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Un mundo de creatividad
Categoría: Cultura

“Es Cultura” es la muestra que 17 alumnos del taller del escultor bahiense Rafael Martin montaron en la Casa de la Cultura de la UNS.
El día de su inauguración -mientras acomodaban las piezas para ser expuestas hasta el próximo 6 de abril- nos acercamos a Alem 925 para tener unos minutos a solas con este artista y maestro que daba los últimos retoques a la exposición.

“La muestra cuenta con el trabajo de los alumnos del taller, desde los principiantes, con la primera obra que hicieron en su vida y los alumnos de algunos años más. Con esto intentamos demostrar los pasos y el camino que sigue la gente, desde los primeros pasos de tocar el material, hasta el desarrollo de su creatividad” relató el escultor.
Amable y atento con todos los presentes, lo acompañaban varios alumnos e incluso algunos ex aprendices que siguieron sus carreras en otros lugares y aun hoy lo siguen y lo utilizan de referente.
“Trabajamos mayormente con materiales directos. La gente no puede dedicarse cuatro horas por día como sería en una escuela, sino unas pocas horas al mes. Intento privilegiar la expresión al desarrollo de técnicas complicadas. Se modela mucho en el taller, hay gente que trabaja con objetos encontrados, con papel, arcilla, terracota patinada o coloreada y las técnicas que sean directas. Así hay tiempo para reflexionar más y hacer más obra para no pasar todo el año con técnicas complicadas. Directamente trabajamos y el uso de las técnicas van surgiendo a medida que las utilizamos, pero sí nos dedicamos a las técnicas complicadas, como moldes, contramoldes o pulidos”.

Cuestión de tiempos
Respecto al tiempo que lleva la estructura y las motivaciones que tienen los artistas, Martin dijo: “Tenemos que separar las actividades de nuestra sociedad, como el comercio, la industria, la ganadería, y la agricultura; con el arte que requiere otros tiempos y otros momentos. Cuando alguien se pone a escribir un libro no sabe cuanto tiempo le va a llevar. Y con la motivación o de donde sale, acá nada se parece a nada, no hay dos piezas que tengan un parentesco, si no es del mismo autor, porque trabajamos con lo de adentro de cada uno, con lo interno, que sale por distintos canales, no se copia porque cualquiera que copia se despersonaliza, para nosotros es mala palabra. Yo insto a mis alumnos que lean revistas de arte o películas relacionadas pero cada uno saca dentro suyo lo que quiere y se vale de las herramientas que tiene”

Enseñar y compartir
Pero ¿por qué seguir enseñando cuando podría dedicarse a sus obras y a disfrutar los logros obtenidos hasta ahora?
“Luego de hacer la propia obra, de la expresión personal, enseñar lo que uno hace creo que es lo que más me interesa en la vida, pasar a otro el conocimiento y el gusto por el arte. Yo no doy instrucciones, no digo lo que tienen que hacer ni le toco el trabajo a nadie, le puedo señalar algo técnico, pero me gusta compartir esto con mis alumnos, por lo que tenemos en común que es la sensibilidad y las problemáticas sociales del ser humano”.

Subjetividades
 “La escultura en mi vida me dio solo satisfacciones, y pude dedicarle mi vida al arte a pesar de ser tan difícil hacerlo en Bahía Blanca. Me llevó a dar varias vueltas por el mundo. Todas las satisfacciones son destacadas en mi vida. Los premios no, porque hace unos años, desde el año 1985, he renunciado, no participo de concursos, tengo el gran Premio de Honor del Certamen Nacional y el premio Konex -Las 100 Mejores Figuras de la Historia de las Artes Visuales Argentinas-, con esos dos me conformo. Está bueno tenerlos y es un honor; como cuando te llaman para ser jurado de algún salón de arte”.
De sus tantas exposiciones se muestra orgulloso de ser parte del Patrimonio de la Provincia de Buenos Aires en el Museo Provincial de La Plata, como así también de la Muestra de las Naciones Unidas y las de la Casa de Ginebra. De la docencia, remarcó las invitaciones de las universidades de Suiza y de Estados Unidos en Michigan y Massachussets.
En cuanto a lo que deja con sus obras, Rafael Martin fue muy claro: “De mi obra personal me gustaría que el espectador coincida con lo que uno quiso decir. Pero no es importante tampoco porque cada persona tiene una formación diferente, tiene una visión. Donde uno ve una vaca otro ve un canario. El mundo del espectador es un mundo de creatividad, aparece la creatividad del otro. Por eso no hay que hacer obra discursiva porque no tiene sentido hacer para otros, uno hace lo que le sale de adentro y hacer discurso de cualquier genero, político, social o religioso o no, puede pescarse totalmente al revés, porque la subjetividad del espectador uno no la puede controlar”.

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2008-03-22 00:00:00
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