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Laboratorios y patentes
Categoría: Opinión

He comentado, en notas anteriores, los manejos de algunos de los grandes laboratorios medicinales en la búsqueda del “sagrado lucro” necesario para las empresas. Es ya sabido que el capitalismo ha nacido como una forma de estructurar la producción de bienes para satisfacer necesidades cuya consecuencia necesaria, para la subsistencia del sistema, es el logro de una rentabilidad. Lo que caracteriza esta última etapa del capitalismo concentrado es haber invertido la ecuación. La búsqueda del lucro se antepone a cualquier otra consideración, por lo que no importa qué se produce, cómo y dónde se lo hace, sino qué rentabilidad se obtendrá. Es la política de las multinacionales. Pues bien, los laboratorios medicinales que han alcanzado esa dimensión de empresa operan bajo las mismas normas.
Estos laboratorios disponen de una protección jurídica, estrechamente ligada al concepto capitalista de propiedad privada, que es la patente por la cual se reservan para sí la decisión de producir un medicamento (o no hacerlo, si con ello el beneficio es mayor) y comercializarlo en la zona en la que se obtenga la mayor ganancia. Dice la Dra. Teresa Forcades y Vila: “La relación directa entre la imposición de una patente y la mortalidad de la población puede ejemplificarse con el caso de Brasil. En Brasil, desde que se votaron leyes que prohíben patentar los medicamentos aparecidos en el mercado brasileño antes de 1997, pudieron producirse localmente equivalentes genéricos de 8 de los 12 antirretrovirales disponibles mundialmente con una reducción de costos promedio del 79%. En el año 2003 se constató que se había estabilizado la epidemia VIH/SIDA y se había reducido la mortalidad a la mitad. Con la nueva legislación internacional la producción de genéricos de Brasil también quedará bloqueada”.
Es evidente que la vigencia de las patentes, tan defendidas por los laboratorios y los políticos ligados a esas empresas, encarecen los medicamentos por la utilización monopólica que se ha hecho de la propiedad intelectual. Tras la pantalla de la defensa de la propiedad intelectual, por la inversión realizada en la investigación, se oculta la discrecionalidad de manejos comerciales que posibilita. Brasil se ha atado las manos en este terreno al legislar a favor de esos laboratorios y en contra de la salud de su pueblo. Pero no sólo Brasil, muchos otros países, entre ellos nosotros, andan por caminos semejantes.
Por ejemplo, la India que había desarrollado una importante industria medicinal local que ofrecía su producción a costos accesibles, en marzo de 2005 su parlamento aprobó una nueva Ley de Patentes que modifica la de 1970. Fue por imposición de los acuerdos internacionales de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Por la ley de 1970 los laboratorios locales estaban autorizados a fabricar cualquier medicamento que se pudiera demostrar que llegaba al mercado con precios abusivos. La industria india de genéricos daba trabajo en el año 2003 a 500.000 personas, que mediante contratos subsidiarios extendían esta cifra a 2,5 millones. Esta cifra cayó abruptamente por la vigencia de la nueva ley.
En África se accedía a los medicamentos indios cuyo aporte había sido fundamental para la lucha contra el SIDA. Por imperio del juego del “libre mercado” (libre para el lucro de los laboratorios) el costo del tratamiento pasó de 150 a 1500 dólares por persona y por año. Sin embargo debemos callar ante el discurso de los doctos del libre mercado y aceptar que a partir de los acuerdos de la OMC de 2005, todos los medicamentos creados de 1995 en adelante están protegidos por el sistema de patentes y no entran en competencia. Ello implica un aumento de precios que alcanzará diez veces su valor anterior.

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2006-09-15 00:00:00
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