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Este presente por no pensar en el pasado

En 1978 se inauguró el Dique Paso de las Piedras y ya se sabía que iba a tener una vida útil determinada. Sin embargo, pareciera ser que en aquel momento no se diseñaron otras fuentes de abastecimiento para la ciudad. Los resultados hoy los tenemos a la vista.
Una profesional de la Universidad Nacional del Sur brinda una reseña y da su punto de vista del conflicto del agua en el que todos nos encontramos.

En Bahía, casi, no tenemos agua. Es lo que nos dicen y es lo que se ve al observar la cota del dique Paso de las Piedras. Cada vez queda menos, más allá de las tardías y pocas soluciones paliativas que se pusieron en marcha, amén de las anunciadas campañas de concientización.
Pero, ¿nos preguntamos por qué nos quedamos sin agua en Bahía? Las causas son varias, entre ellas se encuentran, obviamente, el derroche que hacemos del recurso, la gran cantidad de agua que gastamos diariamente los bahienses, y -que nadie puede medir a ciencia cierta- los miles de litros que se pierden en la ridículamente mantenida red de distribución.
Claro está, no es cuestión de cargar toda la responsabilidad contra los vecinos y vecinas bahienses. Si observamos la historia, nos encontramos con que en décadas pasadas podemos hallar otra de las causas del conflicto. Estamos hablando de la falta de diseño de alternativas que hubieran evitado caer en esta situación.
La lic. en Geografía Belén Kraser y su colega Paula Zapperi, brindaron una charla abierta semanas atrás justamente sobre la problemática local respecto a la falta de agua.
Consultada por EcoDias, Kraser detalló una de las causas y comenta que ya en 1978, al momento de crearse el Dique Paso de las Piedras, se había estimado para éste una vida útil que se iba a extender hasta el año 2012. Así y todo, no se pensó en aquel momento una alternativa de abastecimiento quedando el dique, hasta hoy, como única fuente de agua para la ciudad. Nos encontramos en 2009 ya sufriendo algunas consecuencias: “
Entonces la problemática no viene sólo por la escasez de lluvia sino también por el diseño en sí del dique. Ya se sabía que iba a tener una vida útil, un límite. La gran intriga es que si ya se sabía de un tiempo estimado de funcionamiento, ¿por qué no se hizo nada?”.
Siguiendo con una breve reseña histórica, en algún momento, nos relata Kraser, se planteó la posibilidad de humedales artificiales. Se planteó que los fertilizantes iban ocupando el cuerpo de agua del dique con otras sustancias, entonces se habló de la generación de estos humedales para mantener el recurso “pero tampoco se hizo, es como que siempre estamos atrasados, esperamos a que llegue el momento de crisis y después veremos qué se puede hacer. Otra de las características es que el dique tiene un tiempo de retención de cuatro años. Es decir, durante cuatro años de escasa precipitación el abastecimiento sería posible. Pero pasa que llevamos varios años de poca precipitación, esa es otra medida que tampoco se ha tenido en cuenta”.
“Una de las medidas eran los humedales artificiales, eran una buena opción porque ayudan al proceso hidrológico, a contener agua pero también se tendría que haber pensado una alternativa de abastecimiento para no depender sólo del dique. Ahora surge que todas las alternativas que se plantean tienen sus pros y contras. Porque en su momento se habían planteado como alternativas, pero tal vez no hubo un estudio profundo en el sentido de decir qué es necesario sí o sí llevarlo a cabo. Ahora que es necesario, se están haciendo estos estudios donde se ve que, en realidad, estas alternativas que se plantean no siempre son viables”.

De peligros y sequías
Da la sensación de que únicamente los distritos de Bahía Blanca y Coronel Rosales sufren por el agua pero no es así, se trata de una problemática global. Y aquí es donde vamos a referirnos a la sequía que azota por estas regiones. El planeta, explica Kraser, siempre ha tenido ciclos de mayor y menor precipitación. La diferencia con nuestro país, es que en otros, por caso Israel, se nace con esta problemática y no se la ve como una crisis: “Están planteadas unas pautas de consumo, una utilización del agua que nosotros no tenemos incorporada. Una cultura del agua que nos hace falta, y lamentablemente no tenemos. Entonces, ahora vemos todo como una crisis. Si nos ponemos a pensar el ciclo del agua, se trata de un ciclo cerrado: no puede haber pérdida de agua. El problema está en cómo se utiliza ya que no sólo se derrocha sino que también se contamina”.
Según Kraser, el pronóstico extendido, más allá de que las condiciones climáticas pueden cambiar, hablan de que hacia fin de año y principios del que viene, el ciclo que se padece hoy comenzaría a revertirse: “Todo esto tiene que ver con los fenómenos Niño y Niña. Este hecho que menciono está relacionado con que nosotros estaríamos entrando en el fenómeno del Niño, que en nuestra parte del continente favorece con mayores precipitaciones, no así en otras partes. Esos periodos son relativos, se puede hablar de un año, cuatro o sólo meses, es difícil estimarlo. Hoy estaríamos en la parte de transición de Niña a Niño, lo cual, por las condiciones climáticas que se han venido dando, es alentador”.
A principios de esta década comenzó a hablarse de la disminución del cuerpo de agua del dique. A la vez, desde 2005 se registraron las menores precipitaciones y allí entramos en una situación crítica por los cuatro años de capacidad de retención que tiene el dique. Sumémosle el derroche que hacemos diariamente y nos daremos cuenta dónde están las causas del problema de hoy. Cada cuestión está relacionada con la siguiente, al igual que pasa con la naturaleza: “El periodo de sequía es algo normal, algo que nos ha pasado. Nos estamos dando cuenta porque no tenemos agua, nos dimos cuenta de que hay una crisis. Son periodos y no podemos evitar que la naturaleza siga su ciclo”.

¿Y si llueve?
Ahora bien, según la licenciada estaríamos entrando en periodos de lluvia, lo cual es alentador. Pero ¿alcanzaría para paliar la situación?: “En teoría sí. En mi opinión, si bien el cuerpo se podría reponer, creo que no habría que dejar de pensar en alternativas posibles. Si tenemos en cuenta esta vida útil, sería un problema, deberíamos seguir cuidando el agua, por sobre todas las cosas, y a la vez trabajar en alternativas”. Allí está una de las piedras fundamentales: el mal uso o uso indebido. “Se habla de 600 litros por día por bahiense, es algo impresionante porque estamos gastando agua como si fuera inagotable. Entonces, si bien la solución son las precipitaciones, mientras tanto es necesario concientizarse y ahorrar, no derrochar tanta agua porque contribuye a que el cuerpo de agua del dique se agote en menor tiempo”.
La concientización, señala Kraser, llegó cuando el conflicto estaba ya instalado. Como medidas posibles, habla de que toda agua puede ser reutilizada: “Si nos ponemos a pensar, las medidas cotidianas y las pautas que vayamos incorporando día a día, nos ayudarían a ahorrar un montón de litros”.

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2009-10-17 00:00:00
Etiquetas: Bahía Blanca.
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