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El mensaje geopolítico del 18F
En el centro del significante vacío “Yo soy Nisman” se encuentra la disputa por la estrategia geopolítica argentina en el escenario mundial. La posición conservadora insiste en mantenernos subordinados a Estados Unidos.
Categoría: Opinión

En el centro del significante vacío “Yo soy Nisman” se encuentra la
disputa por la estrategia geopolítica argentina en el escenario mundial. La
posición conservadora insiste en mantenernos subordinados a Estados Unidos.

Es difícil pensar que el deceso del fiscal Nisman por causas dudosas sea la
única explicación de la movilización social del 18F. En este sentido, nuestro
país ha vivido tragedias significativamente mayores, tanto en número de
víctimas fatales como en heridos graves, y la movilización social impulsada por
los familiares de las víctimas en reclamo de verdad y justicia tuvieron un
acompañamiento social significativamente menor. Breves recuerdos de estas
dolorosas experiencias fue la tragedia de cromañón en 2004, que se cobró la
vida de 194 jóvenes y 1432 resultaron heridos. El accidente ferroviario de Once
en el 2012, donde perdieron la vida 51 personas y más de 702 resultaron
heridos. El incendio al parecer intencional en Iron Mountain en el 2014, que
provocó la muerte de diez bomberos voluntarios en cumplimiento de sus
funciones. Esto para citar algunas de las grandes tragedias recientes que le
tocó vivir a nuestro país.
Bajo estas circunstancias es válido preguntarse si la frase emblema de la
marcha del 18F, “Yo soy Nisman” no engloba algo más que el homenaje al fiscal
fallecido en la torre Le Parc de Puerto Madero. Si esto es así, estamos frente
a lo que el filósofo Ernesto Laclau denominó un “significante vacío”. Que son
aquellas palabras o frases que, sin dejar de referenciar un hecho particular -como
en este caso la muerte del Dr. Nisman- son portadoras de una idea totalizante y
aglutinadora de un proceso de construcción de hegemonía política. En este
sentido, Laclau señala que la operación por la que un hecho particular asume
una significación universal e inconmensurable es parte del proceso de
construcción política de la hegemonía. En otras palabras, el significante vacío
transmite una idea totalizante que excede el sentido literal de la palabra y,
por lo tanto, se vuelve una figura clave en la construcción de la
identificación política del enemigo común. Para entender la disputa hegemónica
que está detrás del significante vacío “Yo soy Nisman”, es importante pensar la
denuncia del fiscal desde un sentido geopolítico. En estos términos, Nisman
denuncia que los principales responsables de fijar el rumbo de las relaciones
internacionales de la República Argentina -la presidenta y el canciller- están llevando
adelante un acercamiento geopolítico y comercial con países no alineados con
las potencias occidentales. En este caso el involucrado es Irán pero el
concepto es perfectamente extensible a los acuerdos con Venezuela o China. A
partir de allí, el formato jurídico de una denuncia obliga a forzar el
encuadramiento de este hecho en un tipo penal, que en este caso sería el
encubrimiento del atentado a la AMIA. Resulta realmente difícil creer que una
persona en su sano juicio va a incurrir en el delito de encubrimiento de los
responsables de un atentado terrorista para que los productores locales de
trigo puedan vender este producto a Irán.
En esta disputa hegemónica, la marcha del 18F representa entonces la fuerza
política de aquellos que están en desacuerdo con la estrategia Argentina de
acercamiento a países no alineados con las políticas de occidente. En este
contexto la muerte del fiscal fue el vehículo, el significante vacío, para
expresar la posición política de conservar el rol histórico de la Argentina
como país periférico y subdesarrollado en las jerarquías capitalistas. El lema
conservador para justificar la falta de desarrollo nacional en 200 años de
relaciones de dependencia, más o menos intensas, con las potencias de Europa y
Estados Unidos es siempre el mismo: “Somos un país rico en recursos naturales y
capacidad humana pero somos subdesarrollados porque la clase política es
corrupta e incapaz”, escondiendo así las intervenciones colonialistas en la
región. En definitiva, los modelos de país se expresan hoy en diferentes
estrategias geopolíticas a nivel internacional. La posición conservadora
insiste en mantenernos subordinados a Estados Unidos, pagarle a los fondos
buitre y hacer los deberes para tomar deuda en los mercados financieros de occidente.
La posición heterodoxa, expresada en este caso por el gobierno, plantea la
necesidad de acordar con nuevos actores mundiales entendimientos geopolíticos
de largo plazo para financiar el desarrollo productivo de nuestro país. Lo más
sano para la sociedad es que estos dilemas políticos, expresados en cierta
forma a través de las marchas del 18F y el 1M, se diriman democráticamente en
las urnas y no en los pasillos de tribunales.

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2015-03-25 00:00:00
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