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Democracia y desigualdad
Categoría: Opinión

Para comprender mejor qué es la democracia y sus ventajas Raymond Aron, autor que estoy siguiendo en estas notas, establece algunas comparaciones con el régimen de la Unión Soviética. Tiene por objetivo encontrar la respuesta respecto de qué sistema responde mejor a las exigencias sociales. Toma como variable de comparación la desigualdad social en ese sistema y en el capitalismo occidental. Aunque esta comparación aparezca hoy como antigua y obsoleta creo que, más de quince años después del derrumbe soviético y su ingreso en una economía de mercado, es útil ver resultados en uno y otro sistema. Sobre todo hoy cuando el crecimiento del Partido Comunista allí está hablando del desencanto del pueblo ruso para con el mercado libre.
En la economía de mercado se argumenta que la desigualdad opera como incentivo de la productividad, la responsabilidad, la capacidad, etc., y al promover e incentivar la competencia, queda en las manos de cada uno esforzarse para alcanzar el mejor nivel posible, acorde con sus capacidades y habilidades. Por el contrario, la Unión Soviética había intentado en una primera experiencia, en la década del veinte, cerrar todo lo posible el abanico de retribuciones, es decir que la distancia entre el que más ganaba y el que menos fuera lo más corta posible. Los resultados fueron nefastos, debiéndose modificar muy pronto por las desastrosas consecuencias que trajeron aparejados. Estas referencias a los soviéticos son constantes a lo largo del libro, Dieciocho lecciones sobre la sociedad industrial.
Las sociedades industriales avanzadas, en cambio, lenta y paulatinamente han ido acercando los extremos del abanico de retribuciones hasta la década de los años setenta. A este autor parece escapársele que gran parte de ello se debió a la conformación de sólidos sindicatos y centrales de trabajadores, cuyas luchas constantes obtuvieron esos logros. No mencionarlo da a entender que el capitalismo pugna por una igualdad en la distribución de las riquezas, cosa que la historia reciente desmiente.
La otra forma de desigualdad parece más difícil de ser defendida, es la que emerge de la propiedad sobre los instrumentos de producción: “la desigualdad en la distribución del capital”. Y es una desigualdad más injusta porque coloca a los hombres en puntos de partida diferentes para enfrentar la competencia, y ello no es atribuible a sus méritos. En este aspecto Aron acepta esto como una dificultad pero cree que la situación es inmodificable. Pero, aun siendo un problema, hasta consubstancial con el sistema, ofrece sus ventajas.
 Todo sistema que deja a los individuos la propiedad sobre los medios de producción y que exige la competencia entre ellos, con vistas al máximo beneficio, forzosamente tiene que comportar una desigualdad importante de capital y de los ingresos después como resultado. Es el precio de vivir en libertad, dentro de la cual se comprobarán las diferencias individuales y sus resultados. Por ello, esa desigualdad, en la retribución, no es vista como injusta si está basada en las distintas capacidades o habilidades.
Nos encontramos acá con un argumento clásico del liberalismo del siglo XIX, que tras la defensa de la libertad acepta las consecuencias no deseadas a que ella da lugar. Pero ese liberalismo no entraba a discutir las consecuencias de la propiedad privada porque ésta era considerada una condición natural de la dignidad humana, base de la defensa de la libertad individual. Lo que es subrayable en Raymon Aron es que acepta investigar el tema aunque sus conclusiones no difieran de sus antecesores.

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2007-04-21 00:00:00
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