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SALUD
El poder de los laboratorios medicinales
Ricardo Vicente López

En tiempos en que se habla tanto de las multinacionales, de sus
capitales, de sus maniobras ilícitas, de su expansión global que les da un
poder con características casi divinas -son omnipotentes, omnipresentes y
omniscientes-, quedan a la sombra un tipo de empresas cuyas producciones
tienen una modalidad especial que consiguen por lo que fabrican. Los
laboratorios medicinales gozan de una aureola diferente porque se dedican a
investigar y producir cosas que están ligadas directamente a la vida y el
dolor. Un mundo como el actual tan fascinado por los resultados de la
tecnología le otorga a los medicamentos poderes casi mágicos. Los
laboratorios no desperdician estos aspectos que el imaginario social guarda
cuidadosamente. Por el contrario, los explotan puntillosa y
científicamente.
No debemos dejar de lado una amplia gama de instituciones que colaboran
en la creación y en el mantenimiento de ese imaginario social. Éstas cubren
un espacio que abarca desde academias, universidades, empresas productoras
de tecnología medicinal, revistas especialidades, entre las más serias.
Luego aparece el mundo que comercializa los medicamentos que no desprecia
el marketing y la publicidad. De estos últimos es fácil suponer que no se
detienen demasiado en el cumplimiento de las reglas éticas. Pero vayamos a
los laboratorios.
Lo que voy a contar se apoya en un folleto publicado por los jesuitas
de Barcelona y su autora es una monja benedictina, doctora en Medicina e
investigadora, Teresa Forcades i Vila, quien actualmente está preparando su
tesis del doctorado en Teología. En este folleto (Los crímenes de las
grandes compañías farmacéuticas, que se puede consultar en internet en
www.fespinal.com, Nº 141) se dedica a contar algunas cosas que hacen los
laboratorios más importantes del mundo. Por ejemplo, cuenta el éxito que
Pfizer, la principal compañía farmacéutica de EE.UU., consiguió con el
Viagra, que había facturado tres años después de su aparición la cifra de
1.500 millones de dólares en el 2001. Las promesas de tales ganancias que
iban en aumento movieron a los laboratorios a pensar la posibilidad de
crear un Viagra femenino.
Se reunieron en Nueva York especialistas médicos para definir “el
perfil clínico de la disfunción sexual femenina. La iniciativa,
organización y financiación del encuentro corrieron a cargo de nueve
compañías muy preocupadas por el hecho de que no existiera una definición
de este trastorno compatible con un potencial tratamiento farmacológico.
Los promotores de tal encuentro eligieron entre sus colaboradores directos
las personas que debían asistir al mismo. El objetivo de la reunión era
diseñar la estrategia adecuada para crear una nueva patología en función de
los intereses económicos de la industria farmacéutica”. Creo que se va
entendiendo bien: era necesario crear una nueva patología para la cual
luego se vendería el tratamiento adecuado. Sobre todo en un terreno tan
publicitado hoy como lo es el sexo y el placer.
Sigamos leyendo: “Un año y medio más tarde, en octubre de 1998, se
celebró en Boston la primera conferencia internacional para la elaboración
de un consenso clínico sobre la disfunción sexual femenina. Ocho compañías
financiaron esta conferencia y 18 de los 19 autores de la nueva definición
‘consensuada internacionalmente’ admitieron tener intereses económicos
directos con estas u otras compañías”. Hasta acá vamos descubriendo dos
verdades, celosamente ocultas por laboratorios, farmacéuticos y médicos
como parte de este importante negocio internacional: la creación de una
nueva enfermedad y la producción de medicamentos adecuados para ella.

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2011-10-25 10:11:13
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