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30 años de genocidio
Categoría: Opinión

La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Bahía Blanca, por medio de su secretario general Eduardo Hidalgo, dio a conocer un mensaje a 30 años del Golpe militar de 1976. Publicamos extractos del mismo.
 
“Solo pido una cosa, los que sobrevivís a esta época no olvidéis. No olvidéis ni a los buenos ni a los malos. Reunid con paciencia testimonios sobre los que han caído por sí y por vosotros. Un día, el hoy pertenecerá al pasado y se hablará de una gran época y de los héroes anónimos que han hecho historia. Quisiera que todo el mundo supiese que no ha habido héroes anónimos que han hecho historia. Eran personas con su nombre, su rostro, sus anhelos y sus esperanzas y el dolor del último de los últimos no ha sido menor que el del primero cuyo nombre perdura”.

30 años en la dura tarea de reconstrucción de la memoria, en la lucha por verdad y justicia, en la exigencia de vigencia irrestricta de todos los Derechos Humanos para todos ya.
30 años de lucha desigual pero tenaz e inclaudicable, frente a los partícipes sociales y cómplices de los genocidas.
30 años en una ciudad donde la conjunción militar, empresaria, sindical, política y eclesiástica ha sido una organización brutal para el encubrimiento.
30 años donde permanecieron en la oscuridad de sus madrigueras al acecho constante y hasta siendo convocados a las mesas donde se han debatido y se debaten los supuestos proyectos para la ciudad.
30 años en los que han escrito con las manos manchadas con la sangre de nuestros familiares, compañeros, vecinos y amigos, agraviándonos al no poder probar que son inocentes, porque el dedo acusador de la realidad los señala como cómplices y partícipes necesarios del genocidio.
30 años mostrando su amoralidad, y desde allí pretendiendo decirnos como debe ser la democracia, esa que violaron al igual que nuestros derechos a lo largo de la historia, mientras siguen expresando su adoración por esos patriotas que son sus amigos genocidas.
30 años sosteniendo a sus amigos genocidas que llevaron a nuestros jóvenes a la aventura mesiánica de una guerra, que permitiera se perpetuaran en el poder, y con la que demostraron su bajeza apuntando a destruir el sentimiento nacional de nuestra soberanía en Malvinas.
30 años también con la marca vergonzante de los defensores del dogma de la disciplina partidaria. Los que silenciaron su voz frente al crimen de la impunidad de leyes y decretos inconstitucionales.
30 años donde la investigación que sirvió de base para un juicio histórico como el de las Juntas Militares, fue malversado en el intento de que fuera eso y nada más, dándole la impunidad a la totalidad del resto de los genocidas para luego cerrar el círculo liberando también a los condenados.
30 años de silencio que victimizaron por segunda vez a los compañeros ya violados en sus derechos por la dictadura, previo paso por la teoría de los dos demonios pergeñada por los genocidas y asumida como propia.
30 años en una ciudad, donde el olvido, el encubrimiento, el mirar para otro lado, la interpretación caprichosa de la política ha sido casi una constante.
30 años en que se han sucedido la violación de derechos esenciales como el trabajo, la salud o la educación, y se han sumado las exposiciones e interpretaciones interminables de proyectos de gobiernos municipales que nos traían la solución y el cambio, y así estamos hoy.
30 años donde ha habido cuanto menos una incapacidad de hacer de la política la herramienta excluyente para la protección de nuestros derechos, y si embargo se han implementado acciones para el asistencialismo permanente, que habilita a la manipulación y aporta contra la dignidad de las personas y el ejercicio pleno de sus derechos.
30 años donde hemos visto y vemos aún hoy que son muchos los que siguen abonando a la teoría de la “ciudad isla”. Esa en la que no pasa nada, donde prevalece el razonamiento encubridor de la prolijidad careta.
30 años donde la hipocresía ha establecido el juego del comosí, comosí no pasara nada o no hubiera pasado nada. Una construcción social que ni siquiera se ha permitido la higiene del duelo por el genocidio de sus vecinos. Que frente a los sucesos actuales de estado público, hasta parecen escandalizarse los que así han planificado para su propio beneficio, los 30 años de la vida de esta que alguna vez fue la Bahía de la Esperanza. Sin embargo no hay mal que dure cien años, y todo eso se va desgajando lenta pero inexorablemente.
30 años de lucha de los que nunca negociaron puestos o aceptaron el silencio, y siguen teniendo el mismo compromiso. Entonces hay esperanza a pesar de tanta hipocresía, y lo terrible de todos estos años nos sirve para seguir resistiendo y colaborar en una construcción diferente, pensando en las nuevas generaciones que ya tampoco toleran ese silencio que no les permite saber que paso en estos 30 años y que nos sigue pasando. Porque esos muchos que nunca cedieron, permanecen con rigor y dignidad buscando esa sociedad que necesitamos los bahienses, que también somos argentinos (…).
No nos sometimos nunca a los intentos de silencio y olvido. Por eso lamentamos hoy la decisión gubernamental, profundamente contradictoria y enormemente dañina, de declarar feriado el 24 de marzo, porque para la Memoria, la Verdad y la Justicia no hay feriado. Hubiera tenido su correlato coherente con otras medidas tomadas en tal sentido, declarar que obligatoriamente en escuelas y todos los ámbitos posibles, y como única actividad para ese día, haber reflexionado sobre lo que nos pasó hace treinta años y que nos sigue pasando hoy. A pesar de todo seguiremos trabajando para que en cada aniversario del golpe hayamos avanzado un paso más, para que en cada escuela, en cada facultad, en cada oficina, en cada fábrica, se discuta y se sepa qué fue el Terrorismo de Estado.
Que desde los diferentes ámbitos cada vez más se tomen las banderas de Memoria, Verdad y Justicia y los reclamos por saber que pasó con nuestros 30.000 detenidos desaparecidos y con sus hijos apropiados.
Que se debata el por qué del Golpe de Estado Genocida, el por qué de la impunidad posterior para los asesinos y sus consecuencias hoy.
Que se reflexione acerca de cómo, donde y por qué siguen siendo violados los derechos de los hombres, las mujeres, los niños, los jóvenes, los ancianos, los pueblos originarios, las minorías. La vigencia de nuestros derechos no es una dádiva de un gobierno, o una concesión de partido político o sector alguno, nos pertenece por nuestra condición de humanidad y vamos por todos.

30 años después seguimos queriendo y exigiendo lo mismo. Queremos y exigimos Justicia para nuestro pueblo, Justicia que permita que nuestros pibes tomen leche y coman carne todos los días, que nuestros viejos tengan una jubilación digna, que todos podamos tener un trabajo que nos permita vivir y no sólo sobrevivir, que todos tengamos un hogar, acceso a la educación, la salud y a todos esos Derechos Humanos por los que luchaban nuestros 30.000.
Mientras intentamos aportar a una sociedad auténticamente democrática, justa, libre, solidaria y contenedora de todos, para hacer realidad aquella lucha, nos abrazamos a aquello que decía nuestro compañero Paco Urondo: “Arderá la memoria hasta que todo sea como lo soñamos”.

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2006-04-01 00:00:00
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