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Una gota de sangre en el champagne
Categoría: Interés general

Mientras en Francia los propios franceses denuncian las atrocidades del Dakar, y hasta cantan en público su protesta (como la canción que traducimos abajo), en Argentina una joven mujer muerta, ambientes despedazados y leyes violadas sistemáticamente quedan en el silencio. Todo para que niños ricos del Norte jueguen a la aventura, disfrazándose de valientes (porque sus vestimentas multicolores y el propio Dakar son la más patética muestra de cobardía humana), para que unas pocas empresas hagan negocio, para que algunos funcionarios salgan en la foto.
 ¿Pan y circo? No. Solamente circo. Porque al pan se lo llevan los organizadores franceses y sus socios de Argentina. El resto, la sociedad que no se agolpa en los caminos, se queda con la destrucción, con la dignidad destruida y con muchos millones de dólares menos en las arcas públicas. Porque al circo de los extranjeros lo pagamos nosotros, el empleado de una tienda en Pergamino, el que compra un kilo de yerba mate en Roque Saénz Peña, una maestra olvidada de la cordillera. Al fin del día y del Dakar todos lo pagamos. Con una muerte innecesaria. Con ambientes que ya no serán. Con leyes violadas impunemente. Con un país que se mostró al mundo como la nueva republiqueta bananera ansiosa de darle aventura, víctimas y bronceado a unos cuantos aventureros de papel maché.
Porque los verdaderos héroes y valientes son los que viven en esos desiertos que las máquinas multicolores de los corredores del Dakar violan impunemente. Los verdaderos hombres y mujeres son aquellos que diariamente viven en las serranías, de sus árboles y de su clima duro, no los niños ricos que vienen a jugar por unos días apoyados en helicópteros, hospitales de campaña e inmorales presupuestos.
Me niego a reconocer aventura y valor en la competencia más cobarde de la Tierra. Declaro formalmente que a los organizadores franceses y locales, y a los pilotos que pagan por inscripción 50 meses de sueldo de una maestra, no les importa la fragilidad de la vida humana. Ni los desiertos floridos. Ni la pobreza de un país cuyos gobiernos prefieren venderlo mal en imágenes. Todo al precio de una joven que no debió morir.
Mientras los habitantes de Andalgalá ponen en peligro su salud y su vida para detener el avance genocida de las megamineras. Mientras una radio de Loncopué es atacada cobardemente porque dice la verdad. Mientras el gobierno de Neuquén convalida esa barbarie con su silencio. Mientras anónimos médicos y enfermeras contribuyen a reducir el horrendo sufrimiento de los pobladores de Haití. Mientras el mundo real que vive cerca de los caminos y terrenos destrozados por las motos, autos, camiones y cuadriciclos del Dakar sufren discriminación, pobreza y escarnio, el señor Etienne Lavigne, organizador del Dakar (Amaury Sports); el señor David Eli, co organizador con base en Córdoba (OTTA) y los pilotos “ganadores” de este juego disfrazado de deporte festejan riendo con chorros de champagne.
 Aunque FUNAM viene luchando desde hace años contra la degradación ambiental, contra la injusticia y contra la corrupción, pocas veces nos dedicamos con tantas pruebas contundentes y tanto enojo a preparar una denuncia penal. Porque los organizadores del Dakar y los funcionarios que los acompañaron deben llegar a la justicia. Deben ser investigados. Lo que hicieron es inmoral, es casi una asociación ilícita.
Mientras escribo estas palabras los chorros de champagne siguen bañando el aire festivo, los trajes a medida de los sponsors y los vehículos cargados de barro y propaganda. Todos ríen descaradamente. Jugaron a la aventura a costa de un país y la muerte de una mujer joven.
Pero su chorro de champagne tiene una gota de sangre. Una gota de sangre tan injusta como poderosa. Ya no son chorros de champagne sino de sangre, depredación y vergüenza.
Los pilotos y organizadores volverán a sus casas confortables donde contarán sus historias de cobardía y colonialismo disfrazadas de aventura. Pero aquí en Argentina ya estamos acostumbrados a tener memoria. Y a ejercerla.
Mempo Giardinelli acaba de publicar un poderoso prólogo para no olvidar. Una contundente rebeldía contra el silencio cómplice y el olvido por decreto.
Por eso a los organizadores del Dakar y a sus pilotos les decimos que no olvidaremos sus risas y sus festejos después de haber dañado ambientes, violado leyes e ignorado, inmoralmente, que por culpa de su safari colonial murió una joven mujer de Córdoba. En Argentina. En América del Sur. En el Tercer Mundo.

Nota: Este texto ha sido distribuido por la organización ambientalista Alihuen. El título “Una gota de sangre en el champagne” está inspirado en un texto atribuido a Jacques-Yves Costeau, donde hace referencia a “una lágrima en el helado”. Raúl A. Montenegro es biólogo y preside FUNAM (Fundación para la defensa del ambiente).

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2010-01-23 00:00:00
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