el marco del juicio oral y público por delitos de lesa humanidad perpetrados
mediante el control de operaciones del Comando V Cuerpo de Ejército y la Armada
Argentina desde la Base Naval Puerto Belgrano; Carlos y Alejandro Eraldo junto a
su madre Florentina Rodríguez, dieron testimonio el pasado 11 de noviembre sobre
la desaparición de Norberto “Bocha” Eraldo, el mayor de los hermanos; y el secuestro
de Eduardo Eraldo.
Carlos nació en Punta Alta, provincia de Buenos Aires, el 25 de diciembre de 1956.
Allí vivió junto a su papá Eduardo, su mamá Florinda y sus hermanos, Norberto Eduardo
al que le decían “Bocha”, seis años mayor y Alejandro, trece años menor.
La familia Eraldo comenzó la militancia por impulso de “Bocha”, cuando se inició
la campaña presidencial de Héctor Cámpora en el 1972. Carlos tenia trece años de
edad y “Bocha” había empezado a participar en algunos grupos políticos en lo que
fue la juventud peronista organizada por “Tigre” Miranda, a partir de la agrupación
“Descamisados”. Debido a la participación activa de “Bocha” en la militancia, fue
que en la casa de Carlos se empezó a discutir y a debatir sobre política cotidianamente.
“En Punta Alta nuestra casa era la central de la juventud peronista, por ahí pasaba
todo. Ninguna unidad básica tenía importancia como la tenía mi casa. Una casa de
militantes. Cuando uno se iba a la mañana no sabía cuanta gente iba a estar a la
noche y cuando te acostabas a la noche no se sabía con cuanta gente te ibas a encontrar
a la mañana”, relató Carlos.

La militancia
En 1972, previo a la elección de Cámpora como Presidente de la Nación, Carlos,
junto a varios compañeros entre los que se encontraban Ulises Gelos; organizaron
la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) en Punta Alta, que no existía hasta ese
momento.
A partir de las bajadas de línea, las charlas y de las ideas que se compartían en
el ámbito de la Juventud Peronista fueron reclutando gente. Para esto realizaban
militancia territorial en dos o tres unidades básicas que habían conformado. En
“Villa del Mar”, “Nuevo Bahía Blanca”; y también estaba el grupo de la parroquia
del Padre Miguel, en “Ciudad Atlántida”.
Cuando Perón retornó al País, luego se su exilio, Carlos y sus compañeros fueron
a Ezeiza para participar del acto de recepción, junto a militantes de todo el país.
Al momento de la asunción de Perón, luego de la renuncia de Cámpora, se empezó a
enrarecer el clima. Comenzó la persecución y desde el gobierno a “ralear” a todos
los que estaban en el ala de la JP; gobernadores, legisladores y todos los puestos
que ocupaban, debido al avance de la derecha del peronismo que se pone más de manifiesto
en Ezeiza, cuando los grupos de derecha del sindicalismo generan la matanza. Eso
se podría leer como una declaración de una batalla interna por parte de la derecha
peronista, que luego conformaría la “Triple A”.
“Bocha” luego de finalizar el secundario y de pasar por la carrera de Medicina en
La Plata y por Abogacía en Rosario, decide estudiar Economía en la Universidad Nacional
del Sur de Bahía Blanca.
Con motivo de facilitar la vida familiar, Eduardo, el papá de Carlos pidió el traslado
desde la Base de Puerto Belgrano Punta Alta, donde trabajaba, hacia la Base Comandante
Espora de Bahía Blanca. Y una vez establecidos allí, Bocha, se incorporó a la militancia
en los grupos de Bahía Blanca y Carlos en la Unión de Estudiantes Secundarios bahiense,
junto a muchos otros compañeros. Eran una generación de “no espectadores”.
Desde la organización de los jóvenes en la UES, se trabajaba mucho en las escuelas
medias. Participaban de las instancias la “nueva educación” del 73, con las jornadas
de discusión pedagógica, elecciones del centro de estudiantes, gobierno cuatripartito
en la escuela; organizando los actos de efemérides. Se discutía, hacían propaganda,
pintadas, volantes. Leían material, brindaban apoyo escolar, realizaban actividades
culturales, “jornadas de reconstrucción nacional” en barrios, referido con el trabajo
de masas.
Algunas de las tareas consistían en ir a algún establecimiento escolar y trabajar
en la mejora edilicia. Se limpiaba y pintaba. Entonces un grupo trabajaba con la
gente del barrio, en distintas cosas. También, en ciertos horarios se realizaban
reuniones grupales de estudio y de discusión política, donde hacían síntesis y era
permanente el ejercicio de la crítica y autocrítica. Estaban eligiendo un modo de
vida de compromiso con lo que consideraban los intereses populares, los sueños populares.
Dedicaban su vida a cambiar el mundo y eso era desde la mañana hasta la noche, era
permanente. En definitiva, la militancia era conocer el proyecto nacional y popular,
el motivo de la militancia radicaba en que había un consenso generalizado de cambio.
Cuando Carlos llegó a Bahía Blanca con su familia, el proceso de acción de la Alianza
Anticomunista Argentina (AAA) conformada por patotas de la CGT y grupos de la derecha
peronista, monitoreadas por José López Rega a nivel nacional y por Rodolfo Ponce
en Bahía Blanca, estaba bastante avanzado, de hecho sus compañeros le advirtieron
sobre aviso de la CGT de Bahía Blanca que estaban rondando muy cerca del lugar donde
se juntaban los miembros de la UES, que se llamaba “ATUNS”, de propiedad de los
no docentes de la Universidad Nacional del Sur (UNS). Y, según cuenta Carlos, Ponce,
había estado trabajando como preceptor en las escuelas medias.
Aparte del trabajo que realizaba, Eduardo, el papá de Carlos, en la base Comandante
Espora, habían tomado con la familia la concesión del restaurante y bar del Gran
Hotel Belgrano en Bahía Blanca Era un espacio de trabajo familiar al que poco a
poco se fueron sumando empleados que en su mayoría eran compañeros de militancia.
“Recuerdo que estaba el “Colorado” Bonini, el “Colorado” González, dos colorados
(aclara entre risas); en una época trabajo con nosotros Nancy Cereijo, quien hoy
está desaparecida; y también una amiga de ella. Además estuvo Estela Maris Ianarino
un tiempo laburando. Y bueno, el tiempo transcurría entre el trabajo y la militancia
política en la UES”, cuenta Carlos.

Primer secuestro de Bocha
Cuando Perón le soltó la mano, no solo a todo el peronismo de izquierda, sino
de toda la juventud que lo había apoyado tanto, comienzan la persecución y las detenciones.
En Bahía Blanca lo detienen a Ulises Gelos, junto a Susana Molina y a su hermano.
Ellos son detenidos políticos y al poco tiempo les dan la opción para irse del país
y la aceptan. Las listas con nombres de militantes empezaban a circular y las “fuerzas
de seguridad” se servían de ellas para buscar gente.
Bocha, en esa época, iba a comprar pulóveres a una fábrica de ropa en Mar del Plata
y los vendía en Bahía Blanca. En un viaje de regreso desde Mar Del Plata, fue detenido
en una razia que la Infantería de Marina, realizó en el micro de larga distancia
en el cual viajaba. Él hacía muchos años que estaba en un noviazgo serio con una
chica. Estaban prácticamente todos los días juntos. La novia pasaba más tiempo en
la casa de la familia Eraldo, que en la pensión donde vivía. Era de Punta Alta y,
según las palabras de Carlos, los acompañó mucho en todo lo que fue posterior al
secuestro de Bocha.
Luego de la detención arbitraria de Bocha, las “fuerzas de seguridad” no informaron
de lo ocurrido a la familia, sino que se enteró a través del chofer del colectivo.
Después de algunas averiguaciones, pudieron dar con el paradero de Bocha. Estaba
alojado en el buque “9 de Julio” en Puerto Belgrano.

El primer secuestro de Bocha
Eraldo, fue dentro de todo y como para catalogarlo de algún modo, una detención
más “blanda”. Si bien hubo torturas, no fue lo que luego fueron los centros de detención
clandestina, asegura Carlos. Pasado un tiempo, la familia Eraldo accedió a cruzarse
una correspondencia con Bocha, con previa inspección de la Marina. Florentina, su
madre, iba todos los días durante el bimestre que duró la detención esperaba en
la entrada de la base, donde le daban alguna carta de su hijo y ella dejaba otras
para Bocha.
 “Yo me acuerdo bien cuando lo liberan a Bocha.
Recuerdo que estaba en el secundario en el Colegio Nacional de Bahía Blanca y salgo
una noche de clases y estaba mi hermano con su novia y unos amigos, esperándome
en la puerta. Ese momento es una de esas fotos que tengo grabada de la alegría,
fui corriendo a abrazarme con mi hermano que al otro día muchos compañeros me preguntaban
“Che, ¿con quién te encontraste el otro día? Que saliste a abrazarlo”. De algún
modo en ese momento, porque hay que situarse en los momentos, ahora con el diario
del lunes todos sabemos qué paso, pero en ese momento nosotros pensamos que eso
era todo, digamos”; sostuvo Carlos y continuó; “Eso, que era para sacar información.
Por lo menos eso es lo que nos contó Bocha en ese momento, pero yo creo que mi hermano
achicó mucho lo que vivió como lo hicieron la mayoría de los que estuvieron ahí.
Y bueno, de algún modo nos quedamos con la idea de que eso era todo, como había
sido en otros golpes militares, ¿nó?… Aprietes a los militantes para que dejaran
de tener actividad política. Intimidar, meter miedo y que eso era todo. Esa primera
detención de Bocha, para nosotros fue peor, porque fue como pisar el palito. Probablemente
si no hubiese pasado eso y hubiésemos visto otras cosas, podríamos haber tomado
una medida más drástica respecto al alejamiento nuestro”.
Hay imágenes que quedan grabadas en la mente. Carlos habla de un día en particular:
“no me voy a olvidar nunca, cuando me llama Bocha y me dice: “Vení que vamos a charlar
un rato”-. Y la verdad que mi hermano me dijera “vení, vamos a charlar un rato”,
era preocupante. Fuimos a una placita a dos cuadras de casa y el trato de explicarme
y de decirme que aflojara, que no estuviera tan activo en la militancia, que la
cosa estaba difícil, que se estaba poniendo duro, que se estaban llevando gente.
Y yo, digamos, que le di más o menos bolilla. No le hice mucho caso, pero tampoco
cayó en saco vacío. Porque de algún modo uno se daba cuenta de lo que estaba pasando
y además me lo decía mi hermano, que tenía seis años más que yo; entonces lo que
decía mi hermano era una autoridad, aunque él no lo notara o no se lo hiciera notar”.

Segundo de Bocha y primero de Eduardo
En abril del 76 a un mes del golpe militar, si bien continuaban en la militancia,
los grupos peronistas en Bahía Blanca se empezaron a dispersar un poco más y las
reuniones se daban en el marco de alguna acción específica. No realizaban reuniones
netamente políticas como antes. En ese contexto se produce el segundo secuestro
de Bocha.
La noche anterior, Carlos, su mamá y su hermano menor, Alejandro, iban desde el
Hotel hacia su casa, ubicada al lado del Club Estudiantes, que por ese entonces
tenía un descampado contiguo. Antes de llegar a la puerta aparecen unos tipos encapuchados,
cortan la calle y los hacen tirar a un pastizal.
Lo primero que pensaron fue que algo ocurría en su casa. Cuando se fueron los encapuchados,
subieron al departamento- No había pasado nada, el operativo había sido en la casa
de una militante que vivía enfrente. Bocha estaba bien.
Al día siguiente, ya de noche cuando toda la familia estaba a punto de dormir, golpearon
la puerta. Eduardo y Bocha intentaron escapar por el techo de un vecino, saltando
un pasillo. Como Bocha había tenido Poliomielitis, tenía una renguera que no le
permitía hacer ciertos movimientos. Por eso desistieron de la idea de huir
Carlos abrió la puerta. Inmediatamente ingresó un grupo de encapuchados de Infantería
de Marina, que llevaban armas largas.
Los reconocieron porque habían vivido en la base de Punta Alta, por lo que conocían
la vestimenta, la forma, las armas y hasta el olor que tenían los infantes de marina.
Los encapuchados hicieron vestir a Bocha mientras apuntaban a Carlos con un arma
y a Florentina, Eduardo y Alejandro los retenían en la pieza. Le dicen a Flora que
le alcance ropa a Bocha a lo que él contesta que no se haga problema, que seguro
lo llevan para preguntarle algo más y que volvía en seguida. Esa fue la última vez
que vieron a Bocha.
Días después, empezaron a hacer averiguaciones en la base para dar con el paradero
de Bocha. Esta vez, sin obtener ningún tipo de respuesta. Toda la familia de Carlos
pensaba que podía ser como la primera detención. Permanecían a la espera, día tras
día.
“En una noche en que papá volvía a casa desde el hotel, lo interceptan un grupo
de soldados encapuchados en un Falcon y se lo llevan. Y cuando uno tiene un ser
querido desaparecido uno piensa que todo lo demás no cuenta, pero con el tiempo
me di cuenta que sí cuenta. Porque no es lo mismo que secuestraran o persiguieran
a una familia económicamente bien parada que tiene recursos para escaparse, para
moverse o hacer lo que fuera, a que persiguieran a una familia que vivía el día
a día como nosotros”.
La única entrada económica de la familia Eraldo era, aparte de los trabajos que
realizaba Eduardo en la base, la concesión del hotel. Mientras tanto seguían buscando
y presentando recursos de “Habeas Corpus” 1y haciendo pedidos tanto por Bocha como
por Eduardo. Y pensando, además, de que era cuestión de tiempo para que se llevaran
a Carlos. Por eso deciden dejar el departamento dónde vivían y no volver más.
Dormían en una habitación alquilada en el City Hotel, aunque algunas noches intentaban
conciliar el sueño bajo el mostrador del Gran Hotel Belgrano. También pasaron por
diferentes pensiones y hoteles. La razón, se fundaba en que no tenían recursos económicos
para hacer otra cosa y no querían tener un paradero fijo, ubicable.
Sin darse cuenta, empezaban a despedirse de Bahía Blanca. Era inevitable y una de
las pocas alternativas que tenía la familia.
Carlos, Florentina, el pequeño Alejandro y la novia de Bocha, que había dejado su
pensión y los acompañaba, pasaron por muchos lugares de mala muerte hasta dar con
la pensión de “Maruca”.
Luego de su liberación, Eduardo no logra localizar al resto de la familia porque
no sabía dónde estaban. Hasta que contacta a la hermana del cuñado, quien lo lleva
al Gran Hotel y ahí, alguien del hotel le informa dónde estaban Carlos y su mamá.
“A papá lo liberaron en un muy mal estado de salud. Lo habían torturado mucho. Siempre
me acuerdo que tenía una marca blanca en los ojos, de las vendas. Caminaba con mucha
dificultad, siempre haciendo pasos cortos, porque le dolían las caderas. Estamos
hablando del año 76, mi papá tenía 46 años. Por ende, no es lo mismo que te agarren
cuando tenés 23 años, que cuando tenés 46. De eso me doy cuenta ahora que tengo
55”.

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2014-11-24 00:00:00
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