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Crisis

Sr. ministro:

Ante todo le pido disculpas porque no soy economista. Sólo sé las operaciones matemáticas básicas y vivir de mi trabajo.
He visto con asombro que frente a medidas que el gobierno nacional ha tomado en materia agraria, desiguales sectores del mundo rural han hecho causa común y han tomado decisiones drásticas que afectan la vida de millones de argentinos: promesas de desabastecimiento alimentario, piqueteros cortes de ruta, entre otras.
A medida que leo en los diarios nacionales y escucho a distintos actores de las cámaras agropecuarias y comerciales, en amplios espacios cedidos en programas radiales, me surge una gran cantidad de preguntas, algunas de las cuales quizás debiéramos contestarnos como sociedad con gran sinceridad.
La primera y más tosca es por qué hace tanto tiempo que en las editoriales de los diarios ya nadie se refiere al bien común. Parte de la pérdida de nuestro rumbo como nación -creo yo- está asociado a esta referencia básica, que por ejemplo nos impide vincular la inequitativa distribución de la riqueza que rige en la Argentina con el mediático índice de “inseguridad”.
Pero también me surgen algunas preguntas específicas sin abordaje en los medios de comunicación: ¿A quién favorece sino al sector agropecuario el dólar alto que impone el gobierno nacional? ¿Para quién es la renta fabulosa de un dólar que debería situarse en los $ 2,30 según los análisis más moderados? Es sabido de las bondades del campo argentino por clima y fertilidad, con grandes producciones a bajos costos, y de la alta concentración en pocas manos. Entiendo que las retenciones (retienen una parte de las ganancias que se producen por ventas al extranjero, en monedas fuertes, y no se aplican a los productos que se comercializan para el mercado interno, es decir, para nosotros los argentinos) son mecanismos que hacen viable algún tipo de redistribución de esta abismal distancia que separa a personas nacidas bajo la misma bandera. ¿Me equivoco demasiado?

Se presentan eufóricos los defensores de la soja. ¿Son incapaces de analizar las consecuencias que esta oleaginosa está produciendo en el norte argentino por la deforestación insana de los bosques? Yerran quienes consideran que ésta sea la gallina de los huevos de oro a cuidar. No. La gallina es nuestra tierra, y la están devastando. Y el proclamado auge económico de algunas ciudades mediterráneas no tiene más consistencia que el humo de la paja verde: pronto no habrá qué quemar.
Y también las soluciones “conciliadoras”: démosle a los argentinos los cortes más económicos para así poder exportar las anheladas carnes argentinas allende los mares. Cuartos delanteros a las carnicerías barriales y cuartos traseros para la gran degustación. ¡Bienvenidos sean faldas, caracuces, bifes anchos! ¿No resulta llamativo que esgriman tan impúdicamente su ambición económica?
Y llega la discusión a la mesa familiar. ¿¡Cómo!? ¿El litro y medio de aceite de girasol $ 12,90? Me explicaron la cuestión estacional del precio de la papa, pero el almacenero no atina a argumentar razones para el permanente aumento del precio de la leche -y de todos sus derivados-, y de la mayoría de los alimentos. ¿Algún productor agropecuario podría sentarse en mi mesa y decirme qué vamos a hacer con los millones de niños mal nutridos del nuevo milenio? ¿Habrá country para todos y lo suficientemente “seguros”?
Lo que sí va resultando claro de esta compulsa mediática es que algunos se han visto obligados a sentar su posición. Así vemos a radicales -agrupados bajo la Coalición Cívica- y a conservadores reaccionar en favor de la gente de campo. “Manifestar el rechazo al nuevo régimen de retenciones móviles a las exportaciones de productos agropecuarios anunciado por el gobierno nacional, tiene por objeto un proyecto  de resolución presentado por la concejal Elisa Quartucci”, reza el parte de prensa de nuestro HCD bahiense. Y ella misma aclara: “Con la mencionada medida el gobierno instala un nuevo esquema de retenciones móviles, por cuatro años, que se ajustan automáticamente, es decir que la retención subirá si sube el precio internacional y bajará si caen las cotizaciones”. ¿De dónde proviene entonces el rechazo a una medida que genera equidad? ¿A qué intereses defiende esta gente? Lo que está en discusión -vale volver a decirlo para no confundirnos- es una retención únicamente sobre dos productos, la soja y el girasol, para quienes exportan, vale decir mejoran su rentabilidad al obtener un mejor precio en el mercado extranjero. No estamos hablando de pequeños productores.
Para redondear, en Clarín, con la firma del ing. Héctor A. Huergo, se plantea cuál es el pecado de que los productores de soja tengan una «superrenta», para rematar con un “apostaron y les fue bien”. ¿Es necesario recordar que los trabajadores rurales figuran entre los que peores condiciones de trabajo tienen?
Ciertamente lo que se define es un modelo de país, un modelo de nación.
Lo saludo cordialmente disculpándome si me he excedido en algunos términos y por el desorden de mi escritura. Imploro a Dios que lleguemos al Bicentenario en mejor situación que la que ha imperado en este país en los últimos 200 años.

Pablo Bussetti
Director del Periódico EcoDias

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2008-03-22 00:00:00
Etiquetas: Bahía Blanca.
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