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200 años y un día

Festejar y hacer memoria es una de las tareas que mejor desarrollo deberíamos tener como pueblo. Y no es así en Bahía Blanca por diversas razones.
 
Diferencias y similitudes
Hace doscientos años atrás, los pueblos que habitaban estas tierras del sudoeste bonaerense no tenían conocimiento de las disputas que se vivían en cercanías del puerto de Buenos Aires.
Más acá en el tiempo, la mayoría de los actuales 700.000 habitantes de la región desconoce la dimensión de los volúmenes que se exportan vía el puerto de Bahía Blanca, desde el complejo portuario constituido por un conjunto de instalaciones diseminadas a lo largo de 25 kilómetros sobre la costa norte de la ría.
Aquellos pueblos ignoraban por completo que había condiciones objetivas para independizarse del poder central constituido en España, que durante siglos sustrajo infinitas riquezas de estas tierras. Hoy es escaso el conocimiento que tenemos del puerto de Bahía Blanca y de los negocios que las empresas multinacionales allí radicadas realizan a costa de nuestros mejores recursos. En las sedes de los países centrales se fijan los precios que se habrá de pagar a cada productor por tonelada de cereal debidamente entregado en la puerta del barco: ese trabajador bonaerense carece de la capacidad de negociar cuál es la utilidad económica de su negocio. Mientras tanto, se le ha entregado a Cargill, Bunge y Born, Dreyfus y otras empresas que tienen prácticamente el dominio absoluto en el mundo de los cereales y los granos, el control sobre un puerto de aguas profundas único en el país.
Pueblos ancestrales que supieron vivir en armonía con la tierra, nunca pudieron imaginar que en nuestra zona se instalaría un polo petroquímico con empresas extranjeras que se disputan el cielo argentino con sus chimeneas y sus humos -que distan enormemente de ser únicamente vapor de agua, como promocionaba un folletín producido por la Agencia de Publicidad Rex- y que barren bajo de la alfombra -con destino a la ría- productos cuyo residual de contaminación perdurará hasta el Tricentenario. La semana pasada se condenaba ejemplarmente a Solvay Indupa a pagar algo más de 20.000 pesos por el vertido de mercurio en enero de 2009…
La manera de matar de las fuerzas de seguridad mantiene un mismo espíritu. Así como los pueblos originarios habían sido masacrados en distintos lugares de América a manos de los españoles, los habitantes de esta región serían víctimas de esa misma metodología por parte de Estomba primero, y luego de Roca. Esta semana el titular es “La Policía mató a un niño de 14 años”, pero no habrá condenados por la vida arrebatada a Giuliano Gallo.
No se necesitó con los pueblos originarios -como sí con nosotros- de una historia escolarizada de los intereses que pujaban en ese entonces. Era mucho más que las cintillas distribuidas por French y Berutti, las capacidades de oratoria de Moreno y Castelli, la voz de mando de Saavedra, la participación eclesial por medio de sus presbíteros. Hoy los medios de comunicación -con la fuerte impronta del diario La Nueva Provincia, pero con la repetición a coro de la mayoría de los periodistas bahienses- cumplen ese rol caricaturizador al no hacer una lectura crítica de los actos de gobierno a los que acceden como actores de privilegio.
 
¿Cómo será el 26 de Mayo?
La ciudad de Bahía Blanca forma parte de una región. Es más, sin esa región no podría vivir, ya que su exiguo territorio carece de valor de peso en materia agropecuaria. Su desarrollo industrial es insuficiente en cuanto las empresas del polo petroquímico tienen una baja tasa de uso de mano de obra. No por nada el gremio que reúne mayor cantidad de trabajadores es el de Comercio. Es imperioso que los dirigentes políticos, gremiales y sociales de los diferentes distritos del sudoeste bonaerense comiencen a reconocer a la región tal como es: un organismo vivo, en el que 700.000 habitantes merecen mejorar su calidad de vida y su participación en la distribución de la riqueza.
La denominación de Bahía Blanca como una ciudad gris es parte de una reproducción ideológica que motiva el desencanto, desmoviliza la participación y descalifica la transformación de las condiciones objetivas y subjetivas. No es cierto que en Bahía no se pueda hacer nada. La repetición insistente de esta consigna es funcional a la permanencia de los poderes establecidos en su misma situación de privilegio.
Los comunicadores -no los charlatanes a sueldo que alquilan espacios por dos pesos con cincuenta en radios y en televisoras- deberemos hacer una autocrítica acerca de la mirada que otorgamos a los problemas centrales de nuestra ciudad. Desentendernos de la agenda única que se propicia desde el monopolio mediático, para darle visibilidad a la vida abundante y a la organización que hay en todos los barrios de la ciudad, entendiendo al centro como un barrio más. Y renunciar a los privilegios que nos concede el rol social, dando testimonio en todos los tiempos, incluso en los difíciles.

El día después de este bicentenario será momento propicio para profundizar los procesos de transformación que se han visto desarrollar en los últimos tiempos. Sólo así podremos revertir la imperante colonización de nuestro pensamiento.

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2010-05-22 00:00:00
Etiquetas: Bahía Blanca.
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