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ATAQUE A PALESTINA

ATAQUE A PALESTINA
Memoria

El domingo, 4 de Enero de 2009 el diario Página12 publicaba este artículo
de León Rozitchner que queremos compartir. Es una manera de ponerle
palabras a los pensamientos, al dolor y la impotencia que generan los
constantes ataques de Israel al pueblo palestino. La impunidad con la que
mata el ejército de Israel, moderno, sofisticado y cruel, que -como dice
Eduardo Galeano- “No mata por error. Mata por horror”.

“Plomo fundido” sobre la conciencia judía

“Si nosotros nos revelamos incapaces de alcanzar una cohabitación y
acuerdos con los árabes, entonces no habremos aprendido estrictamente nada
durante nuestros dos mil años de sufrimientos y mereceremos todo lo que
llegue a sucedernos”. Albert Einstein, carta a Weismann, 1929.

¿Recuerdan cuando hace dos mil años los judíos palestinos, nuestros
antepasados en Massada sitiada, enfrentaron las legiones del Imperio romano
y se suicidaron en masa para no rendirse? ¿Recuerdan la rebelión popular y
nacional de nuestros macabeos contra la invasión romana, cuando murieron
decenas de miles de judíos y se acabó la resistencia judía en Palestina y
nos dispersamos otra vez por el mundo? ¿No piensan que esa misma dignidad
extrema que nuestros antepasados tuvieron, de la que quizá ya no seamos
dignos, es la que lleva a la resistencia de los palestinos que ocupan en el
presente el lugar que antes, hace casi dos mil años, ocupamos nosotros como
judíos? ¿No se inscribe en cambio esta masacre cometida por el Estado de
Israel en la estela de la “solución final” occidental y cristiana de la
cuestión judía? ¿Han perdido la memoria los judíos israelíes? No: sucede
que se han convertido en neoliberales y se han cristianizado como sus
perseguidores europeos, que, luego de exterminarlos, empujaron a los que
quedaron vivos para que se fueran a vivir a Palestina con el terror del
exterminio a cuestas.

El meollo de la actual tragedia está en la Shoá. Si la memoria de su pasado
define el sentido histórico que marcó el “destino” del pueblo judío, donde
se van hilando las cuentas de nuestro derrotero, y si el acto final en el
que culmina ese destino convoca a los judíos israelíes a aniquilar la
resistencia de otros pueblos inocentes, algo del sentido histórico ha
desaparecido de la memoria de los israelíes. ¿Puede ser invocada la Shoá
sin ser infieles a los desaparecidos, cuando al mismo tiempo el sentido
completo de ese acontecimiento monstruoso ha quedado oscurecido? ¿Cómo
podríamos “hacer memoria” si la construimos con los únicos recuerdos de
nuestro pasado que los culpables europeos del genocidio nos autorizan? Es
cierto: si los israelíes recuerdan todo, pierden a sus aliados. Porque la
memoria de la Shoá que llevó al retorno a una tierra perdida hace mucho
tiempo tendría que volver a ser pensada.

Lo primero a recordar: nuestros perseguidores históricos no fueron ni son
los palestinos. Nuestros perseguidores estaban y siguen estando en las
naciones de cultura europea que nos expulsaron y masacraron, y sin embargo
son ellos los que siguen marcando el destino de todos nosotros, sobre todo
de los judíos israelíes. ¿Será por eso que se busca olvidar a los
verdaderos culpables de la Shoá? Los israelíes ya no se preguntan por el
pasado bimilenario judío. Nunca los judíos, salvo excepciones, acusan del
exterminio judío a la religión cristiana y a la economía capitalista que
produjeron necesariamente la Shoá, como la conclusión de un silogismo que
se venía desarrollando en Europa cristiana desde su mismo origen, como si
el nazismo hubiera sido sólo un accidente sin antecedente en la historia
europea y todo comenzara con Hitler. ¿No será que luego de la Shoá ustedes,
los descendientes de los judíos europeos asimilados, se aliaron luego con
los exterminadores en un pacto oscuro que el terror dictaba, y volvieron
ahora todos, de cierta manera, a ser judeo-cristianos? Porque seamos
honestos: el Tercer Reich se ha prolongado en el 4º Reich del Imperio
norteamericano. Es claro: prefieren no saberlo porque el Estado de Israel
está -nosotros los judíos latinoamericanos sí lo sabemos- al servicio del
poder cristiano-imperial de los EE.UU. ¿O van a creerse que los EE.UU. y
Europa combatieron al nazismo para salvar a los judíos? ¿Por qué ahora
habrían de seguir persiguiéndolos si mantienen lo que tienen de judíos
congelado sólo en lo arcaico religioso? Pero ¿no les dice nada pasar a
ocupar ahora el lugar impiadoso, como brazo armado de los poderosos
capitalistas cristianos, contra una población civil asediada y asesinada
por osar defenderse contra la expropiación ilimitada de un territorio que
debía ser compartido?

(…)

Una vez aniquilados los millones de judíos -como luego fueron arrasando y
aniquilando con la misma consigna a millones de soviéticos “judeo-
comunistas”- el impacto aterrorizante de la “solución final” hizo que los
judíos casi nunca, salvo muy pocos, se atrevieran a señalar a los
verdaderos culpables del genocidio (como pasó entre nosotros con los
genocidas). Con la derrota de los nazis como únicos culpables -según cuenta
la historia de los vencedores- desapareció en Europa la historia de los
pogromos y las persecuciones cristianas medievales y modernas que nos
aterraron durante siglos: la de los franceses tanto como la de los
italianos, los españoles, los polacos y los rusos mismos. Sólo los nazis
alemanes fueron antijudíos.

Los judíos cristianizados por el terror del cristiano-capitalismo en Europa
luego de la Shoá buscaron su “hogar” fuera de Europa: se instalaron en
Palestina, como si el reloj de la historia, ahora teológica, se hubiera
detenido hacía dos mil años. No se dieron cuenta de que la mayoría de los
judíos que volvían a Israel no eran como nuestros antepasados que se habían
ido: los descendientes de los defensores de Massada o de los macabeos.
Buber, Gershon Scholem y tantos otros sí lo recordaban. Nadie quería que
nos volviera a pasar otra vez lo mismo, es cierto; pero en vez de enfrentar
y denunciar a los verdaderos culpables del genocidio -que ahora nos
apoyaban para que nos fuéramos para siempre de Europa y termináramos
nosotros mismos la etapa final democrática de la “solución final” judía que
ellos comenzaron- los israelíes terminaron sometiendo a los palestinos como
los romanos, los europeos y los nazis lo hicieron antes con nosotros. Pero
primero tuvieron que vencer la resistencia de nuestros pioneros
socialistas.

Los israelíes, apoyados ahora por el Imperio cristiano-capitalista que los
había perseguido, crearon también en Israel un Estado teológico, pero la
“parte” secularizada dentro de ese Estado judío siguió siendo la del Estado
cristiano. Volvieron como judíos para culminar en Israel la cristianización
comenzada en Europa: mitad judíos eternos en lo religioso, mitad cristianos
secularizados en lo político y en lo económico. Por eso ahora en Israel el
Estado mantiene la economía neoliberal capitalista y cristiana sostenida
por los religiosos judíos sedentarios, detenidos en el tiempo arcaico de su
rumiar imaginario. Y por el otro lado los iraelíes son neoliberales en la
política y en la economía y en la ciencia “neutral”, cuyas premisas
iluministas son cristianas. Mitad judíos en el sentimiento, mitad
cristianos en el pensamiento.

Y por eso quieren que todos, también aquí y ahora, seamos como ellos: judeo-
cristianos como el rabino Bermann, avalado por el cardenal Bergoglio, o
judíos-laicos como Aguinis, neoliberal letrado avalado por el obispo
Laguna. O como los directivos de la AMIA, que tienen la potestad de
determinar si soy o no judío. Si soy judío “progresista” y no me secularicé
como cristiano, entonces no soy judío, no podré aspirar a ser enterrado en
un cementerio comunitario porque me faltaría la parte cristiana de mi ser
judío. Pero judíos-judíos, esos que prolongan en lo que hacen o piensan los
valores culturales judíos, quedan al parecer muy pocos, aunque sean muchos
los que leen hebreo o reciten kaddish en la tumba de sus padres. Todos
están aureolados con la coronita del cristiano-capitalismo que al fin los
ha vencido por el terror cristiano luego de dos mil años de resistencia
empecinada: convertidos ahora al “judeo-cristianismo”.

Por eso la creación del Hogar Judío en Palestina tiene un doble sentido: la
“solución final” europea tuvo éxito, logró su objetivo, el cristianismo
europeo se desembarazó de los judíos y muchos de los que se salvaron se
fueron de Europa casi agradecidos, sin querer recordar por qué se iban y
quiénes los habían exterminado. La Europa cristiana y democrática se había
sacado el milenario peso judío de encima. Pero mis padres, que llegaron a
las colonias judías de Entre Ríos, sí lo sabían.

Todos los judíos estamos pagando esta inmerecida transacción, ese “olvido”
del Estado de Israel, al que seguramente se habrían negado los defensores
del Ghetto de Varsovia, que murieron, ellos sí, sabiendo quiénes eran los
responsables políticos, económicos y religiosos -estaban a la vista- como
los millones de judíos europeos que murieron en los campos de exterminio.
Los judíos que vinieron luego, esos que estamos viendo, no quisieron ni
pensar a fondo en los culpables: se unieron a los poderosos y saludaron
alborozados que el socialismo stalinista antisemita se derrumbara
arrastrando al olvido al mismo tiempo, como si fuera lo mismo, la memoria
de los pioneros judíos revolucionarios asesinados por Stalin. Por eso sus
sueños mesiánicos dependen ahora únicamente de los cristianos y del
capitalismo para poder realizarse. Sólo tenían que hacer una cosa: permutar
al enemigo verdadero por un enemigo falso.

Estamos pagando muy cara esta conversión judía. Los israelíes, ya vencidos
en lo más entrañable que tenían de judíos históricos, se han transformado
en la punta de lanza del capitalismo cristiano que los armó hasta los
dientes para enfrentar el mayor y nuevo peligro que tiene el cristianismo:
los mil millones de musulmanes que pueblan el mundo. Pero ni los musulmanes
ni los palestinos fueron los culpables de la Shoá: los culpables del
genocidio son ahora sus amigos, que los mandan al frente.

Y aquí cierra la ecuación política amigo-enemigo de Karl Schmitt. Antes,
hasta la Segunda Guerra Mundial, el fundamento teológico de la política era
“amigo/cristiano-enemigo/judío”. Ahora que los judíos vencidos se
cristianizaron como Estado teológico neoliberal la ecuación es otra:
“amigo/judeocristiano-enemigo/musulmán”. ¿Este es el lamentable destino que
Jehová nos reservaba a los judíos? Porque de lo que hacen ustedes en Israel
depende también el destino de todos nosotros.

*León Rozitchner es un filósofo argentino y profesor de la UBA.
Nació en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires, en 1924. Estudió Humanidades
en la Sorbona de París, Francia, donde se graduó en 1952.

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2011-10-25 10:11:13
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