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No tenga miedo, tenga cuidado
Categoría: Opinión

Sirva esto como última reflexión, ante de “la creativa, gigantesca, idónea, y pedagógica solución” propuesta por Manuel Mendoza, ante la problemática de las amenazas de bomba en escuelas.
Por la peligrosidad que encierra que funcionarios relacionados con la educación impulsen y apoyen estos proyectos, nos pareció interesante lo que a continuación ponemos a su consideración, vecino y lector de EcoDias. Por aquello que decía la vieja propaganda del cólera, título de nuestra nota.

 
Si los tiburones fueran personas

“Si los tiburones fueran personas, harían construir en el mar tiendas sólidas para los pececitos. Allí pondrían todo tipo de alimentos, plantas y animalitos. Vigilarían que tuvieran siempre agua pura, y tomarían todo tipo de medidas sanitarias. Cuando, por ejemplo, un pececito fuera herido por una aleta, sería inmediatamente curado para que no lo mataran los tiburones antes de que sea su hora.
Para que los pececitos no estén nunca tristes, se realizarían cada tanto, fiestas acuáticas, pues los peces felices tienen mejor sabor que los tristes.
Evidentemente habría también escuelas en las grandes tiendas. Los pequeños aprenderían allí el arte de nadar en la boca de los tiburones. Necesitarían de la geografía, por ejemplo para poder descubrir a los tiburones que pasean por cualquier lugar. El tema principal sería naturalmente la educación moral de los pequeños. Se les enseñaría la cosa más noble, la más bella para ellos que es ofrecerse espontánea y gustosamente a los tiburones y tener confianza en ellos, sobretodo cuando dicen que les van a preparar un brillante futuro. Se les haría saber a los pececitos que sólo se les puede asegurar ese futuro si aprenden a obedecer. Ellos deberían cuidarse de toda inclinación degradante, materialista y marxista e informar inmediatamente a los tiburones si alguno de ellos traiciona con tendencias de ese tipo…
Si los tiburones fueran personas, se preocuparían también del arte. Habría magníficas pinturas representando dientes de tiburones, con colores replandecientes, boca y maxilares evocando inocentes lugares de juego donde uno puede divertirse y hacer piruetas. Los teatros en el fondo del mar presentarían obras que mostrarían pececitos heroicos descendiendo con entusiasmo a la garganta de los tiburones, y la música sería tan alegre que sus notas prepararían ciertamente a los pececitos, como en un sueño, para estos tipos de capillas; y así, imbuídos de los pensamientos más agradables, ellos se dejarían caer hasta el fondo de la boca de los tiburones. Esto sería, ciertamente, una religión…
Ella les enseñaría que la verdadera vida comienza realmente en el vientre de los tiburones. Y si los tiburones fueran personas, los pececitos dejarían de ser, como lo son ahora, seres iguales.
A algunos de ellos se les confiarían responsabilidades y puestos superiores a otros. Algunos que fueran más grandes estarían autorizados a comer a los pequeños. Todo esto no haría más que alegrar a los tiburones, pues ahora tendrían migajas más grandes para tragar. Y los más importantes de los pececitos, los que tuvieran las responsabilidades, mandarían de ahora en adelante a los más pequeños. Ellos se transformarían en maestros de escuelas, oficiales, ingenieros en construcción de tiendas, etc.
Está claro, no podría haber más que cultura en el mar si los tiburones fueran personas¨.
Bertolt Brecht. “Historias de almanaque”.
 
Eduardo A. Hidalgo es secretario general de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Bahía Blanca

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2008-05-23 00:00:00
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