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Risas que reivindican
Una iniciativa del centro cultural de la Unidad Penal Nº 4 de Villa Floresta pone sonrisas en los detenidos y una actitud diferente para la situación de encierro.
Categoría: Locales

Una iniciativa del centro cultural de la Unidad Penal Nº 4 de Villa Floresta pone
sonrisas en los detenidos y una actitud diferente para la situación de
encierro.

“Llevar una sonrisa puede cambiar las emociones”, resume Claudio Gungolo,
tallerista clown que una vez por semana concurre a la Unidad Penal para
trabajar juego mediante con los detenidos. “El trabajo en un penal atiende la
diversidad de personas y poder sacarle una sonrisa a estos muchachos es una alegría
enorme”, enfatiza.
La idea surgió desde el centro cultural de la Unidad, conducido por Jimena
Quiroga, Gungolo cuenta con el apoyo de Olga Martínez, una partenaire oficial
que está en el sector educativo, “ella es un soporte de la actividad del taller”.
El inicio estuvo marcado por entusiasmar a las personas con una charla previa,
“Vine como Claudio que invita al payaso, el primer día lo viví con una gran
incertidumbre, uno de los detenidos me dijo que hacía años que no reía,
descubrieron que también uno se puede reír de uno mismo, de sus emociones, y de
esta forma la tarea resulta muy llevadera”.

Hacer contacto
La experiencia del taller de clown, que de por sí es terapéutico, “te hace
estar bien con vos mismo, esto nos pareció muy atinado hacerlo en este lugar”.
Mediante sucesivos encuentros se puso en evidencia que existen otras
posibilidades de encarar las situaciones negativas que los han llevado a estar
alojados en la unidad penal. El taller comenzó en marzo con 26 detenidos, “el
resultado fue asombroso y profundo, muchos descubrieron que la sonrisa pueden
llegar en el momento menos esperado, un lugar que se vive con mucha carga y
mucha soledad”.
Juegos, charlas, intercambios de sonrisas han hecho de la proposición un
espacio donde “cada uno trabaja con uno mismo, se empiezan a trabajar los
valores: el respeto por los otros, por sus sentimientos”. Lo que sucede después
del taller está marcado por la continuidad, “son dos horas por semana y luego ellos
siguen jugando con la imaginación, después hay una iniciativa de prolongar el
taller planteándose el juego como la mejor manera de estar, con música,
movimiento, palabra”. La tarea implica la emoción y los cuerpos, “se produce un
gran contacto con ellos, todos se pueden abrazar, más allá de sus circunstancias”
El objetivo es que cada detenido trabaje con su interior y que conecte hacia
afuera, esto trasciende a su familia, “que ven el cambio que se produce a lo
largo de los sucesivos talleres”. Los participantes fueron incrementándose en
número, de acuerdo a las actividades que realizan dentro del penal, tales como
terminar sus estudios primarios o secundarios, hacer otros talleres, “la
curiosidad los fue enganchando y sumando, pudieron hacer un tiempo para
organizarse y llegar a la propuesta con ganas de jugar”.
A pesar de que las causas por las cuales llegan a una situación carcelaria son
variadas, eso no les ha impedido trabajar juntos y constituir un grupo sólido
de convivencia, “en el horario del taller son uno”. Las actitudes se vuelven
positivas y ese cambio genera proyectos, “están armando una coreografía para
realizar un número musical, ensayan todos los encuentros, de a poco se está
armando un video con Despacito, que es la canción de moda, pronto estaremos
grabándolo”. El arte demuestra una vez más que es una motivación, lo importante
es que de la nada empezamos y hoy quieren mostrar lo que pueden hacer. Y
tenemos muchos proyectos, y todos salen de ellos”.
Han trascendido otros proyectos realizados en la unidad carcelaria, como la
realizada por un estudiante de Artes Visuales, que concurrió para realizar un
mural junto con los detenidos, “se tiene en mente que no se pierda el contacto
con la vida externa”. Desde el centro cultural se convoca a quienes quieran
participar para dictar talleres, la invitación es acercarlos al arte a través
del dibujo, la pintura, las narraciones y la música. La difusión de las
actividades que se realizan dentro del Penal son el manifiesto de que los
detenidos tienen motivaciones para cambiar, deseos de producir cambios en la
propia historia, e incluso un cambio en la mirada de ellos mismos y de sus
pares, cómo encarar los conflictos de la vida cotidiana. La resocialización de
los detenidos beneficia tanto a ellos como a sus familias y la sociedad misma.
La sonrisa es parte de un tratamiento, está pensada desde la posibilidad de
desear otras situaciones de vida, “involucra la imaginación que llega a través
del juego”. La risa ingresa a la cárcel, la sociedad ingresa a la cárcel y con
ella una historia que puede pensarse desde otros lugares posibles como el
trabajo, la familia, los hijos, nuevas posibilidades y el estímulo por una vida
que antes los llevo a una condena, sin embargo, puede cambiar para beneficio de
todos los integrantes de la comunidad.

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2017-06-27 00:00:00
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