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Treinta y dos años de silencio e impunidad
Categoría: Interés general

(Fragmentos del documento leído en el acto realizado en el ingreso del Centro Clandestino de Detención «La Escuelita», que funcionó en el Comando del V Cuerpo de Ejército).

Treinta y dos años de impunidad. Medida de tiempo que adquiere brutalidad frente a los crímenes cometidos por el Estado de facto cívico militar genocida de 1976. Treinta y dos años sin miles de compañeros volcados en la lucha por una sociedad mejor. Además, los dos últimos sin la digna valentía y el desprecio por los genocidas de Jorge Julio López. En este caso el protagonista un Estado inerme y facilitador para que los desaparecedores no sean encontrados.
La impunidad más brutal y permanente se opera hoy en la Bahía del Silencio desde el Juzgado Federal Nº 1 a cargo del juez federal Alcindo Álvarez  Canale. Merecedor de juicio político el juez Alcindo Álvarez Canale denunciado ante el Consejo de la Magistratura por nuestra institución, ha facilitado por acción u omisión que los genocidas del Comando Quinto Cuerpo de Ejército y del Centro Clandestino de Detención “La Escuelita” que funcionó en este lugar, ni siquiera estén cerca de su enjuiciamiento por los crímenes de lesa humanidad cometidos hace treinta y dos años. Medidas y burocracia que traban y patean hacia adelante la posibilidad de juicios orales, son algunos de los méritos del juez Alcindo Álvarez  Canale. Suma prófugos o muertos por razones naturales, que no pagan por sus crímenes. Niega las pruebas, indicios o testimonios contundentes que en los expedientes certifican donde estaban estos integrantes de comandos que resolvían vida o muerte de vecinos bahienses. Sus operadores que actuaban en grupos de tareas mimetizados en la población, con el encubrimiento de empresarios, clérigos y el periódico local. El mismo que registra en sus páginas, cada dictadura apoyada desde 1955, y el genocidio que apoyó y que hoy sigue reivindicando. Sin embargo este juez recorre el camino inverso, el de la impunidad.
La lucha contra la injusticia es tan antigua como la humanidad misma. Las sociedades que crecen perciben lo que acontece, y valoran para si las acciones propias o ajenas y se adecuan a unos cánones mínimos de convivencia. No sólo se contentan con conocer la realidad, sino que intentan modificarla de acuerdo a determinados valores. La estrategia de la lucha contra la injusticia está intima y directamente relacionada con los Derechos Humanos. Es fundamentalmente no una mera «conquista de derechos», funcionalmente considerados, ni una dadiva de gobierno o poder alguno, sino que debe ser un objetivo de la sociedad, en el sentido de posibilidades reales de actuación, y en conseguir su articulación social.
(…)
Los derechos económicos, sociales y culturales, tales como el derecho al trabajo y los derechos a una adecuada alimentación, salud, vivienda y educación aún están invisibles mayoritariamente. Estos derechos son la base del más importante de todos, el derecho a la vida. Giran y se centran sobre este, si por vida se entiende todo lo que contribuye a la existencia y la mejora de la condición humana. Hay quienes aún hoy consideran que estos derechos son un ideal a lograr, es decir, que no son reclamables inmediatamente.
(…)
Hasta hace más de treinta años, se comprobaba que la pobreza era fruto de la injusticia. Sin embargo eso parece haber cambiado por estos tiempos. Muchos creen hoy que la pobreza es el justo castigo que la ineficiencia merece, o simplemente es un modo de expresión del orden natural de las cosas. La pobreza puede merecer lástima, pero ya no provoca indignación. Hay pobres por ley de juego o fatalidad del destino.

(…)
Treinta y dos años después, las ausencias siguen tan presentes como siempre y mucho más aquí, donde como decimos siempre, nuestro ejercicio de la memoria los recupera para continuar. Para comprobar que la búsqueda de aquel país y aquella sociedad mejor por la que iban nuestros treinta mil está por hacerse, pero con TODOS de verdad. Para entender que es necesario que la Bahía del Silencio sea alguna vez la Bahía de la Esperanza que nos sigue esperando en algún recodo de ese camino. Camino cuya construcción poco a poco debe necesariamente ser una posta asumida por los jóvenes. Con nuevas ideas, sin dogmas ni sectarismos, con opinión y participación crítica. Sabiendo que es necesaria una sociedad bahiense, que se mire en todos y cada uno. Borrando el mezquino individualismo, y su conducta discriminadora y violenta para resolver lo social, con el discurso faccioso de la dictadura.
Honrar la vida, es no callar y no aceptar las injusticias repetidas durante años, para hacer real la plena e irrestricta vigencia de TODOS los Derechos Humanos para TODOS Y TODAS.

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2008-03-29 00:00:00
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