Club Atlético Vista Alegre Instituciones

Fecha: Jueves, 17 Febrero, 2011 - 00:00

Crecer para incluir

Nacido hace dos décadas, el club Vista Alegre reúne en sí las condiciones como para transformarse en un polo de vinculación de los vecinos de un sector de la ciudad en franco crecimiento. En esta primera nota, EcoDias relata los principales hitos de esta biografía colectiva.

La historia del Club Atlético Vista Alegre se une con la de la ciudad en expansión hacia su periferia noroeste, producto de la inmigración interna o externa. Contar sus pormenores es reconocer que hay más historia bahiense que la oficial. Contribuir a ello no está de más. Una tarde en el barrio de Vista Alegre sirve para ver que ella misma también es Bahía Blanca. Una Bahía Blanca que duele, a veces, pero también conmueve y moviliza.

Historia de una historia
Durante las dos últimas décadas del siglo pasado, el barrio Vista Alegre comenzó a ver pobladas sus manzanas siempre cubiertas por la tierra que la cercanía del mar troca en arena.
Para 1990, los nuevos vecinos -llegados desde distintos puntos de Argentina y Chile u otros barrios bahienses- ya habían extendido el límite de la urbe de Bahía Blanca hasta la calle Polidoro Coulin. Más allá, se ubicaban las tierras fiscales asignadas al ferrocarril.

Un club y su gente
En paralelo con la necesidad de viviendas para muchos vecinos que carecían de techo propio, surgió el Club Atlético Vista Alegre (C.A.V.A.) para otorgar fisonomía colectiva a un barrio en ciernes. Su fecha de fundación data de agosto de 1990, pero al menos dos años antes ya había comenzado a latir su espíritu, con el primario y prestado nombre de Pacífico Cabildo.
“Desde el ’92 se comenzó a jugar en la Liga del Sur, pero alquilando canchas. No había nada: cuatro o cinco ‘fulbos’ para preparar a los chicos y nada más, en cualquier lado. Donde había un pedacito de potrero, se entrenaba a los chicos”, relata Mario Garberi. Actual titular de la Comisión Directiva del club, Garberi estuvo en el grupo inicial de los vecinos que se acercaron a la naciente institución. Por entonces, la entidad tenía unos setenta socios. Su hijo comenzó a practicar fútbol con los colores rojiblancos que caracterizan su camiseta, y ese vínculo determinó que él fuera uno de los presidentes en la historia del C.A.V.A.
Hasta contar con instalaciones propias, los miembros fundantes de la Comisión Directiva se reunían en el domicilio particular de uno de sus integrantes, en Chaco al 2500. Pero como varios vecinos, el club demostraba una necesidad imperiosa de contar con un hogar propio más allá de la frontera de calle Coulin.

Un lugar en el mundo
Cuando Garberi asumió la presidencia, en septiembre del 2000, la institución ocupó las tierras hasta ese momento pertenecientes al ferrocarril. Pero no se trató solamente del terreno de 100 por 150 metros en que actualmente edifica el club, sino de una movilización más grande aún que abarcó casi medio centenar de manzanas al noroeste. Allí, tras la subdivisión y las gestiones pertinentes, se erigieron viviendas que dan alojamiento hoy a decenas de familias hasta ese momento impedidas de tener un techo propio (ver recuadro).
“Usurpamos y empezamos a meter mano, al toque nomás”, cuenta el presidente del club. Para 2001, ya estaba trazada la cancha. Un año más tarde, comenzó a albergar los partidos de menores e infantiles por los torneos de fútbol de la Liga del Sur. Las tierras ocupadas ya están formalmente cedidas, aunque resta comenzar los trámites por la ansiada escrituración.

Entreacto
La gestión de Garberi al frente del club se extendió hasta el 2005. Luego lo sucedió una gestión que duró un semestre al frente de la entidad. La actual secretaria, Miriam Fernández, muestra a EcoDias las actas correspondientes al periodo. Son pocas y breves, y no están firmadas por el presidente sino únicamente por el secretario.
“Yo tenía unos proyectos grandísimos, estaba trabajando con River y Defensa y Justicia para la formación de jugadores”, cuenta a la par Garberi. La intención era que el club bahiense funcionara como un semillero de los porteños, a cambio de una financiación en obras de infraestructura en el perímetro del terreno. Cuatrocientos chicos, llegados de toda la zona, formaban parte de las selectivas organizadas en la entidad. “A ellos les interesó mucho y me dieron esa posibilidad”, rememora. Los proyectos incluían habitaciones para pensiones a futbolistas menores e infantiles y una pileta de natación.

Paredón y después
El proyecto quedó trunco por el intervalo en la dirección de la institución. Tras la salida, Miriam Fernández y Francisco Beovides tomaron las riendas durante cuatro años.
Al momento de tomar el club, Fernández y Beovides se encontraron con un panorama sombrío: se había eliminado el fútbol menor y sólo quedaba el infantil, el patrimonio edilicio estaba seriamente dañado y la amenaza constante pasaba por la posibilidad de que el terreno se perdiera ante la necesidad de viviendas del sector.
Por ello, el mayor logro que pudo obtenerse de la gestión de estos dos vecinos fue la construcción de la casa del sereno, erogación obligada a partir de los robos sufridos, y la manutención del club, recuperándose además la práctica futbolística en las categorías menores.

En primera persona
“Cuando se entregaron las tierras, hacía muy poquito que esto se había inaugurado. Yo lo viví de cerca, porque no tenía casa, alquilaba y tenía unos problemas bárbaros. Él me decía ‘vos tenés que tener casa’, y yo le decía ‘¿con qué?’”, rememora Miriam Fernández en primera persona.
Allí comenzaron las gestiones que finalmente lograron la adjudicación de los terrenos y el aporte gubernamental a los gastos de materiales para la construcción de las viviendas. En el perímetro viven muchas familias y jóvenes, cuyo principal flagelo es la droga. Según cuentan los directivos del C.A.V.A., es frecuente ver jóvenes drogándose o tomando bebidas alcohólicas en zonas aledañas o despobladas del perímetro en que el club piensa edificar sus instalaciones. Por ello, la conducción tiene el firme interés de que sus proyectos abran puertas y ofrezcan actividad “desde las 7 de la mañana y hasta la madrugada”.
Dentro de la oferta que pretende brindar a la comunidad barrial se encuentran actividades de danza, apoyo escolar, biblioteca y distintas disciplinas deportivas. Falta la infraestructura.

Autor: Redacción EcoDias