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Patología del hoy
Categoría: Salud

En los tiempos actuales, los que tienen un trabajo cada vez trabajan más, ya sea por necesidad, ambición u otros motivos.
Cuando el trabajo comienza a ocupar la parte más importante de nuestras vidas, el problema se agrava, en cuanto pensamos en la tarea independientemente del lugar en que estemos. El trabajo como obsesión y adicción, una adicción que está bien vista pero que trae consecuencias negativas.

Un turno de doce horas en una oficina, catorce en un supermercado, un turno nocturno de vigilancia. Las horas son muchas. Pareciera que cuanto más trabajamos, mejor. Sin embargo, es todo lo contrario.
En ocasiones la necesidad obliga a trabajar mucho tiempo, más de lo recomendable, para poder llegar a fin de mes. O bien tener dos trabajos para lograr un ingreso adicional. También están los casos en que la ambición por el dinero o el éxito lleva a acumular horas y horas de trabajo.
En cualquiera de los casos, no son pocas las personas que sufren -tal vez sin saberlo- esta problemática, que se refleja claramente cuando nos llevamos trabajo a casa, o cuando llevamos “el” trabajo a casa, en el sentido de no aprovechar los momentos de descanso y seguir pensando y proyectando respecto a nuestro trabajo.
Contrariamente a todas las demás adicciones, que son condenadas y sancionadas, esta adicción al trabajo, con sus comprobadas consecuencias en nuestra salud mental y física, recibe la aprobación de buena parte de la sociedad.
EcoDias consultó a las licenciadas en Psicología Débora Galleani y Marcela Alvarado, quienes coincidieron en que la adicción al trabajo es una patología cada vez más presente en la sociedad actual: “Se trataría de personas que restringen su vida a lo laboral”, señala Galleani y agrega: “Las personas tienen distintas áreas en su vida donde enfocar sus energías, como la familia, la sociedad, el ocio… En el caso de esta adicción en particular, las energías van sólo a lo laboral, se restringe a eso”.
Por su parte, Alvarado apunta a que, como toda adicción, viene a reemplazar una frustración de fondo o una deficiencia en las relaciones interpersonales: “Como todo tipo de adicción, afecta a la salud en general, la felicidad y a las relaciones. La persona tiene como una necesidad incontrolable que nosotros llamamos compulsión -en la jerga de la psicología- de trabajar y trabajar en exceso, tanto cuantitativa como cualitativamente. No se trata de la cantidad de horas solamente sino el circuito interno de pensamiento, le dedicás más tiempo que lo que estás en el trabajo”.

Recompensa social
Como ocurre con todas las patologías, aclara Galleani, no puede decirse que la adicción esté determinada por tal o cual factor. Aquí puede verse una doble vertiente: “Por un lado, está la cuestión social que lejos de ver a la adicción al trabajo como algo que debería ser sancionado, lo ve como algo positivo. Para nuestra sociedad es bueno que la persona trabaje muchísimas horas, está bien visto por la recompensa social que tiene. Pero, por otro lado, vemos que no en todas las personas esta demanda social genera patología. Hay una doble vertiente”.
Es bueno insistir con esto. En el caso de las drogas, por poner un solo ejemplo de adicción, existen castigos desde lo legal y lo interpersonal. Cuando hablamos de trabajo en exceso, por más que esto le haga mal a nuestra salud, el castigo no existe. En algunos casos, podría haber castigo en caso de no querer trabajar en demasía. Ampliando conceptos, Alvarado opinó: “Lo que hace especial a la adicción al trabajo es que las otras adicciones son sancionadas, desde lo legal y lo interpersonal. En cambio, ésta es premiada, es alabada, hay recompensa, hay incentivo. Está bien visto el trabajador que se engancha en esta vorágine empobreciendo el resto de las áreas de sus vidas, y está mejor visto dentro de la empresa o la fábrica que aquel que trabaja ocho horas reglamentarias. Está bien visto que te llamen un sábado o un domingo y vos estés, eso es recompensado e incentivado económicamente, aunque no siempre, pero la persona ya entró en esa vorágine”.
Si el lector descubre alguna de estas situaciones en su cotidianeidad, quizás sea momento de comenzar a revisar la escala de valores de su vida y qué lugar ocupa el trabajo en la misma: “Está el concepto de tolerancia también. En las adicciones a sustancias, el adicto cada vez necesita consumir más para sentir los mismos efectos. En el adicto al trabajo pasa lo mismo, estás necesitado de consumir trabajo, más horas para que produzca el mismo estímulo”.

Crecimiento de la adicción
A fines de los 60, relata Alvarado, un profesor norteamericano se definió como adicto al trabajo porque comparó el manejo que él tenía de su labor docente con el alcoholismo. Para aquellos años, la cuestión fue reveladora, sin embargo no se veía este fenómeno que comenzó a crecer en los 90: “Antes se veía más en determinadas empresas, con determinado prestigio pero ahora está creciendo un montón en la población mundial. Antes era más de los varones, en estos últimos años ha crecido entre la población femenina, y se estima que un 20 por ciento de la población mundial tiene adicción al trabajo. De los 90 en adelante se empezaron a ver cosas muy puntuales que tienen que ver con todos estos símbolos y síntomas. Enfermedades psicosomáticas, cardiovasculares en aumento, la tasa de divorcio que empieza a incrementarse…”.
La sociedad propicia esta patología, nosotros mismos lo hacemos tal vez sin detenernos en que se trata de un problema, e incluso negamos que se trate de algo negativo. Lo ideal sería ponerle límites, en el marco de la propia necesidad económica. Así y todo existen otros mecanismos como hacerse tiempo para uno mismo, para el esparcimiento, el ocio y los vínculos. La adicción al trabajo hace que las relaciones con nuestro entorno se vean cada vez más debilitadas: “Obviamente, es complicado decir que no, sobre todo por la cuestión laboral en la situación en que está. Esto tiene que ver con presiones reales de que hace falta el trabajo, subyace el temor a perder el empleo. Por otro lado, supervisores, jefes, gerentes, manipulan, detectan dónde está el temor y ahí es donde se genera esta demanda excesiva del trabajador en la empresa”.

Hacia dónde voy
Cambiar es difícil pero hay que proponérselo, coinciden las psicólogas. Se trata de empezar a escuchar las alarmas que provienen de nuestro cuerpo y mente, y las alarmas que nos van llegando del resto de las personas. Los números marcan que el 20 por ciento de la población mundial sufre de esta patología. Ante la pregunta ¿Hacia dónde vamos?, Alvarado recomendó que mejor es preguntárselo uno mismo: “Que empiece a sonar cada vez más la pregunta hacia dónde voy. Porque la gente llega sin proyecto de vida, va pero no sabe hacia dónde. Entonces la pregunta es hacia dónde voy yo, qué plan de vida tengo”.
Vida empobrecida en personas perfeccionistas, sumamente meticulosas, individualistas a la hora de trabajar y que a la larga descienden en su rendimiento porque la salud se va afectando a través de problemas gástricos, hipertensión, estrés o migrañas, son algunas de las consecuencias.
Galleani señaló más características de un adicto al trabajo: “Es gente con baja autoestima que busca trascender o ser reconocido a través de una actividad laboral. Incapacidad de relajarse, personas que están todo el tiempo -aunque no trabajando- pensando en el trabajo que sigue siendo actividad igual. Tienen dificultades en la comunicación porque a veces el trabajar me libra de tener que relacionarme. Es un escapismo y un mecanismo fallido de defensa. Personas que les cuesta trabajar en equipo, perfeccionistas, autoexigentes”.
¿Pretendemos terminar así o es mejor encontrar un rumbo más sano? No se trata de dejar de trabajar, sino de salir un poco del engranaje diario y preguntarnos dónde queremos llegar. La tarea es de uno mismo.

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2010-05-22 00:00:00
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