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La Primavera

La Primavera
Eduardo Giorlandini

Tratar el tema de la primavera desde un punto de vista científico o
mitológico es válido, pero lo es también el considerarlo bajo el prisma de
nuestra propia circunstancia humana, social y cultural, con los efectos
anímicos que son naturales y están relacionados con el clima y el medio
ambiente y la comprensión de un cambio grato para el espíritu, no exento de
romanticismo y de poesía.
Con explicaciones científicas, algunos antropólogos y mitológicos, así
como ciertos escritores, acerbamente, acusan de cursilería a quienes,
posiblemente desconociendo -en casos- los antecedentes propios de esas
disciplinas, piensan en ese tiempo lindo en el que las cosas de la
naturaleza adquieren vigor, hermosura y colorido, o se ven reverdecer
árboles y plantas y aparecen nuevas flores en la época templada y soleada
armoniosamente, que es la más bella y placentera para todos los seres
humanos y con todos los sentidos.
Nuevos hálitos, suaves murmullos e invisibles vibraciones cósmicas que
se sientes en el alma sensible y emocional, acompañados de perfumes, de
cantos y gorjeos, de leves arrullos y del aleteo del picaflor que retorna
al mismo sitio.
Entorno propicio es, la primavera, para la siembra del amor y de la
esperanza; es incluso el renacimiento de lo que parecía seco o marchitado.
Analógicamente, al ser nosotros parte de la naturaleza, creemos en el
renacer, también, de la creatura humana, esto es, en el “Hombre Nuevo”
evangélico, cuya primavera perdurable es posible, a partir de la semilla
-como el grano de mostaza- la siembra y el cultivo.
Es, la primavera, la estación del amor y de la fertilidad y, más, por
lo expresado, el símbolo de la utopía, que, por obra de la providencia, se
repite incesantemente, remozando, generando nuevos alientos y alegrías,
como una constante enseñanza que es el magisterio del cielo.
Es por ello que no quiero morirme, si Dios decide que tengo que
cambiarme de barrio, me llevaré unas cuantas primaveras, en un inmenso
racimo de vida, en el que están presentes algunas de las cosas de los
versos de Andrés Cepeda:

“Tiene muy lindo color
la mariposa liviana;
mil encantos la mañana,
la estrella tiene fulgor.
Perfume tiene la flor,
misterio la fuente pura,
el campo tiene linduras,
el viento canciones suaves,
dulces gorjeos las aves…”

Alguien trasladó el sentido espiritual de la primavera a la vida de los
pueblos. En enero de 1968, en Checoslovaquia, asumió Alexander Dubcek, que
inmortalizó los albores de lo que se llamó “La primavera de Praga”; su
humanismo democrático fue vencido por los tanques rusos. Alexander Dubcek,
el ex presidente, se empleó como trabajador forestal, en Bratislava. En
1989, los jóvenes alemanes, con martillos y cánticos libertarios, quebraron
el muro de Berlín. “La primavera de Praga” revivió y causó brotes y
rebrotes primaverales en no pocos países que aspiraban a imitar a la
democracia del sol, que beneficia a todos por igual.

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2011-10-25 10:11:13
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