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Por una Bahía Blanca y Verde

Por una Bahía Blanca y Verde
Concientizar en las escuelas

El proyecto “Por una Bahía Blanca y Verde” incluye los llamados “Puntos
Verdes” que son cestos ubicados en sectores estratégicos de los barrios
Villa Cerrito, Villa Don Bosco, Villa Amaducci, Villa Libre, Villa Soldati
y Barrio Obrero, destinados a la recolección de residuos reciclables
(papel, cartón, botellas de vidrio y plástico), que son recogidos por
cartoneros que ven así facilitada su tarea.
Dentro del proyecto es de vital importancia la asistencia técnica en temas
de ecología en las escuelas del sector y la concientización en los barrios
de la separación de basura, puerta a puerta.

Este programa pertenece a la Asociación Civil Crecer por la Vida, ubicada
en Guardia Vieja 2080. Cuenta con el apoyo de La Municipalidad de Bahía
Blanca que otorga un subsidio destinada al pago de incentivos para los
promotores ambientales, quienes recorren las calles del barrio informando a
los vecinos acerca de la separación de basura con el fin de mejorar la
calidad de vida.
Otro apoyo que recibe “Por una Bahía Blanca y Verde” es este periódico
EcoDias, que colabora en la difusión de la actividad y la asistencia
técnica y con materiales para las escuelas, como fue el caso de la escuela
Nº 60 de Humbolt y Fournier. Este proyecto surge como un proyecto piloto,
en una barriada determinada.

La tarea en las escuelas
Una de las áreas de acción del proyecto “Por una Bahía Blanca y Verde” son
las escuelas del sector de la Delegación Las Villas.
La encargada de trabajar con las instituciones educativas es María de las
Nieves “Marinié” Meles, licenciada en Ciencias Geológicas y Profesora de
ESB.
A partir de la invitación de Crecer por la Vida, Meles inició en septiembre
pasado un recorrido por las Escuelas: Primaria Básica Nº 50, 60, 46 y 73 en
busca de proyectos educativos ecológicos con la idea de colaborar en los
contenidos de las actividades que ya se estaban ejecutando en las
mencionadas escuelas.
Además de la ayuda concreta, se promocionaron los Puntos Verdes y la
concientización acerca de la separación de los residuos: “Les proponíamos e
informábamos a los chicos que los podían llevar a los puntos verdes, que no
sólo contribuyen al cuidado del medio ambiente sino que además colabora con
la gente que se gana la vida con la venta de cartón”, comentó María de las
Nieves.
“Comencé a recorrer las escuelas de la zona para ofrecer ayuda a la
comunidad educativa que estuviera trabajando en proyectos ecológicos. La
idea fue ayudar desde afuera, desde lo que ellos necesiten y nosotros
podamos aportar. Se busca que se sepa diferenciar los residuos desde
chicos, lo mismo que la conciencia y el aporte personal de cada uno para el
cuidado del medio ambiente. Es importante trasmitir que es poco lo que se
puede hacer desde uno para colaborar con esto, pero el tema de la
separación de residuos es algo al alcance de todos y es un compromiso que
cualquiera puede asumir y cumplir”.
Con todo, el trabajo fue mucho. De esos primeros meses de labor la docente
pudo hacer un balance de la respuesta de los niños frente a los temas
abordados: “Los más chiquitos son los que más producen el cambio de
costumbres, llegan a tener una gran conciencia ecológica, el tema es que lo
puedan seguir proyectando en el tiempo, que separen los residuos, que tiren
los papeles donde corresponde, que usen los puntos verdes, que ya es un
proceso familiar. Pero en las escuelas todos se comprometían”.

Las escuelas seleccionadas
Del recorrido por las escuelas del barrio, la Nº 50 “Miguel Cané” de Newton
3400 fue una de las que comenzó a trabajar con el proyecto.
Un grupo de 40 alumnos y alumnas sexto año -de 11, 12 y 13 años- junto a
las maestras Gabriela Lamas y Luján De Mónaco llevaron adelante una campaña
de recolección de pilas.
“La EPB Nº 50 tenía un proyecto de pilas tan encaminado que lo único que
hicimos fue ayudarles en la difusión y el acompañamiento. Incluso tenían la
colaboración de Saneamiento Ambiental de la comuna que les retiraba las
pilas. Esta ayuda desde afuera fue una de las variantes que vimos durante
el trabajo”.
Luego de informarse con el personal de Saneamiento Ambiental, comenzaron la
campaña de recolección de pilas, que requiere de un tratamiento en el
almacenaje para evitar que el mismo acopio, por voluntarioso que parezca,
no sea más peligroso.
La campaña del aula pasó a la escuela, por medio de cajas ubicadas en
distintos lugares del establecimiento. Pero al ver que daba resultado, se
extendió por los barrios de influencia: Rosendo López, Villa Muñiz, 17 de
Junio II, 12 de Octubre y El Oasis.
Incluso se ubicó una caja en la sucursal 32 de la Cooperativa Obrera de
Rincón 3490. También algunos de los papás extendieron la iniciativa en sus
trabajos, llevando una caja de la campaña.
Otra escuela que también estaba trabajando con las pilas fue la Escuela
Primaria Básica Nº 73 de Sócrates y Misioneros que “tenían el mismo
proyecto que la Escuela Nº 50, ellos querían una charla sobre contaminación
de pilas. Los chicos estaban trabajando específicamente con la
contaminación que se produce cuando arrojamos cosas, sobre todo pilas, pero
también íbamos a hablar de otros residuos. Quedó pendiente para el año
próximo, porque cuando íbamos a trabajar comenzaron los últimos días de
clase y no pudimos hacerlo”.

Aroma de plantines
En la esquina de Humbolt y Fournier, la Escuela Primaria Básica Nº 60 había
iniciado un proyecto de recolección de papeles y envases de PET que los
cambiaron por compostado.
La tarea fue iniciativa de Mariana Alderete, maestra de quinto año, junto
con los alumnos y las alumnas y Gabriela Montero, bibliotecaria de la
institución.
Luego de la campaña de recolección en la escuela, se contactaron con la
Ecoplanta para canjear el papel acopiado por compost orgánico producido en
la planta cerrense. Pero una vez obtenido el abono, decidieron avanzar un
paso más.
“Una vez que tenían el compost querían sembrar, pero no tenían las semillas
y ni siquiera podían hacer una huerta porque el compost que tenían no les
alcanzaba. Así fue que desde el proyecto los ayudamos con las semillas y
los almácigos de plástico para que pudieran armar plantines”.
Para sembrar y llevar a cada uno de los hogares del alumnado “les
conseguimos plantas aromáticas, como albahaca, perejil. Los chicos se
llevaron a la casa las plantitas para plantarlas en la casa, no en la
escuela porque las huertas comunitarias son complicadas, porque una vez que
empiezan a dar frutos es difícil de dividir, y sino al estar maduros son
saqueadas en la misma escuela y no se puede controlar”.

Teoría y práctica
Por último, la Escuela Primaria Básica Nº 46 solicitó talleres en la
escuela para el primer ciclo, de 1º, 2º y 3º, “por eso la directora nos
propuso trabajar con los más chiquitos, ya que el segundo ciclo -4º, 5º y
6º- ya realizaban actividades con el tema de la ecología. Esta tarea la
hicimos en los tres grados de 1º, los tres de 2º y los tres de 3º.
Comenzamos a trabajar con una idea de taller, jugando a que comíamos,
simulando que los alfajores eran hamburguesas, y con caramelos y
golosinas”.
En el desarrollo del taller, una vez que los chicos comían las golosinas,
generaban una bolsa de basura. A partir de allí se los hacía notar la
cantidad de basura y “yo les contaba el problema de la basura, el lugar que
ocupa, lo difícil que es el tratamiento. Comparábamos que si la ciudad era
el aula, la basura ocupa mucho lugar, y que si no pasara el basurero se
iría llenando el lugar de basura. De allí venia la reflexión de los chicos
de que tendríamos que generar menos basura”.
Luego de esto se volcaba la basura y se la separaba en reciclable o no. Se
los hacía reflexionar que lo orgánico podría hacerse compost, y lo
reciclable sería separado para ser reutilizado.
“También les hablamos de tirar lo orgánico en un pozo en el patio para
hacerlo compost. Con todo este trabajo llegaron a ver que la basura que no
se podía reciclar y no era orgánico, se reducía mucho”.
Además de la colaboración de “Por una Bahía Blanca y Verde”, esta escuela
recibió un aporte extra. “El proyecto ya lo teníamos armado cuando me
encuentro con Laura Torraca, profesora de Biología, que tomó unas horas de
Educación Ciudadana y quiso orientarla a la cuestión ecológica y el cuidado
del medio ambiente en el 2º C de la Escuela San Francisco de Asís. Trabajó
todo el año con esos chicos que llegaron a la conclusión que querían
compartir con otros el trabajo que habían hecho. Algunos querían una obra
de teatro, otros un mural, cada grupo tenía una propuesta. Uno de los
grupos se conformó para colaborar con el proyecto en la Escuela Nº 46”.
De esta manera un grupo de chicas de 13 y 14 años -Camila Alegre, Florencia
Herrera, Andrea Reguera, Julieta Azpiroz y Antonella Amaya- comenzó a
colaborar en los talleres que Marinié fue dictando a los pequeños de la 46.

“Cambió la dinámica del taller, ya que si bien ella seguía al mando del
grupo, pero cada aula se dividía por sectores guiados de las alumnas del
Colegio San Francisco. Mirábamos la basura con cada grupo, me ayudaban a
repartir los alfajores, y todo se hacía más ágil y rápido. Además, los
chicos tenían otra atención, porque las chicas les contaban lo que sabían,
les contestaban las preguntas que podían responder”.

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2011-10-25 10:11:13
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