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El tema no son los nombres sino el destino de la CGT
El movimiento obrero argentino tiene no sólo el derecho sino el deber de expresar en qué modelo de sociedad quiere vivir. Y éste no puede ser otro que el de la justicia social, el del pleno empleo, el del respeto a la ancianidad.
Categoría: Opinión

El movimiento obrero argentino tiene no sólo el derecho sino el deber de
expresar en qué modelo de sociedad quiere vivir. Y éste no puede ser otro que
el de la justicia social, el del pleno empleo, el del respeto a la ancianidad.

Fantasma del pasado o multiplicidad de sellos de goma, esas son las
alternativas que enfrenta la Confederación General del Trabajo si lo que
hacemos queda encerrado entre cuatro paredes o aferrado a mesas de discusión
alrededor de las que se establecerán cuántos cargos va a tener su conducción y
cómo se van a repartir.
La Confederación General del Trabajo está obligada a abrir el debate interno
sobre qué intereses representa y cómo los representa. Es el debate sobre el
programa político sindical al que deberá ajustarse su conducción y militancia.
Subrayamos la condición política del sindicalismo cegetista porque de ahí
viene, está en su origen y representación. La CGT existe para pelear por
salarios y condiciones laborales a una escala que la involucra con el todo
social porque es una central de trabajadores organizada por rama de actividad
y, quiéranlo o no los gobernantes de turno, todo lo que hace lo hace desde esa
posición, lugar que es su condición de existencia y matriz de su identidad
peronista.
El movimiento obrero argentino tiene no sólo el derecho sino el deber de
expresar en qué modelo de sociedad quiere vivir. Y éste no puede ser otro que
el de la justicia social, el del pleno empleo, el del respeto a la ancianidad.
Esto nos lleva a confrontar con programas dogmáticos de políticas económicas
que fomentan la bicicleta financiera frente al trabajo, el lucro que genera
exclusión, la hipoteca de las generaciones venideras resignando dignidad y
soberanía nacionales.
Bien ha dicho el compañero Carlos Minucci, secretario general de la Asociación
del Personal Superior de la Energía Eléctrica (Apsee), que “la unidad del
movimiento obrero es demasiado grande para depender de las decisiones de una
mesa chica. Ante la problemática de la unidad, los gremialistas deben tener la
voluntad de abrirse a todas las corrientes”.
Minucci ha recordado en declaraciones públicas que la Corriente Sindical
Federal y el Núcleo del Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA) se hicieron
presentes en el acto multitudinario organizado el 12 de julio último por la
Asociación Bancaria, “por lo que una mesa chica no puede imponer a los candidatos
del establishment”. Aquella multitud le dio fervor a los discursos de los compañeros
Sergio Palazzo y Héctor Amichetti que reafirmaron la condición política de la
acción sindical. El secretario general de la Bancaria lo hizo leyendo la
declaración de la Independencia proclamada en Tucumán en 1816, un mandato
cargado de fuerza y contundencia que testimonia, como había sucedido un año
antes en 1815 en el Congreso de Oriente con la Liga de los Pueblos Libres
liderada por Artigas, que los congresales de Tucumán resolvieron la
independencia de las Provincias Unidas dándole una definida proyección
continental.
Los compañeros Palazzo y Amichetti reivindicaron la historia del movimiento
obrero reafirmando los compromisos contraídos en 1957 en La Falda, en 1962 en
Huerta Grande, en 1968 con la Declaración de la CGT de los Argentinos y con los
26 puntos de Saúl Ubaldini.
La pretensión de reducir la CGT a una disputa de cargos o a una junta de
operadores gremiales está condenada al fracaso. Es bueno que se abran las puertas
y se confíe en que las mejores construcciones son las que “crecen desde el
pie”. Así como se convoca a un debate a los secretarios generales, se deben
convocar a las regionales de la CGT.
“Desde la periferia se ve mejor el centro”: por ello impulsamos un movimiento
obrero federal cuyos protagonistas son los trabajadores. La imponente
movilización del pasado 30 de abril lo demostró y el tema de cuántos o quiénes
fueron los oradores pasó a segundo plano. La contundencia la produjeron los
trabajadores en la calle poniendo en evidencia una vez más que lo importante es
la bandera y no el abanderado.

Nota:
Horacio
Ghilini es secretario de Relaciones Internacionales del Sindicato Argentino de
Docentes Privados.
El texto se publicó en www.trabajoyeconomia.com.ar.

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2016-08-01 00:00:00
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