Miradas Opinión

Fecha: Sábado, 23 Septiembre, 2006 - 00:00

La Primavera

Tratar el tema de la primavera desde un punto de vista científico o mitológico es válido, pero lo es también el considerarlo bajo el prisma de nuestra propia circunstancia humana, social y cultural, con los efectos anímicos que son naturales y están relacionados con el clima y el medio ambiente y la comprensión de un cambio grato para el espíritu, no exento de romanticismo y de poesía.
Con explicaciones científicas, algunos antropólogos y mitológicos, así como ciertos escritores, acerbamente, acusan de cursilería a quienes, posiblemente desconociendo -en casos- los antecedentes propios de esas disciplinas, piensan en ese tiempo lindo en el que las cosas de la naturaleza adquieren vigor, hermosura y colorido, o se ven reverdecer árboles y plantas y aparecen nuevas flores en la época templada y soleada armoniosamente, que es la más bella y placentera para todos los seres humanos y con todos los sentidos.
Nuevos hálitos, suaves murmullos e invisibles vibraciones cósmicas que se sientes en el alma sensible y emocional, acompañados de perfumes, de cantos y gorjeos, de leves arrullos y del aleteo del picaflor que retorna al mismo sitio.
Entorno propicio es, la primavera, para la siembra del amor y de la esperanza; es incluso el renacimiento de lo que parecía seco o marchitado. Analógicamente, al ser nosotros parte de la naturaleza, creemos en el renacer, también, de la creatura humana, esto es, en el “Hombre Nuevo” evangélico, cuya primavera perdurable es posible, a partir de la semilla -como el grano de mostaza- la siembra y el cultivo.
Es, la primavera, la estación del amor y de la fertilidad y, más, por lo expresado, el símbolo de la utopía, que, por obra de la providencia, se repite incesantemente, remozando, generando nuevos alientos y alegrías, como una constante enseñanza que es el magisterio del cielo.
Es por ello que no quiero morirme, si Dios decide que tengo que cambiarme de barrio, me llevaré unas cuantas primaveras, en un inmenso racimo de vida, en el que están presentes algunas de las cosas de los versos de Andrés Cepeda:

“Tiene muy lindo color
la mariposa liviana;
mil encantos la mañana,
la estrella tiene fulgor.
Perfume tiene la flor,
misterio la fuente pura,
el campo tiene linduras,
el viento canciones suaves,
dulces gorjeos las aves…”

Alguien trasladó el sentido espiritual de la primavera a la vida de los pueblos. En enero de 1968, en Checoslovaquia, asumió Alexander Dubcek, que inmortalizó los albores de lo que se llamó “La primavera de Praga”; su humanismo democrático fue vencido por los tanques rusos. Alexander Dubcek, el ex presidente, se empleó como trabajador forestal, en Bratislava. En 1989, los jóvenes alemanes, con martillos y cánticos libertarios, quebraron el muro de Berlín. “La primavera de Praga” revivió y causó brotes y rebrotes primaverales en no pocos países que aspiraban a imitar a la democracia del sol, que beneficia a todos por igual.

Autor: Eduardo Giorlandini