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Ser parte y ser partícipe
Categoría: Educación

Las palabras son una convención, una creación cultural de los pueblos, y por eso mismo nos ofrecen una vía de acceso -a la vez lógica, histórica y social- a los conceptos que representan.

Participación es la acción de participar. Quien participa “forma parte” de algo mayor, que lo supera y lo trasciende. El todo es más que una suma de partes. Los seres humanos formamos parte de muchas agrupaciones que tienen un sentido mayor que cada uno de sus integrantes: familia, grupos sociales diversos, nación, comunidad de los humanos.
 Pero “formar parte” es apenas una parte del concepto. Participar es, también, “tomar parte”, en la vida y el destino de las agrupaciones que integramos. Esto es, intervenir, opinar, y sobre todo, decidir sobre las cuestiones que tienen que ver con el grupo y que, como parte de él, también nos afectan.
“Formar parte de” y “tomar parte en” conjuntos mayores que cada individuo, estos son los dos componentes del significado del termino “participar”.
Participar es una actividad natural del ser humano. Y también exclusiva, pues sólo las personas son capaces de realizar los dos componentes del concepto “participación”.

El todo y las partes. Condiciones para una participación plena.
Reconocer que participar es una actividad espontánea necesaria y prácticamente inevitable en los seres humanos, por su condición de tales, es demasiado general. A lo largo de nuestra vida, todos integramos diversas agrupaciones y nos involucramos en numerosas actividades colectivas. O sea, participamos, de una u otra manera.
Pero… decir “de una u otra manera” reclama más reflexión. Sino, el enunciado resulta tan general, tan amplio, que en él cabe todo, pero no se puede discriminar nada con claridad.
Hay distintos grados de participación, integrar un grupo o involucrarse en una actividad no implica siempre la misma intensidad de compromiso con lo que hacemos y con quienes lo hacemos; ni el mismo tipo de contribución afectiva e intelectual hacia la empresa común.

Participación plena
Cuando aquí hablamos de participación como un valor humano, tenemos como ideal-meta la participación plena de las personas. Es decir, aquella que permite en mayor medida que cada miembro del grupo despliegue sus atributos y potencialidades individuales y haga aportes decisivos a la vida del conjunto.
Para que la participación plena sea posible tienen que cumplirse ciertas condiciones, tanto respecto al ámbito en el que se da, como respecto al rol y la actitud de los partícipes.
Por ámbito entendemos el grupo o actividad colectiva que representa la empresa común, el todo que cobra vida por el aporte de las partes (por ejemplo, familia, escuela, organización vecinal, nación). Para que la participación sea plena, este todo debe organizarse de tal modo que permita a sus miembros:
Actuar con libertad. Cada integrante debe poder llevar a cabo acciones concretas que reflejen sus sentimientos y opiniones auténticas, para que su participación no se quede en la simple presencia física (participación pasiva), ni sea consecuencia de imposiciones ajenas (participación coaccionada).
Intervenir en la toma de decisiones. El criterio de cada integrante debe tomarse en cuenta a la hora de decidir las cuestiones de relevancia para el grupo. Sin intervención en las decisiones -según las normas que el mismo grupo se haya fijado de antemano- la “participación” no pasa de ser un nombre vacío de contenido (participación nominal).

En cuanto al partícipe, para que su participación pueda llamarse plena, debe reunir algunas condiciones:
Ser respetuosa de la participación de los demás. Como seres libres e iguales en dignidad y derechos, hemos de reconocer y defender la libertad, la dignidad y los derechos de los demás tal como lo hacemos con los propios. Hay que desterrar las discriminaciones y cultivar el principio de tolerancia mutua.
Ser crítica. Cooperar con otros y trabajar en conjunto no niega nunca (¡ni debe negar!) el carácter único y especial de cada persona. No trasforma al individuo en autómata, ni al conjunto en una masa indiferenciada. Por eso participar es no entregarse incondicionalmente al grupo, ni identificarse con él sin cuestionamientos. Es aportar desde la propia individualidad, con acciones y razones surgidas de la manera más sincera que cada uno tiene de ver las cosas, aunque no coincida con la de los otros y hasta le cree problemas por ello.
Ser responsable. Al participar estamos ejerciendo un derecho a actuar que al mismo tiempo nos impone asumir responsabilidad por nuestros actos. Esto significa, ante todo, analizar con cuidado la razón de nuestras conductas y sus posibles efectos, y después, reconocer con honestidad lo que hacemos y ser capaz de justificarlo ante los demás, aceptando las consecuencias que se deriven de nuestra conducta.

Por partes iguales. Relación entre valores
Querer y poder tomar parte decisoria en los asuntos que nos afectan está, pues ligado, a nuestra condición de persona. Por esto, la participación esta íntimamente ligada con otros valores humanos como son la libertad, la igualdad y la solidaridad.
Pensemos un poco: tomar parte plenamente de una actividad, o en una agrupación, es posible sólo porque somos libres. Porque como individuos podemos elegir, sin estar sujetos a fuerzas externas o leyes genéticas que nos impongan fatalmente un único curso de acción. Somos capaces de decidir, por nosotros mismos, entre más de una opción posible.
Por otra parte, la auténtica participación sólo se da en el marco de la libertad: cuando las reglas de organización del conjunto reconocen y respetan la libertad individual de los partícipes y cuando cada partícipe ejercita y hace valer su libertad individual.

La participación, además, es posible porque somos iguales unos a otros (entiéndase iguales “en dignidad y derechos”). No puede existir en un contexto donde algunos de los partícipes sean considerados en esencia “mejores” o “superiores” a otros. Tal concepción -sea explícita o encubierta- le quita sentido al término, porque con ese supuesto es muy difícil que a todos se les reconozca igual derecho a la hora de decidir, en particular a los considerados “inferiores”. Y, como dijimos, la posibilidad de tomar parte en las decisiones colectivas es lo que define el verdadero participar.
Lo anterior no quiere decir que en cualquier grupo o actividad organizada no haya diferencia entre los participantes; de hecho siempre las hay. Varían las características individuales o la condición en que se encuentra cada persona, sus funciones dentro del grupo, su experiencia, atribuciones o responsabilidades. Pero son diferencias circunstanciales, o convenidas por el grupo: nunca pueden ser diferencias en la dignidad esencial, ni en los derechos básicos de cada uno como persona.

Finalmente, la participación supone también la solidaridad humana. Se participa en una empresa colectiva, que supera y trasciende a los individuos porque se reconocen los vínculos de cada uno con los otros; porque hay necesidades comunes a todas las personas que pueden ser mejor atendidas si se suman cooperativamente los esfuerzos individuales; porque existen intereses compartidos por los que todos debemos velar activamente. Usando un dicho popular, porque “estamos todos en el mismo barco”.
Entendemos la participación no sólo como una actividad, sino también como un valor esencialmente humano. Un valor en sentido ético, psicológico y social. Las personas espontáneamente buscamos ser y tomar parte en cuestiones que nos conciernen y afectan. Cuando fuerzas externas prohíben o limitan nuestra participación, la reclamamos por distintos medios. Porque sin ella se nos limita también el ejercicio de nuestra libertad, nuestra condición de iguales en dignidad y derechos y nuestros vínculos solidarios con los demás. En suma, se nos rebaja en nuestra condición humana.

Actividades

Explorar conocimientos previos e investigar.
Se puede compartir en clase lo que se sabe sobre el marco legal que regula la organización del colegio poniendo el énfasis en la participación de los estudiantes y profesores en la vida escolar. Se pueden usar preguntas guías como por ejemplo:
¿Qué principios generales se establece en normas sobre la enseñanza y la organización de las escuelas y servicios educativos?
¿Qué referencia se hace en ellos a los principios democráticos y su aplicación a la vida escolar?
¿Qué dice la reglamentación sobre el rol de los estudiantes y profesores en el colegio? ¿Qué derechos y deberes se les reconoce?
¿Existe alguna disposición sobre la participación de la comunidad de estudiantes en la vida del colegio?
¿Hay alguna forma de gobierno estudiantil? Si la hay ¿en que se fundamenta? ¿Cómo funciona?
¿Cuál ha sido la experiencia previa de participación de la clase en la comunidad estudiantil
Luego de comentar lo que sabe la clase al respecto se puedan organizar equipos para recopilar información fiel y completa sobre el tema y que respondan a las preguntas guías. Se pueden buscar legislaciones que incluyan lo nacional, lo provincial, regional o local y por supuesto la que exista internamente en cada escuela. Se pueden utilizar fuentes bibliográficas como así también entrevistas a funcionarios educativos (profesores, directivos escolares, consejeros escolares, etc.).
Se comparte en plenario la información obtenida y se busca lograr sugerencias concretas de los alumnos para ampliar o mejorar la participación estudiantil en el colegio.

Fuente: “Educación para la ciudadanía y los Derechos Humanos”, Instituto Interamericano de Derechos Humano y Centro de Estudios Legales y Sociales, Abril de 1999.

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2006-04-15 00:00:00
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