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Análisis que cuentan
El investigador en Literatura norteamericano David Foster visitó la ciudad a mediados de julio, invitado por un grupo de estudios de Humanidades de la UNS, y se refirió a uno de los ítems que relevó en su camino como estudioso de las cuestiones sexuales y de género en las letras de América: la homofobia.
Categoría: Interés general

El investigador en Literatura norteamericano
David Foster visitó la ciudad a mediados de julio, invitado por un grupo de
estudios de Humanidades de la UNS, y se refirió a uno de los ítems que relevó
en su camino como estudioso de las cuestiones sexuales y de género en las
letras de América: la homofobia.

Autor
de casi noventa libros sobre investigación literaria en diversas temáticas, el
catedrático norteamericano David William Foster pasó por la ciudad a medidos de
julio último, invitado por el Centro de Estudios e Investigaciones de las
Culturas Antigua y Medieval (CEICAM) de la Universidad Nacional del Sur (UNS)
que dirige el medievalista Gerardo Rodríguez.
Docente en la Universidad del Estado de Arizona, Estados Unidos, Foster inició
sus estudios en aspectos particulares de la literatura medieval y ha dedicado
sus últimos años de labor a trabajar sobre cuestiones sexuales y de género en
las obras literarias de todo el continente.

Estudios y teoría queer
Mientras tiene en su etapa final de preparación la edición de cuatro
nuevos libros -entre ellos, la traducción al inglés de la novela Timote, de
José Pablo Feinmann-, Foster centró su conferencia en la UNS en parte de la
temática tratada en su último volumen publicado, Ensayos sobre culturas
homoeróticas latinoamericanas, que fue publicado en 2009 por la editorial de la
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.
El análisis a partir del cual el investigador traza su recorrido por distintas
variantes de expresión en Latinoamérica se sustenta en la llamada “teoría
queer”, que sostiene como postulado básico la idea de que las divisiones
sociales en base a géneros u opciones sexuales escogidas es, en realidad, una
construcción social, lo que supone la idea de tomar los papeles sexuales como
un rígido mandato de la naturaleza.
“Es un campo de investigación que adopta una actitud de resistencia frente a la
heteronormatividad obligatoria, considerando que ésta es un constructo ficticio
en cualquier de sus lados: legal, moral o religioso, pero que aparece como
obligatorio”, explica Foster.
La responsabilidad de cada uno ante tal situación implica, como primera medida,
reconocer el estado actual de las cosas. Es decir, advertir el componente
sexista que opera a partir de la división entre hombres y mujeres. “Pero
también estamos hablando de superar esta división tradicional y los roles
impuestos. Porque incluso en un mundo de igualdad entre hombres y mujeres
estamos hablando de un constructo social y, por ende, ficticio. Que puede ser
conveniente y cómodo, pero debe ser cuestionado”, marca el estudioso estadounidense.
La obligatoriedad es impuesta por la cultura patriarcal: “El patriarcado es la
superestructura de poder que impone, muchas veces en forma violenta, la
heteronormatividad vista como obligatoria”.
Durante su conferencia en la UNS, Foster marcó además la incomodidad que genera
el lenguaje en la interacción social, cuando hace que no sepamos cómo pararnos
frente a actitudes sexistas presentes en el lenguaje, ni cómo hacerlo aun
cuando prime el interés por escapar de él,. En efecto, por caso, tendemos en el
uso coloquial a englobar objetos o sujetos bajo plurales masculinos. “Una
opción es el reciente uso del arroba para significar, por ejemplo, todos y todas
en una misma palabra. Otra es buscar adjetivos sin género subyacente, como
‘felices’ en lugar de ‘contentos’”, enumera.

El Cono Sur
Consultado acerca de qué evaluación hace de las sociedades
latinoamericanas, Foster limita su análisis al marco que le otorga su formación
como investigador, prefiriendo no hacer consideraciones de otra índole por su
condición de extranjero.
Como analista e historiador de las expresiones culturales, marca que las
naciones del Cono Sur “son países que tienen una continuidad histórica con los
otros. Son herederos de la Inquisición española o portuguesa. Las normas
eclesiásticas, aunque no universales, han ejercido y ejercen todavía un poder
muy fuerte”.
Por otra parte, agrega, “muchos son países de orígenes inmigratorios, donde se
percibe un cierto conservadurismo en aras de ‘hacer la América’, frente a lo
cual están las culturas aborígenes que han sido perseguidas y tenían otra
concepción de la organización social y sexual y se constituyen en una base
resistencia frente a lo dominante”.

Qué conducta tomar
Ante la inevitable pregunta de qué hacer ante tal estado de la cuestión,
Foster se muestra prudente y admite que la naturaleza humana es “muy precaria”,
por lo que “siempre hay que estar luchando contra lo peor de nosotros”.
“Hay que tomar en cuenta que esas cuestiones son parte de esa naturaleza
humana. No podemos superar el sexismo o el racismo. Sí tenemos que ser
conscientes de esos fenómenos, para armar un discurso público y privado sobre
cómo combatirlos”, subraya.
Como ejemplo ofrece su propio caso, acaso por aquello de que todo análisis
comienza por casa y cómo andamos: “yo soy hombre. Hace muchos años que trabajo
en estudios sobre la mujer. Pero debo reconocer que también adolezco de una
cuota de sexismo. Porque han sido años de formación en sociedades sexistas.
¿Qué puedo hacer? Ser consciente de eso y tratar de sobrellevarlo, estar
abiertos a los indicadores de las actitudes sexistas, para no caer en ellas
inconscientemente”.
Coherente con ello, sostiene que el mejor remedio para las expresiones sexistas
es visibilizarlas. “Creo que es muy importante la visibilidad pública de las
conductas malsanas o nocivas para la sociedad. No es suficiente ser tolerante:
uno puede tolerar el calor o el frío, pero no al otro”, indica, marcando lo
inadecuado de la trillada frase, muchas veces pretendido slogan contra la
discriminación.

Cuadro de vida
Lo primero que sorprende de David Foster es su facilidad para hablar el
castellano, que le permite usar incluso giros del lunfardo de manera óptima.
Aunque se crió en la portuaria Seattle, David Foster nació en la ciudad de
Cordova, en el estado de Alaska. “Por eso, siempre que voy a Córdoba digo que
soy cooordobés”, bromea imitando el acento de algunos de sus muchos amigos argentinos.
Adquirida a los rusos en 1867 por el gobierno norteamericano, Alaska se
encuentra separada del territorio de los Estados Unidos. Esta separación
geográfica se siente en el aspecto de la integración cultural, según reconoce
el propio Foster, quien obtuvo su doctorado en la Universidad del Estado de
Washington en 1964.
Tan sólo tres años después llegaría a Argentina. Su entrada al país fue
precisamente por Bahía Blanca, aunque no llegó a conocer la ciudad.
Originalmente, el recorrido pensando era Nueva Orléans-Buenos Aires, pero el
barco en el que viajaba fue derivado a aguas bahienses para la entrega de
material de exploración petrolera. “Nunca llegue a conocer Bahía Blanca como
tal, pero, eso sí, comencé oficialmente mis ya añosas andanzas argentinas en la
base naval”, donde por primera vez sellaron su pasaporte con tinta nacional.



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2011-08-15 14:06:00
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