Memoria bahiense Derechos Humanos

Fecha: Viernes, 7 Octubre, 2011 - 17:59

Dan el presente diario

Con un acto desarrollado el sábado 8, la comunidad de La Pequeña Obra recordó a cuatro integrantes asesinados o desaparecidos por la última dictadura cívico militar. Se trata de Elizabeth Frers, Horacio Russin, Eduardo Ricci y María Clara Ciocchini. Las actividades se enmarcaron en la conmemoración del medio siglo que cumplió el grupo scout de la entidad.

Los rostros de Elizabeth Frers, Horacio Russin, Eduardo Ricci y María Clara Ciocchini están desde el sábado último presentes en el patio que comparte la comunidad bahiense de La Pequeña Obra, cuyos grupos scouts integraron.
La inauguración de un mural que contiene sus retratos fue parte de los actos con que se celebró el medio siglo de vida del Grupo Scout “San Pío X”. Más de 600 personas asistieron al predio ubicado en Italia al 1100, en una fría tarde primaveral que dejó caer algunas gotas pero permitió la realización del homenaje a los cuatro jóvenes desaparecidos o asesinados durante la última dictadura cívico militar.
Familiares y amigos de las víctimas, integrantes actuales de los grupos scouts y una buena cantidad de público colmaron el patio del establecimiento educativo. A ellos se sumaron figuras como los integrantes de la Comisión Provincial por la Memoria Hugo Cañón y Fortunato Mallimacci, el fiscal federal subrogante Abel Córdoba y Marta Garelli, por la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Universidad Nacional del Sur (UNS).

El trabajo
Las pinturas que hoy presiden desde el mural el patio de La Pequeña Obra, comenzaron a nacer varios meses atrás y el trabajo supuso la participación de toda la comunidad. El proceso se inició a partir de los artistas Liliana Gómez Requeijo, Marcela Seoane y Jorge González Perrín, quien ofició como mentor del proyecto. Ellos se encargaron de la búsqueda del material fotográfico que sirvió de base a las pinturas. Como las fotos eran en blanco y negro, también debieron realizar una investigación sobre los rasgos de cada uno de los retratados, a fin de guardar fidelidad a su color de ojos, de pelo y de tez.
Luego, realizaron las pinturas originales, que sirvieron de base para las murales. En este último paso, toda la comunidad scout de La Pequeña Obra contribuyó a la realización final.
“Todos los que estamos aquí sabemos que de nada sirve hacer nudos si no es para atar el compromiso, ni armar la carpa si no es para compartirla en medio de la lluvia. Y por eso es este acto, de memoria pero también de proyección”, abrió Luciano Lorenzetti, guía de Grupo de los scouts de la institución en la actualidad.
“Nunca podemos dejar de proyectar. Y de esto se trata el acto de hoy: cuatro compañeros, cuatro hermanos, proyectaron un mundo distinto y estaban realizándolo cuando se los llevaron”, agregó.
“El trabajo fue mancomunado. Cada uno hizo sus propias pinceladas en un cuadradito. Los que no sabemos de pintura dudamos en aportar, y hasta nos dio vergüenza que reconocieran nuestro cerámico. Pero igual lo dejamos. Y vimos que otros también lo iban dejando. Y de pronto apareció una frente, un cachete, una oreja, un labio, y los ojos. Y ahí estaban, los cuatro, y nos miraban”, describió sobre el proceso que dio forma a los retratos murales.
“Mucho nos costó poner esto a la luz. Por miedos, por dudas, por estar trabajando con pibes muy chicos, olvidando que ellos (por los desaparecidos) tenían la misma edad. De a poco, fuimos liberando eufemismos, diciendo simple y claro: los secuestraron, los desaparecieron, los torturaron y los mataron, por pensar distinto. Y nos vamos haciendo cargo de que a pensar distinto, entre otros lados, lo aprendieron acá adentro, en este terreno y haciendo lo mismo que nosotros”, relató.
“Espero que cada vez que pasemos frente a los cuatro chicos, podamos recordar y entender que se los llevaron porque hubo gente oscura y sin alegría, que no quiso entender que vivieron como los vemos hoy en la pared: sonriendo, en un mundo pintado por lápices de colores”, finalizó.

Palabra de amigos
Luego, y antes de que se procediese al descubrimiento de los murales, hicieron uso de la palabra María Laura Barral y Susana Garbiero, antiguas dirigentes del Grupo Scout y amigas de los cuatro jóvenes recordados.
“Eduardo, Eli, Horacio y María Clara fueron nuestros contemporáneos, nuestros amigos, nuestros hermanos. Estos cuatro retratos, realizados por muchas manos, muchos pinceles y muchos corazones, son una de las mejores maneras que encontramos para recordarlos, en un lugar donde todos fuimos muy felices, donde aprendimos a ser solidarios y donde hicimos algunas de las opciones más importantes de nuestras vidas. Aquí están y aquí estarán, para que su testimonio sirva para construir el país que ellos soñaron”, dijo Barral.
“Quiero agradecer muy profundamente a los dirigentes actuales del Grupo Guía Scout de La Pequeña Obra. Ellos y ellas son jóvenes, que no los conocieron, pero tuvieron el coraje de desandar olvidos y silencios”, manifestó con emoción.
Por su parte, Susana Garbiero recordó que “fue un trabajo en común, colectivo, lleno de momentos de emoción, alegría, recuerdos, abrazos, reencuentros y anécdotas de los cuatro amigos que hoy homenajeamos”.
“Esta modalidad de expresión nos permite de algún modo hacer o completar la etapa de duelo, individual y colectivo. De a poco, entre todos, recordamos los rostros y expresiones de Eli, Eduardo, María Clara y Horacio, y entre todos construimos los murales”, evocó.
“Gracias a todos. Hoy festejamos la memoria y la vida”, finalizó.

Viejos amigos
Durante los primeros años de la década del ’70, los grupos scouts de La Pequeña Obra mantenían habitualmente encuentros ecuménicos con la comunidad de la Iglesia Metodista bahiense, por entonces guiada por el pastor Aldo Etchegoyen.
Por ello, en la segunda parte de los discursos previos al descubrimiento de los murales, fueron invitados a hacer uso de la palabra el pastor metodista Aníbal Siccardi y el sacerdote Roberto Buckle.
“No puedo dejar de sentir que fui un privilegiado, como otros, de poder conocer a muchos jóvenes y escuchar sus ideales, sus propuestas y sobre todo, su gran amor por las personas. Algunos de ellos se tuvieron que ir y a otros jamás los volveremos a ver, porque han sido muertos. Pero todos ellos se habrán quedado en el recuerdo”, dijo Siccardi.
“Fueron momentos tristes, pero también en donde se descubre la nobleza humana”, estimó.
“Los chicos vieron que la memoria es construir. Un construir entre todos, con un cerámicos cada uno. Y los que no pudieron pintar, porque están presentes. Y los que no están presentes porque lo hacen con el pensamiento y su oración, pero todos construyendo. Este construir nos lo enseñó Jesús, porque con su resurrección nos hizo saber que esta fuerza suya de renovar  la historia nos la dejaba a nosotros también”, dijo a su turno el sacerdote Roberto Buckle.
“Las heridas necesitan ser sanadas, y el amor de familia sana las heridas. Esta comunidad reunida como familia es una sanación para las heridas”, agregó, antes de invitar a los presentes a rezar un Padre Nuestro, ya que “la oración también sana”.

Rostros que renacen
El descubrimiento de los retratos de los jóvenes recordados, se siguió a partir de una ceremonia vinculada a su pertenencia a la comunidad scout. Los rostros estaban cubiertos por tres insignias. De acuerdo a lo previsto, las banderas fueron descubiertas sucesivamente por los chicos que actualmente poseen la graduación scout que cada uno de ellos tenía, sus amigos y, finalmente, sus familiares, hasta que los ojos de cada uno de los retratados pudieron mirar nuevamente el patio en que desarrollaron sus actividades antes de la persecución, las desapariciones y la muerte.
La ceremonia fue matizada con la entonación de canciones, como “Prepara el mate”, cuyo estribillo dice: “Tenemos que dejar al mundo / Mucho mejor / De lo que lo encontramos hoy”.
Cuando ya los cuatro retratos murales habían sido descubiertos, se dio el tradicional “presente” a los jóvenes recordados. Pero, esta vez, de una forma peculiar, también vinculada con su participación en la vida scout.
Para los casos de Horacio y Eduardo, se utilizó el tradicional “Siempre listos”, en cada una de las menciones de su nombre, repitiéndolo tres veces. A Elisabeth se la recordó con el grito de su “manada”: “Siempre mejor”. Finalmente, a María Clara, “Guía del Sol” dentro del escalafón de la comunidad scout, se la evocó con “Siempre listas”.

Autor: Redacción EcoDias