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Así no
Los 8 de mayo es el Día Nacional de la Lucha contra la Violencia Institucional. En nuestra ciudad el caso de Giuliano Gallo fue uno de los que engrosó la larga lista de víctimas de esa violencia.
Categoría: Derechos Humanos

La violencia institucional es una de las asignaturas pendientes de esta democracia.

La transición de la dictadura a la democracia generó variados desafíos y las metodologías del terrorismo de Estado no lograron modificarse con la llegada de la democracia en 1983.

En tiempos en que el Estado Argentino aprobaba las “leyes del perdón”, la Ley de Punto Final en 1986 y la Ley de Obediencia Debida en 1987, en la localidad de Budge, efectivos de la policía de la provincia de Buenos Aires asesinaban a tres jóvenes en una esquina.

El 8 de mayo de 1987, en lo que hoy conocemos como la “Masacre de Ingeniero Budge”, fueron asesinados Oscar Aredes, Agustín Olivera y Roberto Argarañaz; por efectivos policiales. Fue uno de los primeros casos de lo que se dio en llamar gatillo fácil que generó una movilización y organización barrial ante la impunidad policial y judicial.

En memoria de esos asesinatos y de tantos otros jóvenes asesinados por fuerzas policiales es que los 8 de mayo se conmemora el “Día Nacional de la Lucha Contra la Violencia Institucional” (Ley Nº 26.811).

En nuestra ciudad signada por el terrorismo de Estado y con juicios de Lesa Humanidad finalizados y a la espera de otros tantos, el tema de la violencia institucional nos tocó de cerca.


Yuli

A Sonia Acuña le asesinaron a su hijo Giuliano, Yuli le decían.

El viernes 1 de febrero del 2008, a la madrugada, un efectivo de la policía bonaerense, Rodolfo Guidobono, que ejercía sus funciones en la Comisaría Segunda ingresó a una vivienda del barrio Mi Casita e hirió de muerte a Giuliano Gallo, hijo de Sonia. Fue con un disparo de su arma reglamentaria, una Browing 9 milímetros.

Giuliano y sus amigos estaban cometiendo el «delito» de escuchar música fuerte.

“Yuli” -como cariñosamente le decían en su familia- cumpliría 15 años el 6 de agosto. Vivía con su mamá y sus cuatro hermanos en una casa del barrio Nueva Belgrano, a 15 cuadras de Facundo Quiroga al 500, donde ocurrió el hecho.

Sonia en aquel entonces le dijo a EcoDias: “No lo esperaba a esto, me tocó a mí y no lo puedo creer. Yo estaba en mi casa, como todos los días mi hijo se fue a la casa de los amigos”. No volvió más.

“Se juntaban con los chicos y escuchaban música y tomaban mate. Lo único que hacía era fumar, pero yo sabía que mi hijo fumaba. A los chicos y a mi hijo les hicieron análisis para ver si tenían drogas o alcohol porque todo el mundo dice eso y no salió nada porque estaban tomando mate. Eso no lo dicen”, relataba Sonia indignada.

Yuli era un adolescente común que ayudaba en el cuidado de sus dos hermanos más chicos de 11 y 4 porque sus dos hermanos mayores y su mamá trabajan “yo en un restaurante y de los chicos, el varón en una panadería y la nena como ayudante de cocina”.

Guiliano jugaba al fútbol en el club Avellaneda, le gustaba mucho jugar al fútbol, quería ser jugador profesional. Fue a la Escuela 74 y al Jardín 920.

“A mí ni siquiera me entregaron la ropa de mi hijo, no tengo ni una fotocopia de los trámites de nada, ni un papel escrito, lo único que tengo de la policía son amenazas para los chicos que declararon y para mi hijo mayor. Todo porque es hermano de Giuliano y todo porque la madre pide justicia, y yo no sé ni de dónde sacaron el nombre de mi otro hijo”, denunciaba la madre de Yuli en aquel entonces.

Para ese momento este se convertía en uno de la quincena de casos que habían ocurrido en el transcurso de tres meses aproximadamente.

Todo roto y baleado, la policía rompió la puerta para entrar, que quedó toda golpeada, les pegaron y les dijeron que salieran o los mataban a todos. Aunque la versión oficial hacía foco en que un vecino había alertado a la policía sobre “ruidos molestos” y que cuando  los agentes llegaron “se produjeron hechos entre particulares y policías que motivaron que un policía efectuara disparos”. Dos de esos disparos le dieron a Giuliano. Por testigos se supo que el disparo que habían escuchado los policías había sido efectuado por el vecino que hizo la llamada.

Como resultado del episodio, los seis policías involucrados en el operativo fueron pasados a disponibilidad preventiva y el autor del asesinato  Ricardo Guidobuono, fue detenido. Desde la propia fuerza salió a flote la idea del “loco suelto” con la clásica versión de “se desbordó”.

El caso llegó a la justicia y en 2010 Rodolfo Guidobuono, llegaba al juicio beneficiado con un arresto domiciliario y fue absuelto durante el desarrollo del juicio oral. Se apeló y la Suprema Corte de la Provincia había ordenado la elevación a un nuevo juicio. Guidobuono se murió antes.

Autor: Redacción Ecodías

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2016-05-17 00:00:00
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