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Testimonios

Miguel Pereira
“Mi declaración estuvo centrada en lo que vi en esa oportunidad a mediados de 1974”, contó a EcoDias Miguel Pereira, compañero universitario de Alberto Rodríguez.
El testigo recordó que todo comenzó con “un pedido del Centro de Estudiantes de la Universidad Tecnológica solicitando nuestra solidaridad porque se había llenado de matones la universidad. Se arma una movilización, vamos al lugar, y ahí nos encontramos en el fondo, al pie de las escaleras, a los matones que eran alrededor de ocho personas con armas en la mano, otros con armas en la cintura mostrándolas… y el señor Montezanti de traje, que resaltaba porque la otra era vestimenta informal, en el medio de esta gente”.
“Después se produce otro hecho a los dos días porque hay una movilización de todos los estudiantes al Concejo Deliberante para pedir que tomen posición política sobre la presencia de matones armados dentro de la Universidad… Mi relato prácticamente terminó ahí y después fui respondiendo a las preguntas de los abogados”.
En este sentido Pereira aclaró que “en principio me llamó la atención que el abogado que lo representa no hiciera preguntas, que las hiciera Montezanti. En mi caso preguntó todo Montezanti. Hizo hincapié en las medidas de la escalera: si estaba al fondo, qué profundidad… como exigiendo una precisión que es imposible darla en metros, uno tiene una opinión de algo visual… y sobre ese tema (preguntó) si las escaleras iban derecho de la entrada hacia el fondo, si doblaban…”.
Además, Montezanti interrogó al testigo acerca de si éste lo conocía de otro lugar. “Le dije que yo lo conocía de los pasillos del ala de Ingeniería y él dice que nunca frecuentó esos lugares. Creo que quedó asentado, que el juez tomó nota de eso: él dice que nunca concurrió y yo lo he visto en esos lugares”.
Este juicio tiene “para nosotros un resultado positivo desde el punto de vista político, en principio porque hay que desenmascarar a la gente que anda en Bahía Blanca. Esta persona tiene cargos dentro de la justicia, muy importantes, y con todos estos antecedentes no se interpreta cómo puede estar ahí. Como él hay otras personas, la sociedad necesita para sanar todas las heridas del pasado tener claridad sobre quiénes son y qué hacían en ese momento y qué responsabilidades tienen”, manifestó Pereira y finalizó advirtiendo que el juicio “puede ser un aspecto importante también para la causa nacional contra la Triple A”.

José Shulman
“Este es el primer juicio por la verdad en Bahía”. Así calificó al litigio José Shulman, querellante en la causa nacional contra la Triple A que lleva adelante el juez Oyarbide.
“No lo estoy viendo como un juicio contra Rodríguez sino un juicio contra la Triple A, contra sus cómplices, contra esa impunidad pesada que hay en Bahía. Así que creo que es una gestión difícil: acá Montezanti actúa como interrogador, como juez, como fiscal, como provocador… pero cada vez más desesperado, se van acumulando pruebas muy sólidas sobre la responsabilidad de Montezanti en la gestión Ivanissevich y en el propio funcionamiento del terrorismo de Estado y es muy conmovedor escuchar a los compañeros reivindicar la historia de militancia y pararse desde los principios”, reflexionó el dirigente que se hizo presente en la ciudad para apoyar a Alberto Rodríguez.
Además destacó que “es patético ver los esfuerzos del querellante en tratar de encontrar alguna contradicción mínima sobre hechos ocurridos hace 34 años, es patético que quiera salvarse por el lugar de la escalera en la UTN, no tiene ningún sentido”.
“Hay un punto en que el juez pareciera no tener mucho conocimiento: en Argentina hay toda una doctrina elaborada de 25 años sobre cómo se hace un juicio sobre terrorismo de Estado y el principio fundamental es que los juicios se basan en la veracidad del testimonio del sobreviviente. Si se vulnera la veracidad de este testimonio no hay más juicios de terrorismo de Estado en Argentina”, explicó Shulman, quien tuvo duros calificativos para con Víctor Benamo, actual delegado de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, por el testimonio brindado.

Norberto Gonzalo
“Estas cosas retemplan el espíritu. Estar al lado de un compañero que se atreve a enfrentar al poder, obviamente lo mínimo que podemos hacer es estar acá con él”, dijo a EcoDias tras el cierre de la primera jornada Norberto Gonzalo, secretario general de la Asociación Argentina de Actores.
El dirigente nacional se mostró entusiasmado por “haber participado de esta demostración de ejercer un derecho frente a un personaje siniestro como ese, que se siente ofendido simplemente porque alguien se atreve a señalarle su pasado y su devoción por la contrarrevolución”.
“Me emocionaron específicamente determinados pasajes de la audiencia en el Tribunal, sobre todo la participación de algunos testigos. Hemos podido comprobar la claridad de algunos cuadros políticos, sindicales… Al mismo tiempo, te indigna en cierto modo cierta rebeldía, en el mal sentido de la palabra, de este señor que se atreve a tratar a los testigos como si (ellos) fueran interrogados por él”, agregó el actor.
Por último, Gonzalo afirmó que “depende de todos nosotros que tengamos un país mejor, una justicia mejor, una libertad y una democracia mejor”.

Edgardo Sosa
Edgardo Omar Sosa fue presidente de un centro de estudiantes entre mayo del 73 y agosto del 74 en la UNS y por eso vino desde Neuquén a prestar declaración por parte del querellado durante el segundo día del juicio.
El eje de su testimonio fue “la actividad de los grupos armados, que yo denominé matones, que pertenecían a la Junta Nacional de Granos y respondían al posteriormente diputado Ponce, que en ese momento era secretario general de la CGT. A ellos respondían Argibay, Sañudo, Aceituno y otros personajes más”.
“Me preguntaron si había visto alguna vez a Ponce. Sí, yo lo vi por relaciones laborales, yo era inspector de la obra 150 viviendas Consorcio Intersindical que se construyó en Ing. White y aparte era común verlos con el trinar de las sirenas en el centro: a Ponce de acompañante y a Argibay de chofer”, manifestó Sosa.
Además, el testigo aseguró que estos hombres “estaban permanentemente dentro del ámbito de la Universidad, nos intimidaban, no nos permitían reunirnos, nos ubicaban siempre en la parte de atrás y nos susurraban al oído: ‘calláte o te quemo’. Mostraban las armas siempre debajo de las camperas”.

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2007-04-21 00:00:00
Etiquetas: Bahía Blanca.
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