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El comunismo murió, nació el consumismo
Categoría: Opinión

El niño nace en un mundo hecho por (nos)otros, es evidente. Llega a joven viendo el comportamiento de los mayores y éstos se encargan de mostrarle, aunque no lo quieran o aunque crean que no lo hacen, cómo debe vivirse la vida y cuales son los valores que sustentan esas conductas. Ya algo de esto vimos. Pero detengámonos brevemente en el tema de la publicidad y el consumo.
La publicidad, omnipresente en la sociedad occidental capitalista, se encarga de mostrarnos una realidad deformada, intentando machaconamente que el ciudadano consuma sin límites, todo tipo de productos, sin reflexionar en los posibles impactos o perjuicios que puedan causar a las personas, al medio ambiente, a otras culturas, etc. El ciudadano feliz, modelo publicitado que es, por regla general, rubio y alto de ojos celestes, desde pequeño hasta el final de sus días ha de consumir todo tipo de productos. Es en esta tarea donde se materializa su felicidad. Hoy se vende y se consume absolutamente de todo: viajes, votos, salud, cuotas de pesca, agua, felicidad, sexo, seguridad, inversiones, deportes, aventuras, derechos, hasta niños o niñas, patentes de explotación de la naturaleza…
El hacer de todo objeto un bien de consumo convierte a la persona en un consumista. Intentemos una definición: es aquella persona feliz en su desenfreno por comprar bienes y servicios que, en muchos casos, se acumulan sin una utilidad concreta y sin una necesidad clara. Compran a profesionales especializados que les explican las bondades de lo inservible. Que esa felicidad y confort anhelados, logrados de esta manera, lleva aparejado un deterioro de los medios en los que vivimos (aire que respiramos, agua que nos da vida, suelos contaminados), un agotamiento de recursos y la explotación de personas, no es un tema que interese.
La consecuencia de todo ello es que se vive en un mundo desigual en el que el consumismo y la pobreza conviven. Sin embargo, dentro de este cuadro, no aparecen los dirigentes que tengan voluntad política para frenar el consumismo de unos y elevar el nivel de vida de quienes más lo necesitan. La clase de los consumidores comparte un modo de vida y una cultura cada vez más uniforme, globalizada, dentro de la cual los grandes supermercados y centros comerciales son las nuevas catedrales de la modernidad. Si los hábitos de consumo de los 1.700 millones de consumidores se extendiesen a toda la población mundial (6.300 millones de personas), la situación sería completamente insostenible, a causa del consumo de agua, energía, madera, minerales, suelo y otros recursos.
Por qué esos dirigentes no asumen la responsabilidad de modificar las cosas. Puesto que porque los consumidores no aceptarían a alguien que les quisiera aguar la fiesta en la que viven hablándoles de cosas tristes como las mencionadas. Por lo tanto no podrían recolectar los votos de “gente como uno” que vota a quienes les prometen un mundo consumista.
El desarrollo económico y político actual se caracteriza, según el último informe del Worldwatch, más que por la victoria del capitalismo y la democracia sobre el comunismo, por la victoria del consumismo. El consumismo hoy domina la mente y los corazones de millones de personas, sustituyendo a la religión, a la familia y a la política. El consumo compulsivo de bienes es la causa principal de la degradación ambiental. El cambio tecnológico nos permite producir más de lo que demandamos y ofertar más de lo que necesitamos.
¿Es de extrañar que hayan sido los jóvenes los que comenzaron con los movimientos ecologistas? Tampoco debería sorprendernos que seamos los adultos maduros los que desvalorizamos esas ideas, despreciamos y nos burlamos de aquellos que hablan de esto. Somos unos verdaderos modelos para ellos, por eso tenemos derecho a criticarlos tanto.

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2008-08-03 00:00:00
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