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Aljibe colonial
Propiedad de lugares antiguos, parece salido de una figurita publicada en una revista infantil famosa, sin embargo, resiste el paso del tiempo, el desuso y la conversión. Es un pozo de agua suntuario, que constituye una riqueza arquitectónica y un interrogante para las nuevas generaciones.
Categoría: Interés general

Propiedad de lugares antiguos, parece
salido de una figurita publicada en una revista infantil famosa, sin embargo,
resiste el paso del tiempo, el desuso y la conversión. Es un pozo de agua
suntuario, que constituye una riqueza arquitectónica y un interrogante para las
nuevas generaciones.

Las épocas coloniales no han dejado demasiada huella en los edificios de la
ciudad, aunque, si hacemos memoria, enseguida recordamos el tradicional aljibe
que se encuentra en el patio de pisos rojos de la Casa de la Cultura. El aljibe
que visitamos se encuentra en el predio del Parque de la Ciudad, es parte del
patrimonio edilicio del Museo de Ciencias. “Cerquita del portón de salida de
las salas, por eso le hicimos un camino que lo une” rescata Liliana Dascanio,
directora del lugar. En la antigüedad y la Edad Media el aljibe fue en muchas
poblaciones o barrios la forma de realizar una reserva de agua para el consumo.
En complicidad con la construcción de la vivienda, fue un sistema esencial para
realizar las actividades de la vida cotidiana. Se llenaba con el agua de
lluvias, proveniente de tejados o canales de viviendas vecinas, incluso en
muchos lugares fue necesario regular por ley la propiedad de esa agua, a pesar
de provenir de los vecinos, el dueño del agua era quien podía reservarla.
“El aljibe es un símbolo, remite al agua, elemento fundamental para la vida, en
todos los tiempos se necesitó. Era una forma de obtener agua para los usos. Más
allá que este aljibe sea solamente ornamental, no lo sé, tal vez tuvo la
función de tomar agua”. En la historia nacional, se ha documentado que la única
fuente de agua pública en la ciudad de Buenos Aires de 1826 era un pozo de
balde, que se encontraba en la Plaza Mayor. La construcción de pozos y aljibes
era un privilegio, por lo tanto, el trabajo del aguatero, que distribuía el
agua en un servicio de carreta. El aljibe era un elemento accesible para las
familias adineradas. Aseguran estas fuentes, que familias como la de Mariquita
Sánchez de Thompson o los Azcuénaga eran poseedores de este bien.

Viaje en el tiempo

“Al ser este edificio dentro de todo antiguo y no como cree el grueso de la
gente que esto era el casco de una estancia o una quinta, esto funcionó como un
lugar de venta de ganado, donde se hacían remates y este lugar era la
confitería, estaba construido en un estilo colonial. El aljibe del patio remite
a esa época”, aporta Dascanio. “Se cree que el lugar fue construido a
principios de 1900, estoy haciendo un parangón con lo que hoy es la delegación
Norte, antes el matadero, que era de esa época. Estuvimos investigando unas
piezas de cerámica y porcelana que encontramos en esa zona y algunas están
relacionadas con el matadero, son todas pertenencias de los inmigrantes.
Entonces, es muy probable que estemos hablando de esa época de construcción”.
De las entrevistas con los descendientes de los dueños del lugar se deduce que
el edificio correspondía a un sitio comprometido con el comercio. “Ellos nos
refieren que no era una quinta, sino un lugar de venta y remate de ganado. Los
compradores llegaban a pasar el día para realizar las actividades económicas y
mientras tanto, la confitería los albergaba. El sitio recibió muchas reformas,
quienes me precedieron en la gestión del Museo tuvieron que modificar las
instalaciones, hasta hace un año y medio todavía estaba instalada una barra,
sobreviviente de la edificación original”. La municipalidad compró el espacio,
por ser un importante pulmón verde que era requerido por la gente, “no había
otro cercano, por eso se adquirió”.

Un nuevo lugar

El aljibe centra un espacio rodeado de cipreses y eucaliptos. “Es la vegetación
con la que se ocupó el Parque en un principio, más que nada como cortavientos,
una cortina importante. Están plantados muy juntos, por lo cual el crecimiento
se les ve impedido, por eso hay que ir raleándolos. Hay poca arboleda
ornamental”. Ni los árboles ni el aljibe son casualidad, ambos cumplieron
funciones prácticas, hicieron la vida de aquel siglo más llevadera.
“En función que está presente es que nunca se le dio importancia, buscamos
apropiarnos de él, ya que es el patio trasero del Museo. Queremos llevar hacia
adelante, lo queremos hacer lucir, hemos trabajado alrededor de él durante una
de las Noches de los Museos. Lo pusimos bello, lo iluminamos, lo decoramos con
maceteros de estilo colonial con las plantas, se supone, más típicas, los
malvones”. La intención es conservarlo, revalorizarlo, “pensamos de qué otra
forma lo podemos embellecer, más allá de la pintura que tiene en este momento.
En esa oportunidad estaba pintado de blanco porque el edificio estaba todo
verde, ahora que pintamos al Museo con los colores que lo identifican- amarillo
y azulino-, pintamos de iguales colores al aljibe”.
Antonio Machado dijo que solo se recuerda la emoción de las cosas, por eso,
quizás el aljibe cobre otras vivencias y sea el protagonista de las historias
del nuevo siglo. “Tenemos una propuesta para llevar a cabo este año. Queremos
armar una especie de patio colonial para hacer actividades propias de la
institución o que la gente que venga al Parque pueda sentarse a charlar, tocar
la guitarra, pasar un momento lindo”.

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2016-05-17 00:00:00
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