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Una Laucha enjaulada

El titular del Juzgado Federal N° 1 de nuestra ciudad, Alcindo Álvarez Canale, procesó al teniente coronel Julián “El Laucha” Corres por considerarlo “partícipe necesario” en delitos de lesa humanidad cometidos durante su desempeño en el V Cuerpo de Ejército y el centro clandestino de detención La Escuelita. De esta manera, dispone la prisión preventiva en el Complejo Penitenciario Federal N° 2 de Marcos Paz y fija su responsabilidad civil mediante un embargo de 28 millones de pesos.
Recordamos que el represor fue detenido en Capital Federal el 3 de abril, días después arribó a la sede de la Policía Federal y tras realizársele el estudio médico correspondiente se lo encontró “lúcido” y “globalmente orientado”.
Así, debió esperar que el magistrado culmine la declaración indagatoria de Argentino Cipriano Tauber -ex jefe del Batallón 181- para, el 25 de abril, comenzar a escuchar las acusaciones y pruebas en su contra y posteriormente prestar declaración indagatoria.
Se le imputa, según la resolución del juez: “Haber formado parte del plan criminal -clandestino e ilegal- implementado para secuestrar, torturar, asesinar y producir desaparición forzada de personas, utilizando la estructura orgánica de las fuerzas armadas y las de seguridad a ellas subordinadas -federales y provinciales-“.
Igualmente, aferrándose a las fechas en las que Corres se habría desempeñado en nuestro medio mencionadas en su legajo y en contra de lo dicho por la Fiscalía General, Álvarez Canale dictó la falta de mérito de Corres en 34 casos de privación ilegal de la libertad; homicidios; tormentos; y desapariciones forzadas, incluyendo en este último tipo de delitos la del hijo de Graciela Romero de Metz nacido en cautiverio.

“Voy a declarar”
El “Laucha” Corres, según su declaración indagatoria, llegó a la ciudad “en octubre del año 1975 (…) Con el golpe de Estado fui enviado a dar servicio de seguridad a la Municipalidad”. Días después, tras una reestructuración del sistema de seguridad fue destinado “con otro subteniente a brindar servicio de seguridad en el LRD (lugar de reunión de detenidos, en este caso, La Escuelita), donde hacía turnos de 24 horas por 24 horas”.
El personal dependiente de Corres vivía en el centro clandestino de detención, se relevaba “cada diez días en equipos de ocho hombres” y tenían sobrenombres como “casi todo el personal de la seguridad interna y muchos de ellos nombres de animales”.
La seguridad interna de La Escuelita “dependía del Departamento II en todo lo ateniente a sus funciones específicas. Fuera del edificio yo tenía un control funcional sobre cualquier actividad que se realice, inclusive ese personal”, que eran “cuadros” o suboficiales “probablemente provenientes de las unidades del V Cuerpo”.
Sobre las torturas, el represor sostuvo que “los comentarios los escuché primeramente por parte del personal de la guardia interna” y dio “la novedad” a sus superiores.
“Yo recuerdo hasta tres equipos diferentes que le describo: dos equipos que podría ser de policía, porque llegaban utilizando el mismo vehículo, particular o sin identificación y más esporádicamente. El tercero, era ‘el Tío’ (Cruciani), que unos meses después me enteré en el comando de su apellido y grado, acompañado por un auxiliar que se repetía siempre y un tercer hombre que no solía ser siempre el mismo, probablemente escribiendo porque en algunas oportunidades lo veía ingresar con máquina de escribir al lugar”, manifestó respecto a quiénes infligían los tormentos.
Además, exclamó ante Canale y las fiscales: “Nunca me desempeñé como interrogador, actividad exclusiva del personal de Inteligencia. ‘Laucha’, es un sobrenombre en mi promoción, producto de algunas fallas en la presencia que exige el Ejército (pelo engominado, lustre de zapatos, uso del uniforme) y apodo bastante común para el personal que es observado por esas causas. En la Casa de Huéspedes el resto de los subtenientes solían decirme por ese apodo. En el LRD mi personal me decía ‘Jefe’”.

La Escuelita del terror
“Era una casa vieja, la cual estaba cerrada en una gran parte con un muro de block y tres alambres de púas arriba de los muros. Una larga galería que daba a cuatro cuadros. Luego se ingresaba a la casa, inmediatamente a la derecha había una cocina amplia, luego había un dormitorio, una reja, un gran hall, y según recuerdo porque logré ingresar dos o tres veces nomás, un cuarto amplio a cada lado. El patio interno tenía una garita que sobresalía por el tapial para permitir la observación. Alrededor era campo, algunos árboles, a unos sesenta metros en dirección hacia el comando, una tapera o ruinas de una casa”.
El cuarto de interrogatorios “era de aproximadamente de cuatro por cuatro metros. En un principio siempre estaba cerrado rústicamente con un candado, pero luego eso se fue descuidando. Solía haber en el lugar una cama, una mesa pequeña y tres o cuatro sillas. No era piso de tierra pero no recuerdo de qué era”.
“Según me transcendió con el tiempo, era el lugar donde acostaban al detenido para el interrogatorio, aunque nunca lo presencié, era de público conocimiento, en el personal militar al menos, que se hacía así”.
En cuanto a si esto no le llamó la atención, afirmó que “el no presenciarlo no significaba que desconocía la existencia de tormentos”.
Los detenidos “venían esposados a la espalda, y con los ojos tapados por una venda o con una capucha”, una vez adentro, los detenidos “estaban con los ojos vendados, acostados en camas, y eran dos cuartos a los costados de un hall bastante grande. No ví más”. Para interrogarlos, “se los conducía a un cuarto que estaba al final de una galería, es decir, quizás, el más próximo al portón de ingreso a las instalaciones. Se los veía pasar”.

“Resolvió porque se vencían los plazos”
Una vez más el titular de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de nuestra ciudad, Eduardo Hidalgo, mostró su descontento con el accionar del juez federal Álvarez Canale.
Ante el dictado de la prisión preventiva por encontrarlo “participe necesario” en delitos de lesa humanidad aseguró que con el magistrado “no tenemos sorpresas sino permanentes formas de tener que criticar su procedimiento: resolvió el tema Corres sobre la expiración de los plazos. Verdaderamente no podemos creer lo que está haciendo”.
“(A Corres) Lo ha dejado afuera de una serie de casos que también tiene responsabilidad por ser parte del Grupo de Tareas, hechos que se produjeron entre noviembre y diciembre, entre ellos, el de mi hermano y mi cuñada. Pero además, con el nivel de ferocidad que tenía el Laucha Corres, siendo el único que reconoció su apodo cuando todos los que lo hemos identificado lo hicimos de esa forma”, se quejó.
De esta manera advirtió que el fallo “es una suma más de las cuestiones que tenemos que ir sumando y presentando en el camino al juicio político para este juez”.
En ese sentido explicó que Álvarez Canale “todavía viene dando vueltas y no pone en ningún lugar el caso de los chicos de la ex ENET N° 1”.
Además, Hidalgo se refirió al último de los represores detenidos en marco de la causa del V Cuerpo, Leonardo “Mono” Núñez.
“Los que estuvimos en la audiencia de su declaración, recordamos que habló como si hubiera sido una víctima y no parte de la represión. Núñez era el nexo entre la Escuelita y la Unidad Penitenciaria N° 4 de Bahía Blanca. Es aquel que negó que recibía en forma clandestina, al borde de la ruta, a los detenidos que venían de La Escuelita”, aseguró.
Asimismo, “fue al cual en los Juicios por la Verdad, el dr. Cotter -con la sapiencia y con la garantía de su presencia como juez- lo puso en evidencia cuando le mostró una serie de carpetas que habían sido sacadas de la cárcel en un allanamiento donde aparece la firma de Núñez recibiendo a esas víctimas que habían estado en La Escuelita. Por lo cual es un criminal que hay que tener en cuenta porque también debería decir muchas de las cosas que sabe”.

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2008-06-14 00:00:00
Etiquetas: Bahía Blanca.
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