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El servicio de colectivos depende de la población más vulnerable
Una nueva forma de gestión y una colaboración de toda la ciudadanía podría llevar a una modificación de los recorridos, para que sean más eficientes y a un costo menor del boleto.
2021-04-14 00:00:00
El servicio de colectivos depende de la población más vulnerable

Una nueva forma de gestión y una
colaboración de toda la ciudadanía podría llevar a una modificación de los
recorridos, para que sean más eficientes y a un costo menor del boleto.

Estudiantes y profesores de las dos
universidades nacionales de Bahía Blanca realizaron diversos estudios referidos
al transporte público de pasajeros, y en base a esa información propusieron
mejoras a su funcionamiento. Una de las propuestas es que se arme un consorcio
unificado de transporte de pasajeros, compuesto por el sector privado y el
estado, esto permitiría mantener el equilibrio entre la rentabilidad y el
servicio social que brinda.
En la consulta realizada al profesor de la Universidad Tecnológica Nacional
(UTN), Horacio Varela, resaltó que lo más importante a modificar es la gestión
porque “se puede llamar a licitación, puede quedar todo en manos de una sola
empresa, pero el sistema seguirá siendo el mismo”: la sustentabilidad sigue
dependiendo del boleto que paga la población más vulnerable de la ciudad.
El planteo realizado por el ingeniero civil es que la gestión compartida sirve
para que las empresas velen por la rentabilidad, y el estado para mantenerlo
como un servicio social que contribuya a la planificación urbana. “Tenemos
modelos como Luxemburgo, que tiene el servicio gratuito, y la antítesis sería
la gestión 100% privada, sin ningún tipo de control, con poco desarrollo en
movilidad. En Bahía tenemos que explorar opciones intermedias que respondan a
nuestras necesidades, no podemos copiar modelos”, aseguró.

¿Queremos colectivos?
La primera pregunta por responder es si la ciudad quiere tener el
transporte público de pasajeros. Si resulta afirmativo, la segunda es cómo
hacemos para que sea “bueno, nuevo, moderno, equitativo y razonable”. El
profesional ejemplificó que “tal vez no hacen falta 20 líneas, capaz puede
tener menos líneas grandes y otras más barriales, vehículos más chicos, un
sistema que sirva a la realidad bahiense”.
Profesionales de la UTN y de la Universidad Nacional del Sur (UNS) tienen
trabajos realizados, tales como diagnósticos, encuestas, itinerarios y horarios
de uso. “Somos una ciudad con siesta, el trabajador hace 4 viajes al día, eso
lo podés tener en cuenta si diseñas un sistema propio. Si copias, no funciona”.

El boleto más caro del país
La tarifa que se les paga a las empresas depende del índice
pasajeros/kilómetros (IPK). “Por esto todos los colectivos quieren pasar por el
centro y nadie quiere ir a los barrios. Por ejemplo, ir hasta Bordeu son muchos
kilómetros y no es proporcional a la cantidad de pasajeros que puedas levantar.
Los transportes siguen funcionando como cuando la ciudad era mucho más densa y
chica”.
En el estudio realizado por estudiantes de la UTN sobre el funcionamiento del
transporte de pasajeros surgió que las líneas son las mismas de los años ‘70,
cuando la ciudad tenía una superficie de 3.400 hectáreas (Has.) y una población
de 160 mil habitantes. En la actualidad, la ciudad se extiende a 10.500 Has. y
cuenta con alrededor de 350 mil habitantes. Un crecimiento territorial del 308%
en relación a un aumento del 100% en habitantes. “Tenemos malas líneas de
transporte y muchos vehículos, es una sociedad dispersa”, calificó Varela.

De servicio prestado a disponible
Para ejemplificar el profesor universitario explicó la propuesta de cambiar
el concepto de servicio prestado a servicio disponible. “Yo me muevo en auto y
por la puerta de mi casa pasa la línea 512. Yo no pago un peso para ello y en
cambio la tengo disponible todo el día para cuando quisiera usarla. En cambio,
para que siga esta disponibilidad, el que vive en Villa Nocito tiene que pagar
el pasaje todos los días para ir a trabajar”. Incluyendo los subsidios estatales,
que son un 50%, el otro 50% depende de los que utilizan diariamente este
servicio.
“El colectivo funciona para los ‘laburantes’ del sector más vulnerable, que son
los que más sufren las crisis económicas, por lo cual en momentos como este
dejan de usar el colectivo y se mueven en bicicleta, moto o caminan porque el
costo del boleto incide en un 20% de su ingreso. Es una carga importante en el
sector de los trabajadores, esto hace que dejen de usar el colectivo”, explicó.
Es decir, los trabajadores y familias de estas empresas de transporte de
pasajeros dependen de los ingresos del sector más vulnerable de la sociedad,
“es algo irracional”.

Repartir el costo
La propuesta es consultar a la población bahiense sobre el costo del
transporte de pasajeros, porque concretamente este servicio lo brinda el sector
privado, no es público y por ello no se puede aprobar una ordenanza que incluya
al transporte en una tasa como el alumbrado, barrido y recolección de residuos.
Una posibilidad sería “repartir en toda la ciudad un porcentaje del costo del
transporte, con la disponibilidad de un número de boletos para usar cuando
quieran. Así se daría la opción de repartir el costo, reducir el precio del
boleto y aumentar el uso de este servicio en la ciudad”.
Esta propuesta fue presentada a todos los actores involucrados en la actividad,
y en su mayoría manifestaron su acuerdo porque permitiría no estar siempre al
borde del colapso, no dependerían del IPK, se podría repensar los recorridos y
brindar un servicio eficiente para toda la población. Sumado a que podría
disminuir el uso de vehículos privados si las personas ven que el colectivo las
lleva adonde quieren ir.

CAMBIOS HISTÓRICOS EN LA MOVILIDAD
Parte del estudio realizado por estudiantes de la UTN muestran que “las
líneas están funcionando de formas concéntricas, la población se fue hacia las
periferias. Los recorridos, a medida que van hacia afuera, se van alejando y
cada vez hay más distancias entre una y otra. Así, empiezan a hacer unos
recorridos en zigzag que son antieconómicos, empieza a aumentar el recorrido,
pero de forma ineficiente”, alertó el ingeniero civil, Horacio Varela.
Esta evaluación se da teniendo en cuenta que en los años ‘70 la ciudadanía se
movía de una manera porque tenía su trabajo cerca del centro, en la zona del
barrio San Martín era lo más alejado en lo industrial, así que estaba todo más
concentrado.
Con la aparición del polo industrial y la ampliación del puerto, sumado a la
apertura de la avenida Cabrera en los años 89-90, la ciudad dejó de moverse en
sentido horizontal, como fueron diseñados los recorridos del colectivo -entre
las vías del barrio San Martín y las que pasa por el barrio Palihue- y pasó a
moverse en un vertical, es decir del barrio Patagonia -zona alta- hasta el
puerto. En general, se da que los que viven en la zona alta, trabajan en la
zona portuaria, se mueven en auto y el centro es un lugar de paso.
En cambio, el trabajador que usa el colectivo vive en la zona media y baja de
la ciudad, teniendo que ir a la zona alta a trabajar como mano de obra. “Para
ir de Villa Nocito a trabajar al Patagonia, una persona necesita tomar dos
colectivos y suponiendo que tenga un ingreso de $ 1.000 diarios, paga el pasaje
$ 200 por día, sería el 20% del ingreso de su salario. Por eso se comenzó a ver
otras alternativas de movilidad, salvo días de mucho frío o lluvia, que son
excepciones, y cuando la gente empieza a usar otro medio de transporte, es muy
difícil que vuelva”.

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