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Recolonizaciones y resistencias
Categoría: Opinión

América latina está atravesando un proceso único en su historia de resistencias. Sin embargo, suele perderse de vista en el camino la necesidad de proyectos estratégicos, especialmente cuando la potencia hegemónica dominante, Estados Unidos, tiene sus grandes trazados de recolonización continental para el siglo XXI.
Desde los años 90, cuando se recicló la antigua Doctrina de Seguridad Nacional -que sembró de dictaduras la región- y se trazaron nuevos esquemas de contrainsurgencia -renovando también la llamada Guerra de Baja Intensidad sobre la base de los conflictos que Washington preveía para los años 2000- los diseños geoestratégicos se renuevan por el lado del norte, mientras la construcción a nivel de América latina se va haciendo sobre la marcha.
A pesar de que nuestra región presenta muchos elementos en común y que se ha producido un gran avance en función de la integración y la unidad de Latinoamérica, especialmente con el arribo de Hugo Chávez al gobierno de Venezuela en 1998, la falta de entendimiento sobre los proyectos de recolonización de Estados Unidos debilita la unificación regional.
La dependencia de América latina, marcada desde la llamada Doctrina Monroe de 1823, es una realidad que perdura hasta nuestros días. Y esto se expresó en todos los documentos de la política exterior de Estados Unidos para nuestra región, como los llamados de Santa Fe I, II, III y IV. A lo largo del siglo XX hubo una gran resistencia en todos nuestros países, que Washington pudo controlar de alguna manera, aunque con un símbolo de sobrevivencia en esa nueva lucha independentista como es Cuba desde 1959.
Uno de los trabajos más profundos del Imperio, mediante la serie de organismos que maneja en su nueva Guerra de Baja Intensidad, que ahora abarca lo económico, político, cultural, social, diplomático y militar, es mantener el esquema de división que se introdujo a fines del siglo XIX y sobre el que advirtieron algunos de los símbolos de nuestra América como José Martí o Simón Bolívar. Así y todo, en lo que va del siglo XXI fue creciendo una movilización popular que adquirió características propias en cada país y que se ha revelado como una inimaginable resistencia para Washington.
De modo que si dejamos de lado las mentalidades colonizadas o las miserabilidades políticas, pocas veces hemos visto un mapa similar como el que estamos viendo ahora en nuestra región. Grandes masas en movimiento exigiendo cambios profundos, en todos los países, significan una derrota no solo de las imposiciones ideológicas de las dictaduras sino también del modelo que anunció el poder hegemónico mundial por medio de los mandamientos del consenso de Washington en 1990.
Más allá de las diferencias entre unos y otros, varios gobiernos surgidos precisamente de esta ola movilizadora popular, ponen a América latina al frente de la resistencia mundial. Incluso en este siglo surgió aquí un nuevo pensamiento contrahegemómico básico como es el bolivarismo, que curiosamente registra el enfrentamiento de Bolívar de fines del siglo XIX contra ese proyecto imperial de la Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto.
Los nuevos planes de seguridad hemisférica y una estampida de Washington en derrota -aunque más disfrazada-, similar a lo sucedido en Vietnam en los años 70, traerá sobre nuestro continente nuevos peligros. Los gobernantes de Washington tratarán de cubrir su derrota en Irak y Afganistán y vendrán sobre nuestro continente, para lo cual en los últimos meses están preparando el terreno. Ejemplo de esto es la imposición en todos nuestros países de las llamadas Leyes Antiterroristas, preparadas para la represión y el control de las luchas populares.
Pero en esta misma América, a fines de 2005 los gobernantes del Mercosur escribieron un hito histórico -más allá de las diferencias de cada uno de ellos-, al rechazar por primera vez en la historia el intento de imponer el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), mientras los pueblos estaban en las calles de todo el continente repudiando este engendro colonial.
Como contrapartida, ahora están reactivados el Plan Colombia y sus derivados, el Puebla- Panamá y otros, como la supuesta “guerra contraterrorista”, diseñada en realidad para control de nuestros países y para invadirnos y atraparnos sin demasiadas resistencias.
Para América latina este es un tiempo donde los sectores progresistas y de izquierda tienen que responder a un momento histórico, que no puede ser desconocido ni desaprovechado en pequeñas y estériles luchas intestinas. Estamos ante una disyuntiva: o la recolonización o la independencia definitiva. Treinta mil desaparecidos aquí y miles y miles en América latina y las víctimas del genocidio del siglo XXI reclaman a nuestras conciencias.

Fuente: www.acciondigital.com.ar.

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2007-10-13 00:00:00
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