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Las coincidencias de Martínez de Hoz y Macri
La semejanza de los programas económicos de Martínez de Hoz y de Mauricio Macri indica que los tiempos cambian, pero los intereses de los grupos económicos dominantes permanecen.

La semejanza de los programas económicos
de Martínez de Hoz y de Mauricio Macri indica que los tiempos cambian, pero los
intereses de los grupos económicos dominantes permanecen.

En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación
de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres
humanos con la miseria planificada”, denunciaba Rodolfo Walsh a un año del
inicio de la última dictadura cívico-militar.
El proyecto de Martínez de Hoz apuntaba a dominar lo que llamó “los tres
incendios”: la inflación, la deuda externa y la recesión. El fracaso de sus
objetivos manifiestos se cristalizó en 1978, año que la inflación anual llegó
al 160 por ciento y el PBI descendió 3,2 por ciento, mientras que la deuda
pública al final de la dictadura creció 364 por ciento. Sin embargo, son en sus
objetivos latentes donde debe buscarse el éxito de su política.
La dictadura rompió el modelo de industrialización por sustitución de
importaciones e instauró la valorización financiera como forma de reproducción
ampliada del capital. De esta manera se heterogeneizó a los sectores populares,
quebrando los lazos históricos de solidaridad de la clase trabajadora, mientras
homogenizaba a las fracciones del capital alrededor del sistema financiero.
Si la centralidad de la industria como unidad de producción había permitido la
organización política de los sectores subalternos y su enfrentamiento (en
términos de intereses) con la clase dominante, el resquebrajamiento de este
modelo era la condición necesaria para la restauración del poder económico y
político de la elite tradicional orientada al mercado externo.
La escalada inflacionaria, sin la correlativa recuperación de los salarios, la
destrucción del aparato productivo, posibilitada por la apertura indiscriminada
de la economía, y el cuantioso incremento de la deuda pública fueron victorias
contundentes del establishment cívico-militar, condicionaron la capacidad de
acción popular en la apertura democrática de 1983.
A 39 años de aquel nefasto 24 de marzo de 1976, la plataforma política de la
ortodoxia liberal apunta a generar los mismos descalabros macroeconómicos que
condujeron a la miseria planificada. La propuesta de Mauricio Macri de eliminar
las retenciones agropecuarias y el “cepo” al dólar, significan, sin más, la
recuperación de la tasa de ganancia de los sectores agro-exportadores y
especulativos de la Argentina.
Un informe del Ministerio de Economía, a propósito de la presentación del nuevo
esquema de retenciones segmentadas para los pequeños chacareros, revela que los
mil terratenientes más grandes, realizan (en promedio) ventas por 40,8 millones
al año (en conjunto más de 40 mil millones de pesos), manejan 8000 hectáreas en
promedio cada uno y concentran el 30 por ciento de la producción agropecuaria.
Mientras, los más de 46 mil productores beneficiados por el nuevo esquema de
reintegros producen el 12 y no superan las 350 hectáreas por unidad.
Si el planteo del oficialismo reconoce la segmentación existente al interior de
la producción agropecuaria, Macri la niega y, con ello, postula una eliminación
indiscriminada de retenciones que facilita la concentración del poder económico
de los más grandes e incentiva la concentración de la tierra. A lo que le debe
agregarse la presión inflacionaria que significaría la igualación de los
precios internos a los externos, algo que el actual régimen de retenciones
permite desacoplar.
Por otra parte, la eliminación del control sobre la compra de dólares,
propuesta por el PRO, generaría una descomunal pérdida de reservas y una
inevitable devaluación, a favor de los sectores orientados al mercado exterior
y con capacidad de comprar y acaparar divisas.
Si a esto le sumamos la aceptación del fallo Griesa, tendríamos un escenario
marcado por devaluación, inflación, endeudamiento y recesión, que al igual que
el proyecto económico instaurado en 1976 terminará marginando la participación
en el ingreso de los sectores populares, y con ello su capacidad de acción
política.


Camila Matrero es integrante del Grupo de Estudio de Economía Nacional y
Popular (GEENaP). Este artículo fue publicado en el suplemento Trabajo y
Economía, que se edita en el diario Tiempo Argentino.

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2015-03-30 00:00:00
Etiquetas: Nacionales.
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