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Fecha: Martes, 9 Abril, 2019 - 00:00

La dama de la Nouvelle Vague ha partido

El 29 de marzo falleció en París la fotógrafa y directora de cine belga Agnès Varda.

Agnès Varda tenía 90 años y problemas de salud, pero la noticia de su muerte ha sido triste y sorpresiva, porque sus más de seis décadas de trabajo ininterrumpido en el campo de la fotografía, el cine y la plástica la hicieron una figura sino famosa, legendaria.
En realidad la fama parecía no importarle demasiado y jamás reclamó el reconocimiento que le llegó en los últimos años y parecía disfrutar lúdicamente.
De hecho fue la pionera del movimiento Nouvelle Vague, que movió las estructuras del cine en los años 60 no solo en Francia, donde comenzó como una teoría de los críticos de la revista Cahiers du Cinema, sino en el mundo.
En 1954, mientras prestigiosos colegas y amigos como Jean Luc Godard o François Truffaut teorizaban todavía, Agnes ya había ido con sus cámaras a la pequeña comunidad costera de La Pointe-Courte y había rodado en blanco y negro el film homónimo.
Una contemplativa ficción con una pareja que discute una posible separación
en primer plano -interpretada por Silvia Montfort y un jovencísimo Philip Noiret en su primer protagónico cinematográfico- y como fondo los paisajes y los habitantes del lugar, con sus problemas por las restricciones a la pesca, los pequeños y grandes dramas familiares y también sus tradiciones.
Emprendimiento complejo en la mitad del siglo pasado, en particular con un presupuesto y un equipo reducido, en el que había algunos nombres reconocibles como el de Alain Resnais en la edición.
Lo estrenó en 1955 y no fue su film más famoso -ese puesto sería para la ficción Cleo de 5 a 7 (1962)-, pero sin duda fue un hito para la nueva ola de directores autores que la seguirían.
Siempre estuvo activa y dedicada mayormente a registros documentales, hasta que volvió al centro de la escena cinematográfica con Las playas de Agnès (2008), donde hablaba de sí misma, su entorno, de cine y arte en general.
En noviembre de 2017 recibió un Oscar honorifico al conjunto de su obra que agradeció con un discurso inolvidable, pero con más de ocho décadas y su eterno aspecto de duendecillo sonriente siguió creando y viajando hasta el final.
Un sentido adiós a Madame Varda.

Autor: Silvana Angelicchio